Creo que los juegos (infantiles y no infantiles) son una prueba de que no sólo la guerra, el sexo y el poder son importantes en el mundo de hoy en día, aunque algunos dirán que los juegos son la personificación (sublimación, dirían los psicófilos) de esos apetitos, pero yo creo que exageran. El ser humano goza jugando, y la mayor parte de la veces es por el simple juego, por el disfrute que produce el reto, el entretenimiento o el aprendizaje de habilidades inútiles. Y el alma del juego, digo yo, reside precisamente en su inutilidad, en su capacidad de transformarnos en seres menos comprometidos con la omnipresente “productividad” y de gozar un rato de simple y llano esparcimiento, sin retorcidas, funambulescas y ridículas interpretaciones metapsicológicas.
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1863 Los Patines
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1929 El Yo-yo
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1935 El Monopoly
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1942 El Lego
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1947 El Fliperama (la máquina de Ping-Ball)
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1957 El Frisbee
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1973 La Patineta
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1974 El Playmobil
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1979 El Walkman (¿juego? yo digo que sí)
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1989 El Game Boy
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