La Mandrágora es una planta cuya raíz duplicada tiene cierta semejanza con un pequeño ser humano. Esta peculiaridad la ha convertido en el representante por excelencia de los fitozoos, seres con características del reino animal y vegetal. Para cosecharla, según la leyenda, había que atarla a la cola de un perro que jalaba de ella y la sacaba de la tierra. El grito de la planta (que simboliza el desencadenamiento de las fuerzas ocultas) mataba al perro.
Una vez recogida, la planta debía ser manipulada cuidadosamente, pues había que cuidar del pequeño ser, mediante procedimientos complejos que incluían numerosos rituales mágicos. Al final, la planta se transformaba en una especie de homúnculo, dotado de grandes poderes y capaz de asegurar la fortuna de su propietario.
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