(imagen: Ana Teresa Campinço)
El Hipogrifo aparece oficialmente en el poema de Ariosto (Orlando el furioso, IV). A pesar de ello, en la literatura clásica muchos nombres prefiguraban ya esta invención (Hippelaphos, Hippalectryon y los imaginarios Hippogypoi inventados por Luciano en La historia verdadera). Por lo demás, la idea fundamental, la del caballo alado y capaz de volar, era ya bien conocida en la figura de Pegaso. Al Hipogrifo, en efecto, hay que imaginarlo (aunque Ariosto no da descripciones detalladas) como un grifo en el que las partes de León están sustituidas por las equivalentes partes de caballo, y por consiguiente resulta un caballo dotado de alas y cabeza de águila. El poeta Virgilio decía que la cópula entre grifos y caballos era imposible. De hecho, decía que el Grifo, más que cualquier otro animal, era enemigo del caballo.
Ariosto, sin embargo, sice que el Grifo nació del inusitado acoplamiento de un grifo y una yegua. Recuérdese que además del hipogrifo existía ya un anterior acoplamiento entre una yegua y un Grifo y el cual era Bucéfalo, el fiel caballo de Alejandro el Grande.




