
Más fuerte que un Julio Verne que perturbó nuestros sueños infantiles con su terrible imaginación, Edison tuvo la audacia y el genio de realizar esos sueños y de poner en práctica las ideas más inverosímiles.
El más grande de los inventores contemporáneos, Edison nació en Milán, Ohio, Estados Unidos, en 1847.
Y el que años más tarde habría de realizar el milagro de grabar y “conservar” la voz humana había comenzado su vida como vendedor de periódicos, limpiabotas y peón de la línea “Grand Trunk Railway of Canada and Central Michigan”, antes de aprender por sí solo la tipografía y hacerse redactor, cajista e impresor del periódico, “The Grand Trunk Herald”, que vendía entre los viajeros.
Un día, estaba en el andén cuando vio caer sobre los rieles al hijo del jefe de la estación. Sin vacilar, se lanzó sobre él y salvó al niño de una muerte segura. Para recompensarlo, el padre del chiquillo le dio un pequeño empleo, consistente en contestar las señales telegráficas que se recibían cada hora. El trabajo no era duro, pero no le permitía dormir adecuadamente. Y fue entonces cuando tuvo la primera idea genial…



