
Sucedieron muchos prodigios, aunque vanos y sin efecto. Una mujer parió una culebra; a otra la mató un rayo estando en el acto venéreo con su marido. Obscurecióse repentinamente el sol y fueron heridas de fuego del cielo catorce partes de la ciudad. Todas las cuales cosas sucedían tan sin cuidado y providencia de los dioses, que continuó Nerón muchos años en el imperio y en sus maldades.
Tácito, Anales, XIV, siglo I



