
Nuestra mente es muy hábil para reconocer rostros. El problema es que a veces los reconoce incluso donde no los hay.
Eso se llama pareidolia.
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Nuestra mente es muy hábil para reconocer rostros. El problema es que a veces los reconoce incluso donde no los hay.
Eso se llama pareidolia.
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Con un poco de imaginación, la frontera entre los estado de Minnesota y Wisconsin tiene cierto parecido con la famosa silueta de Alfred Hitchcock, aquella que se hizo famosa en el programa "Alfred Hitchcock Presenta".
Claro que también podría ser la silueta de mi abuelo, o del viejo que atiende el puesto de revistas.
Lo divertido de la pareidolia es que la respuesta correcta siempre la tenemos nosotros. Je, je.
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Tal vez se trate solo de un caso de pareidolia anatómica (¡vaya terminajo!), pero es difícil no advertir las similitudes entre estas dos imágenes, la de la izquierda el corte sagital de un cerebro humano y la de la derecha una de las escenas que el gran Miguel Ángel Buonarroti pintó en el techo de la Capilla Sixtina. Me parece un poco difícil que un artista tan consciente de cada detalle de su obra hubiese hecho esto al azar.
¿El mensaje?: Dios está en nuestro cerebro
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Un curioso efecto el que crean estas exclusas de agua en un muro, junto con el pequeño túnel que lo atraviesa y que parece una boca. Así pues, he aquí un muro llorando.
Habrá que preguntarle el porqué de su pena. Je, je.

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La Pareidolia es un fenómeno psicológico consistente en que un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible

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