Uno de los poco escritores cuyos libros he leído más de una vez es Stefan Zweig, un escritor con el don de la amenidad, con la poco común habilidad de dotar del peso exacto a cada palabra.
Hace unos días hallé este texto, que es perfecto y no encuentro la forma de resumirlo, reescribirlo y mucho menor mejorarlo. Para poderlo compartir me veo precisado a copiarlo descaradamente. Pido una disculpa por ello.
El texto corresponde a la extinta revista Argos, que dejó de editarse en el 2002 pero que tiene artículos de enorme calidad.
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