Este "combo" de teclado y mouse cubiertos de bambú puede ser ideal para… bueno, para… no tengo la menor idea de para qué pueda servir, pero se ve interesante.
Imagino que el tacto debe ser agradable, o que tal vez puedas impresionar a alguien con gustos exóticos, pero desde el punto de vista práctico no le veo grandes ventajas.
Ambos artículos cuestan poco más de 33 dólares. Al menos no es caro.
Hace unos meses, en febrero, hice un pequeño artículo anunciando el inminente lanzamiento del teclado Arc, de Microsft (Microsoft Arc Keyboard), y manifesté mi intención de comprarlo en cuanto estuviese disponible por acá. No lo pedí a Estados Unidos por el asunto de la “Ñ”, así que esperé, y esperé, y desesperé, hasta que por una curiosa coincidencia del destino, hallé una tienda que lo vendía acá en México justo el día de mi cumpleaños. Como se imaginarán, fue la tecnocultita quien me lo obsequió pues ya la tenía harta de estarle hablando del dichoso teclado. Creo que antes de comprarlo le repetí las especificaciones unas 200 veces, y la sometí a la tortura de ver videos, cientos de fotos y hasta le leí algunos reviews que me encontré en la red. Y aguantó. Je, je. Pobre, eso le pasa por haberse topado con un obsesivo de los teclados como yo.
Ha pasado poco más de un mes y desde entonces no he usado otro teclado que este, por lo que, creo, puedo darles mi opinión sobre el comportamiento del mismo bajo uso realmente rudo. Por rudo me refiero a que tecleo al menos 18,000 caracteres por día, y hay ocasiones en que esta cifra se duplica.
Primero: Es hermoso. Como se puede ver en la primera foto, tiene un acabado brillante que, para mi sorpresa, no se ensucia con tanta facilidad. Las teclas son mate, con una superficie ligeramente rugosa que se siente muy bien, ya que los dedos no tienden a resbalar, y el espacio entre las teclas y la base es mínimo, por lo que prácticamente no acumula polvo. Su forma curva se siente al principio un poco rara, pero al poco tiempo de uso uno se da cuenta que esto reduce significativamente el cansancio al usarlo, y lo hace aún más estilizado, más atractivo a la vista.
(más fotos y el resto de la revisión tras el salto)
Cleankeys es un teclado cuya principal característica es que no guarda gérmenes, ya que su diseño lo hace fácil de limpiar pues en realidad se trata de una superficie sin hendiduras donde están impresas las teclas. Puede, incluso, sumergirse en agua, rociarlo con desinfectantes y limpiarlo con un paño, que nada le pasará.
La vida no es justa con nosotros, los freaks de los teclados, de los mouses (mice) o de los monitores. Yo soy del primer grupo y cada pocos meses sale algo diferente, genial, más avanzado o decididamente sexy.
No me atraen los teclados con miles de funciones ni con una tecla para cada cosa, ya que por lo general los uso para escribir texto, y me fascinan los que son minimalistas, pequeños y silenciosos. Inalámbricos, por supuesto.
Phyl Gyfford realizó un curioso estudio en el cual concluyó que la forma más veloz de escribir es mediante un teclado.
Cuando se trata de escribir rápido, siempre podemos estar seguros de que un teclado común y corriente (sin importar la marca) resolverá nuestro problema. Hay pocas personas que sean capaces de superar al teclado con lápiz y papel, pero en general pensar de esta manera es una tontería, ya que este dato sólo tendría importancia si nuestro trabajo consistiera en copiar texto.
Para quienes somos amantes (o esclavos) de los teclados, las teclas de las que están compuestos adquieren con el tiempo un significado especial.
Estas caricaturas se exceden un poco, pero debo admitir que me han matado de la risa, en especial la primera y aquella del ladrón (Ctrl + X, o cortar).
Las máquinas de escribir son instrumentos fascinantes. Las primeras que se produjeron en serie fueron las Remington, en 1873, aunque hubo algunas otras máquinas anteriores que no pasaron de ser meras curiosidades, pues en aquél entonces nadie les auguraba mucho éxito y mucha gente trabajaba de “copista”, haciendo copias a mano de documentos.
En cuanto a velocidad, es increíble constatar que el récord obtenido en una máquina mecánica no ha podido ser roto por los teclados de computadora modernos.
El récord absoluto lo tiene Stella Pajunas, con 216 palabras en un minuto (1946)
El récord de 1 hora: Margaret Hamma, con 149 palabras por minuto
El récord en un teclado de computadora: Natalie Lantos: 192 palabras por minuto (1998).
¿Por qué no ha sido batido el récord de velocidad de la máquina mecánica? Creo que tiene que ver con la “retroalimentación”. Los teclados de computadora por lo general tienen poco movimiento en las teclas (y la tendencia es que tengan cada vez menos), lo cual anula un poco el tacto como elemento de ayuda al mecanógrafo. Las máquinas mecánicas tienen teclas que se hunden profundamente, y proporcionan una mejor retroalimentación, contribuyendo a una sensación de mayor control sobre el teclado.