Roma

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Uno pensaría que los antiguos romanos y persas se limitaban a pelear con espadas, lanzas, arcos y flechas. Sin embargo, no es así. Conocían otros métodos más letales y modernos para acabar con el enemigo.

El arqueólogo Simon James ha hecho un descubrimiento que, por lo menos a mi, me deja con la boca abierta: Los persas y romanos usaban métodos análogos a lo que ahora conocemos como Guerra Química.

Durante las excavaciones en la ciudad de Dura-Europos, la cual se encuentra cerca del Éufrates y que estaba bajo el dominio romano, los investigadores hallaron evidencias de que el bastión romano fue atacado ferozmente por los persas alrededor del año 256 de nuestra era. Entre muchos otros descubrimientos, hallaron un túnel donde había 20 soldados romanos muertos, aún con sus armas. Estos hallazgos no eran nuevos, pues habían sido reportados desde 1930, pero la forma en que dichos soldados murieron había sido un misterio hasta ahora.

Lo más curioso del asunto es que los cuerpos parecían estar intactos. Es decir que no tenían señales de heridas, que por lo general dejan huellas inconfundibles en los huesos. Tras realizar análisis químicos detallados, James encontró restos de bitumen y cristales de sulfuro, una mezcla que, al ser encendida, produce un denso y tóxico humo que seguramente mató a esos soldados romanos en cuestión de minutos. Y aunque los romanos seguramente conocían dichas tácticas, por desgracia las máscaras antigases no habían sido inventadas aún.

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Una arqueóloga de la Universidad de Newcastle afirma que, contra lo que cuenta la leyenda, Marco Antonio y Cleopatra no eran tan apuestos como se dice.

Lindsay Allason-Jones, directora de los museos arqueológicos de la universidad antes mencionada, dice que unas monedas halladas recientemente muestran a Cleopatra con una frente estrecha, nariz larga y puntiaguda, labios delgados y barbilla afilada. A Marco Antonio, le ponen unos ojos protuberantes, nariz aguileña y cuello grueso.

Definitivamente, algo muy distinto a la imagen que nos dejaron en el cine Elizabeth Taylor y Richard Burton en la película de 1963.

El romance de Cleopatra y Marco Antonio ha sido idealizado por escritores, artistas y directores de cine. Shakespeare escribió su obra de teatro en 1608, y tanto los orientalistas del siglo XIX como el moderno Hollywood han alimentado la idea de que Cleopatra era de una gran belleza.

Los escritores romanos nos dicen que Cleopatra era inteligente y carismática, y que tenía una voz seductora, pero jamás mencionan su belleza. La imagen de Cleopatra como una hermosa y seductora mujer es, parece, bastante moderna.

La moneda que aparece en la imagen superior muestra a Marco Antonio por una cara, y dice: “Antoni Armenia devicta”, que significa “Por Marco Antonio, Armenia fue conquistada”. La otra cara de la moneda muestra a Cleopatra, y dice: “Cleopatra Reginae regum filiorumque regum”, lo cual significa “Por Cleopatra, reina de reyes y de los hijos de los reyes” y aunque fue descubierta en 1920, había estado guardada todo este tiempo, sin que nadie le diera ninguna importancia.

Cleopatra VII (sí, hubo otras seis Cleopatras) fue la última gobernante de Egipto (tenía 17 años cuando fue coronada) antes de que Octavio conquistara este país el año 30 antes de Cristo. También fue la última de la dinastía de los Ptolomeos, cuyo dominio de Egipto duró casi 300 años. Marco Antonio, por otra parte, era un general romano. Tras el asesinato de Julio César, Marco Antonio se unió a Lepidus y a Octavio para formar un triunvirato que gobernó Roma por un breve periodo.

Marco Antonio tenía un enorme aprecio al vino, a las mujeres y a la música. Le interesaba el apoyo de Cleopatra por sus guerras en Armenia, Partia y Mesopotamia. Cuando se encontraron por primera vez, Cleopatra le mostró todas sus riquezas, y Marco Antonio cayó enamorado de Cleopatra (o de sus tesoros). Marco Antonio era casado y Cleopatra tenía tres hijos de una relación previa, pero la reina de Egipto le dio tres vástagos al general romano.

En el año 31 (a.C.) Cleopatra y Marco Antonio pelearon contra Octavio en la batalla de Actium, y perdieron. Huyeron a Egipto. El año siguiente, Marco Antonio se suicidó. Cleopatra lo siguió pronto, al parecer dejando que unas cobras la mordieran y Octavio se apropió de Egipto.

Tras el suicidio de los amantes, circularon rumores en Roma de que Cleopatra era una alcohólica, decadente y que, además, había tendido una trampa a Marco Antonio. En Egipto, sin embargo, la consideraban patriota y su suicidio fue visto como el resultado de su amor por Marco Antonio, aunque muy probablemente se debió a que no deseaba ser llevada a Roma como parte del botín de Octavio.

La leyenda es mucho más hermosa que la realidad, ¿no creen?

Prefiero quedarme en el error y pensar que Cleopatra era como Elizabeth Taylor.

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Seres Fantásticos: Genios

by Andrés Borbón on 13 May, 2008

in Seres Fantásticos

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Genio es el nombre genérico de algunos seres "intermediarios" que, por lo general, protegen a las personas o a los lugares. También se les llama así a ciertas entidades semidivinas. En Asiria, dichos personajes tenían cuerpo humano, cabeza de águila y estaban dotados de alas.

En la religión romana, la figura del Genio, o Genius, tenía mucho que ver con la reproducción. Más tarde, vendría a tomar dos formas en su carácter tutelar:

  • La Personal, cuando el genius protege a una persona
  • La Locativa, cuando el genius protege un lugar.

Así, cada hombre tiene su genius y mientras más importante sea la persona, más poderoso será el genius. Hay genius para los países, los gobernantes y hasta para los Dioses.

Se le representa con figura completamente humana y en algunas ocasiones carga un cuerno de la abundancia, aunque a veces también tiene forma de serpiente, sobre todo cuando el genio está encargado de proteger un lugar.

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El historiador romano Plinio el Viejo decía que las ropas hechas de asbesto protegen contra los conjuros, maldiciones y hechizos, especialmente si han sido lanzados por un mago. Los romanos descubrieron que el asbesto era, además, un excelente material de construcción y que no se quemaba fácilmente, por lo que era muy socorrido para fabricar manteles, ya que frecuentemente las lámparas se colocaban sobre estos y una volcadura podía ocasionar que se incendiara la casa entera.

Pero Plinio el Viejo no era tonto. Recomendaba no comprar esclavos que hubieran trabajado en fábricas de asbesto porque, decía, "mueren jóvenes".

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Los antiguos romanos usaban plomo casi para todo, desde pintura hasta la elaboración de vajillas, pasando por las instalaciones de plomería (de ahí su nombre). Esto lo hacían a pesar de las advertencias de los ingenieros del César. En la actualidad, los italianos aún aman el plomo, y lo incorporan como acetato de plomo al vino como endulzante, aunque esta forma no es tan peligrosa como la que usaban sus antecesores.

El envenenamiento por plomo, por lo tanto, era muy común en la antigua Roma y algunos historiadores especulan que la demencia inducida por plomo fue, por lo menos en parte, la culpable de la caída del imperio Romano.

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