Esta hormiga cabezona tiene como nombre científico Cephalotes varians, y se le conoce también como hormiga tortuga, aunque desde mi punto de vista la cabeza de este animal tiene más parecido con una tachuela que con un caparazón.
El caso es que estas hormigas tortugas no tienen la cabeza plana por casualidad, ni porque esté de moda, sino porque suelen vivir en los orificios de los arboles y, dependiendo del diámetro de la entrada, pueden ser decenas o cientos las que se coloquen con la cabeza de una pegada a la de la otra formando una puerta impenetrable a otros animales. Así defienden su territorio, ya que no están facultadas para pelear, pero sí que son “cabeza dura”.
El zorro camina despacio, tratando de producir el menor ruido posible para no alertar a su presa. Se detiene, fija la mirada en un punto, enfoca las orejas para ubicar al milímetro la localización de la víctima y, de pronto, da un salto en el aire y se zambuye en la nieve. Unos segundos después… lo ha conseguido.
Un video increíble. El dueño del águila le ató una cámara a la espalda y la soltó para ver el panorama tal y como si fuéramos sobre el águila misma. Es impresionante la altura que alcanza, y lo rápido que lo hace, aunque si yo fuera el águila no regresaría con mi captor.
Videos de trayectorias aéreas los hay por miles, pero el saber que la cámara va sobre un ser vivo le da otro sentido. Nada de motores, alas rígidas ni alta tecnología: Sólo la simple genialidad de la naturaleza para crear estos seres privilegiados con el poder de volar.
Debe ser maravilloso poder convertirse en águila por un momento y experimentar esto en carne propia. Y aunque tenemos las imágenes, falta el sonido del viento, la sensación de control sobre la trayectoria y, por supuesto, la aguda vista del águila.