
Technorati, el padre de los rankings de blogs, ha anunciado que ahora ya somos 133 millones de blogs. Hace 17 meses la compañía fundada por David Sifry anunció que eran 70 millones de blogs, pero al parecer los blogs se reproducen más rápido que los conejos y en año y medio se ha duplicado el número.
La mayor parte de esos 133 millones de blogs están muertos o agonizantes. Eso es un hecho. No sé cuál sea el promedio de vida de un blog, pero me atrevería a decir que es menor a 6 meses. El blogger promedio es aquél que abre un blog, escribe varias entradas durante la primera semana, una o dos en el mes siguiente, otras cuantas durante los lentos meses de la etapa terminal y, después, se congela en un rigor mortis que puede durar años.
En definitiva, lo que les hace falta a los blogs es tener (como los seres vivos) la capacidad de pudrirse.
Un dato interesante es el que dice que en los últimos 120 días se produjeron 7.4 millones de posts. Eso es: 0.05 entradas por día (por blog). Convirtiéndolo a una unidad más manejable: 1 entrada cada 20 días por blog.
Y como los promedios son el conocimiento de los tontos, es preciso admitir que el grueso de los posts que se producen son “fabricados” por una minoría. Otros (una cantidad más considerable), “reelaboran” la información. Los más numerosos la copian y los demás la ignoran.
¿Eso habla de una blogósfera saludable? Por supuesto que no.
Alguien dijo, alguna vez, que los blogs ayudarían a democratizar la generación y la difusión de las ideas. Eso, por desgracia, no ha sido así. Todo lo contrario: Hay una elite blogosférica que domina, algunos advenedizos entusiastas y un mar de simples observadores.
¿Qué se puede hacer? Esperar. Tras la explosión inicial (la cual estamos viviendo todavía), habrá un periodo crítico de reorganización y, más adelante, la conformación de un modelo maduro. No sé cómo será este último estadio, pero vale la pena esperar para averiguarlo.




