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Haciendo mi recorrido semanal por una tienda de autoservicio, me he topado con Gel Azul, una novela de Bernardo Fernández, que estaba de descuento y que me ha hecho pensar mucho en The Matrix. De hecho, es un plagio simulado de esta cinta ya que los individuos ricos viven inmersos en un gel proteínico de color azul y conectados permanentemente a la red, viviendo una realidad virtual.

El Planeta de los simios

by Andrés Borbón on 4 September, 2011

in Arte, Curiosidades

 

Este fin de semana he visto El Planeta de los simios (R) Evolución como se le ha llamado en Latinoamérica o El origen del planeta de los simios, como se le llama en España aunque el título en inglés me parece mejor (Rise of the Planet of the Apes).

A diferencia de las primeras películas que ya tienen más de 30 años de haber sido filmadas, en este caso los simios no son humanos disfrazados, sino animaciones digitales, aunque en muchos casos cuesta trabajo creer que lo sean, pues se ven tan reales como los actores, que en este caso son James Franco Freida Pinto y John Lithgow.

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Priest (El Vengador)

by Andrés Borbón on 14 May, 2011

in Arte

Priest (El Vengador en estos rumbos) es una cinta protagonizada por Paul Bettany y basada en el cómic homónimo de Min-Woo Hyung (Coreano) y que trata, principalmente, de un grupo de sacerdotes entrenados (y protegidos por el poder de Dios) cuya única finalidad es luchar contra los vampiros, que al principio de la película han sido derrotados y puestos en “reservas”. Sin embargo, uno de los sacerdotes, convertido en vampiro, se transforma en el vampiro más poderoso de cuantos existen y es, al mismo tiempo, la némesis de Bettany.

Tras un periodo de relativa calma, la Iglesia toma el control de la civilización, basando su poderío en el miedo de la gente y en la fuerza que han adquirido pues son quienes, supuestamente, mantienen a raya a los vampiros. Sin embargo, y como suele suceder con gran frecuencia para dar inicio a la trama, algo se sale de control. Los vampiros, prófugos de su encierro, atacan la casa de los familiares del sacerdote raptando a su sobrina y es ahí donde los sacerdotes-guerreros, que se encontraban relegados y viviendo entre las sombras, salen nuevamente de su anonimato para luchar contra las fuerzas del mal.

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el-señor-de-la-luz Terminé de leer El Señor de la Luz hace varios días, pero he estado procrastinando para hacer un comentario sobre él. Y es que se trata de un libro tan maravilloso que, honestamente, no sé ni por dónde comenzar.

Había leído algunas historias cortas de Zelazny pero, por alguna razón, no había abordado la que se considera su mejor novela… hasta ahora.

Es una obra portentosa, avasalladora, genial. Trata, nada menos, que de Buda. Pero no el gordo Buda sentado que nos viene a la mente cuando evocamos el nombre, sino de un Buda guerrero, que en una de sus encarnaciones se llama Mahasamatman, pero quien prefiere que quiten el “Maha” y el “atman” y que lo llamen simplemente Sam.

El principio básico en el que se basa la historia es el de la metempsícosis, o transmigración del alma, o reencarnación, como quieran llamarlo. Cada vez que Sam reencarna, es el mismo pero uno diferente, y es, al mismo tiempo, un dios y un hombre. Fue uno de los primeros, y de los últimos.

Sam es aceleracionista. Esto significa que promueve el uso de la tecnología en los hombres. Los demás dioses, comandados por Brahma, se oponen a ello, y cuando algún humano inventa la imprenta, el motor de vapor o de combustión, destruyen el invento y a su creador: Pretenden mantener a la humanidad en la ignorancia y en el atraso, para que los sigan adorando, para que necesiten de ellos, para que no se conviertan ellos mismos en dioses.

Pero no todo lo que hacen los dioses de Zelazny viene de poderes sobrenaturales. En El señor de la luz, los dioses necesitan transistores, aparatos con baterías, se les tapan los baños y requieren bombas para que circule el agua en su ciudad celestial. Tienen poderes, pero no son autosuficientes. Comen soma, beben, se engañan y se matan entre ellos.

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Pórtico, por Frederik Pohl

by Andrés Borbón on 26 August, 2010

in Arte, Literatura, Opinión

portico-pohlPórtico (Gateway, en inglés) es una novela escrita en 1977 por Frederik Pohl ganadora de múltiples premios entre los que se cuentan el John W. Campbell, el Nébula y el Hugo, los tres más importantes en la literatura de ciencia ficción. Es la única novela en la historia que ha ganado estos tres galardones simultáneamente.

Y no es para menos.

El tema principal de Pórtico es el descubrimiento, casi fortuito, de los restos de una cultura extraterrestre milenaria y sobre la que se sabe poco. Estos seres, a quienes llaman Heechees, crearon instrumentos, naves y materiales que a pesar de tener más de medio millón de años de antigüedad, están más avanzados que cualquier descubrimiento científico terrestre.

El planeta (casi un asteroide) donde se encuentra la mayor parte de las naves heechees halladas hasta el momento, se llama Pórtico, y los humanos exploran el lugar, que a pesar de ser pequeño (unos 10 kilómetros de diámetro) contiene una infinidad de túneles en donde vivían estos seres cuyo aspecto se desconoce, y quienes un buen día recogieron sus cosas y se marcharon a otro lugar. No hay un solo indicio de cómo eran, qué comían y cómo se manejaban sus instrumentos. Hay, además, cientos de naves heechees capaces de llegar a lugares muy lejanos (cientos o miles de años luz) en unos cuantos días, pero ya que los seres humanos no son capaces de entender el funcionamiento de las naves, deben descubrirlo por el simple método de la prueba y el error.

Pórtico es propiedad de un corporación formada por prácticamente todos los países de la Tierra, quienes pagan verdaderas fortunas a los arriesgados hombres y mujeres que se aventuran a subirse a una nave heechee y viajar a un punto desconocido del universo. Muchos mueren en el intento, ya que estas naves están programadas para ir a ciertos lugares, que muchas veces resultan peligrosos, o simplemente no regresan jamás. Sin embargo, de vez en cuando la nave los lleva a alguna base heechee donde hallan instrumentos nuevos para la humanidad y que significan un avance formidable en la tecnología. Entonces, los exploradores reciben recompensas formidables, pero no todo el mundo tiene tanta suerte, ya que suele suceder que la travesía sea tan larga que se les acaben los suministros o que uno, varios o todos los exploradores mueran. Si la nave no es dañada seriamente durante el viaje, regresa automáticamente a Pórtico, pero a veces contiene solo cadáveres y, con suerte, los instrumentos que estos descubrieron en su aventura. Al subirse a una nave heechee, nadie sabe a dónde los llevará, ni cuánto tiempo durará el viaje. Pueden ser unos cuantos días los que estén fuera o hasta un año, pero muchos se arriesgan con la esperanza de tener un golpe de suerte.

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Los Indestructibles (The Expendables)

by Andrés Borbón on 24 August, 2010

in Arte, Opinión

the expendables

He visto recientemente la película The Expendables, que acá la han titulado Los Indestructibles. Curioso que algunas traducciones de los títulos de las películas al español signifiquen exactamente lo opuesto al título original, ya que The Expendables se podría traducir como “Los Prescindibles” o “Los no indispensables” refiriéndose al hecho de que la muerte de estos individuos era intrascendente, que eran carne de cañón y se esperaba que no duraran mucho debido a los enormes riesgos que entrañan sus misiones.

El papel estelar es de Sylester Stallone, quien fungió como director y guionista de la cinta. En papeles importantes están también Jason Statham y Yet Li, acompañados por otras enormes figuras del cine de acción como el gran Dolph Lungren, Randy Couture, Steve Austin, Terry Crews, Mickey Rourke y Bruce Willis. Vaya reparto, ¿no?

En la cinta, estos personajes pertenecen a un grupo de mercenarios que se alquilan por grandes sumas para realizar las misiones más peligrosas. Son veteranos de muchas guerras y están unidos no solo por la recompensa económica, sino por lazos de amistad. Todos, con excepción de Steve Austin, que pertenece al bando de los malos y de Mickey Rourke, quien se ha retirado del grupo pues ya no le interesa seguir arriesgando su vida pero permanece cercano a ellos como una especie de guía, de consejero.

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Las estrellas, mi destino, por Alfred Bester

by Andrés Borbón on 18 August, 2010

in Arte, Literatura, Opinión

las estrellas mi destino

Las Estrellas, Mi Destino es una novela de Alfred Bester que originalmente se publicó con el nombre de ¡Tigre! ¡Tigre!, y no me cabe la más remota duda de que el cambio de título fue apropiado.

Hace un tiempo, reseñé la excelente novela de Stevn Gould llamada Jumper , escrita en 1992, pero resulta que este tema de los seres capaces de teletransportarse no es nuevo, pues en Las estrellas, mi destino este es precisamente el tema.

Bueno, pues resulta que Bester se le adelantó a Gould por casi 40 años, ya que esta novela fue escrita en 1955 y Gould copió literalmente los principios de la teletransportación, casi punto por punto, de la novela de Bester. Steven Gould cometió, pues, un plagio abierto. Y digo abierto porque al final de Jumper menciona que Las estrellas, mi destino (entre otros) le sirvió de inspiración para escribir su famosa novela, que ha vendido millones y que tuvo la fortuna de ser llevada al cine con enorme éxito.

En la novela de Bester (que desde ahora les digo que es mucho mejor que la de Gould), la teletransportación llevada a cabo con el simple poder de la mente fue inventada por un individuo apellidado Jaunte, por lo que el proceso se llama “jaunteo” y, poco a poco, casi toda la humanidad aprende a “jauntear”.

Sin embargo, la novela de Alfred Bester no se queda aquí ya que si bien existe la posibilidad de teletransportarse, no todos los individuos tienen el mismo alcance. Unos pueden jauntear unos cuantos cientos de kilómetros y otros hasta 1,500 kilómetros. Esto transforma el mundo, ya que ahora es fácil trasladarse de un sitio a otro. Las personas pueden vivir a miles de kilómetros de sus trabajos y llegar en unos cuantos minutos (si tienen que hacer varios jaunteos) y usar vehículos se convierte en algo necesario sólo si se desea ir a un lugar desconocido, ya que nadie puede jauntear a un lugar en el que nunca ha estado. Hay jaunteadores profesionales que sirven como mensajeros y nada los detiene, ni los muros ni las protecciones de ningún tipo. Las casas, a veces, no tienen siquiera puerta.

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Bóvedas de Acero, por Isaac Asimov

by Andrés Borbón on 12 August, 2010

in Arte, Literatura, Opinión

bovedas de aceroBóvedas de Acero es una novela escrita por Isaac Asimov en 1953 y ambientada en el siglo 47. En este tiempo tan lejano en el futuro, los humanos han colonizado ya cerca de 50 mundos, pero en la Tierra quedan aún miles de millones de individuos, encerrados en enormes bóvedas de acero (de ahí el título de la novela) y aislados completamente del exterior.

En la novela, aquellos seres humanos que habitan los otros planetas y los terrestres han desarrollado culturas diferentes. Los terrícolas desdeñan los avances tecnológicos y odian a los robots, mientras que los “espacianos” basan su cultura en la colaboración con estas máquinas y han conseguido prolongar la vida humana hasta los 300 años, viven en mundos poco poblados y se han vuelto susceptibles a la mayor parte de los gérmenes que hay en la Tierra, contra los que no tienen ninguna defensa.

Una colonia de espacianos se ha instalado en la Tierra, muy cerca de la ciudad de Nueva York, pero el acceso de los terrestres a esta ciudad está severamente limitado y hay constantes roces entre ambas ciudades. La frontera entre ambas urbes está severamente controlada, y nadie entiende muy bien qué es lo que hacen los espacianos en la Tierra, dadas las ventajas que tienen en sus mundos originarios.

El hecho que marca el inicio de la historia es el asesinato de uno de los científicos espacianos, que da lugar a una investigación, y los extranjeros tienen buenas razones para creer que ha sido un terrícola el que cometió este homicidio, aunque no tienen pruebas contundentes de ello.

Ambas civilizaciones deciden trabajar juntas para esclarecer el enigma, y para ello envían a Nueva York a un robot cuya apariencia es indistinguible de la de un humano pero que actúa como un robot y sigue las famosas leyes de la robótica inventadas por Asimov, la primera de las cuales indica que ningún robot podrá dañar a un ser humano ni que por su inactividad permita que un ser humano sea dañado. Este es el principio inscrito en todos los cerebros positrónicos (término acuñado también por Asimov) que tienen los robots. Por lo tanto, el crimen debió cometerlo un humano, ya que a un robot le es imposible dañar intencionalmente a un ser humano.

La trama es muy interesante y se desarrolla al estilo de una novela policiaca, mezclando la ciencia ficción y el género negro a la perfección, y haciéndonos cómplices de un enigma que se resuelve, como en todas las buenas novelas policiacas, hasta el final del libro.

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