Este estudio me ha encantado. Tal vez no tenga gran validez científica ya que se trata de un solo estudiante y únicamente por una semana, pero llama la atención que durante las clases en la escuela la actividad electrodérmica disminuya tanto, casi a niveles de cuando está mirando TV o, simplemente, relajándose.
Neurociencias

Desde hace tiempo se sabe que la restricción calórica, además de mejorar nuestra salud global, incrementa la longevidad, pero ahora se ha comprobado que también preserva la inteligencia… al menos en ratones.

Un maravilloso video titulado “Oda al Cerebro” donde las palabras de científicos como Carl Sagan, Robert Winston, Vilayanur Ramachandran, Jill Bolte Taylor, Bill Nye, y Oliver Sacks se transforman en una canción acompañada por gráficos impresionantes de este órgano que nos permite pensar, transformar nuestras vidas y el mundo que habitamos.

Científicos en Inglaterra realizaron un estudio en el cual daban dosis de cafeína a ciertos sujetos, sin que estos lo supieran (todos pensaban que estaban bebiendo café descafeinado).
El propósito del estudio era investigar cómo esta sustancia afectaba el trabajo colaborativo. Sin embargo, al analizar los resultados encontraron que había diferencias importantes en cómo afectaba la bebida a los hombres y a las mujeres.
Resulta que los hombres que bebían café con cafeína tardaron, en promedio, 20 segundos más en resolver un puzzle, mientras que las mujeres fueron 100 segundos más rápidas que cuando su bebida no contenía el estimulante.
Por supuesto que el estudio no es concluyente, ya que la muestra fue pequeña y en realidad no fue diseñado para probar esta hipótesis, pero un estudio más amplio y mejor diseñado podría comprobar estos sorprendentes resultados.

Para estudiar cómo la agresividad, las peleas y el ganar cambian el cerebro, a algunos científicos se les ocurrió la brillante idea de hacer una especie de Fight Club ratonil. Observaron que los ratones de laboratorio que ganaban una pelea mantenían elevados niveles de testosterona y de agresividad, y que al mismo tiempo era más probable que ganaran la siguiente pelea. Interesantemente, el efecto era mucho más fuerte si los ratones peleaban en sus propias jaulas ya que, probablemente, el ambiente familiar favorecía sus posibilidades de dominar al otro.
Es sabido que las personas de diferentes culturas actúan de forma distinta, pero de acuerdo a Takahiko Masuda, de la Universidad de Alberta, la diferencia no solamente está en la conducta, sino también en la forma de pensar.
Los norteamericanos tratan de identificar al elemento más importante antes de tomar una decisión. En el Este de Asia las personas se preocupan más por el contexto.
Masuda estudió el movimiento de los ojos de estadounidenses y de japoneses cuando analizaban una imagen de personas representadas como caricaturas. Cuando se les pidió que interpretaran las emociones de la persona en el centro, los japoneses miraron a esta persona aproximadamente un segundo antes de cambiar su atención hacia las personas en el fondo. Ellos necesitaban saber cómo se sentía el grupo antes de entender la emoción del individuo.
Los estadounidenses (al igual que los canadienses en subsecuentes estudios), se enfocaron el 95% del tiempo en la persona del centro. Sólo el 5 por ciento de su atención se dedicó a los personajes del fondo y esto no modificó su interpretación de la emoción en la figura central. Para los estadounidenses lo que sucede en el frente es lo más importante.
Los restos del cerebro perteneciente a un niño de 18 meses que murió en Francia entre los años 1250 y 1275 están siendo estudiados, y los científicos se encuentran sorprendidos por la conservación de este órgano, que frecuentemente es uno de los primeros en desaparecer. El estado del espécimen es tan bueno que, incluso, muchas de las células cerebrales son aún reconocibles, e incluso han sido capaces de descubrir la causa de la muerte: Un golpe en la cabeza sufrido varios días antes del fallecimiento. Al parecer, las condiciones ambientales son las responsables del excelente estado de preservación del cerebro, aunque los demás órganos del niño no tuvieron tanta suerte.
Investigadores de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, estudiaron el efecto que ejercían las palabras de sujetos calificados como sanadores en personas devotas. Al escuchar grabaciones de sus discursos, amplias regiones de la corteza prefrontal y del cíngulo anterior se desactivaban. Estas áreas son las responsables del pensamiento escéptico, la vigilancia y el juicio crítico. Un fenómenos semejante ocurrió cuando el sujeto escuchaba las palabras de médicos, parientes y políticos, siempre y cuando fuesen sujetos carismáticos. Esto indica que el juicio preconcebido de una persona sobre la credibilidad y autoridad de su interlocutor modifica radicalmente la actividad del cerebro de quien escucha.



