Jonathan Swift

Shots Literarios: Propuesta (Jontahan Swift)

by Andrés Borbón on 29 October, 2009

in Literatura, Shots Literarios

MODESTA PROPOSICIÓN PARA IMPEDIR QUE LOS POBRES EN IRLANDA PERMANEZCAN A CARGO DE SUS PADRES O DE SU PAÍS Y PARA VOLVERLOS ÚTILES AL PUBLICO.

Un joven americano, conocido mío, hombre muy entendido, me ha certificado en Londres que un niño bien sano, bien alimentado, es, a la edad de un año, un alimento delicioso, muy nutritivo y muy sano, hervido, asado, a la estufa o al horno, y no pongo en duda que pueda servirse igualmente guisado o en picadillo.

Expongo humildemente a la consideración del público que, de los ciento veinte mil niños calculados, veinte mil pueden ser reservados para la reproducción de la especie, entre ellos solamente un cuarto de varones, que es más de lo que se reserva en corderos, reses y puercos; y mi razón es que rara vez esos niños son fruto del matrimonio, circunstancia en la cual nuestros salvajes ponen poca atención, por lo que un varón bastará para el servicio de cuatro hembras; los cien mil restantes pueden, a la edad de un año, ser ofrecidos en venta a personas de calidad y de fortuna en todo el reino, advirtiendo siempre a la madre que los debe amamantar copiosamente en el último mes, en procura de tenerlos bien cebados y rollizos para una buena mesa. Un niño alcanzará para dos platos en una cena de amigos; y cuando la familia cene a solas, el cuarto delantero o el trasero serán un plato razonable, que, sazonado con un poco de sal y pimienta, se conservará en buen estado unos cuatro días, en especial en invierno.

He calculado que en promedio un niño recién nacido pesa veinte libras, y que en el año solar, si está pasablemente alimentado, llegará a las veintiocho.

Admito que este alimento será un poco caro, y, por consiguiente, convendría bastante a los propietarios que, puesto que han ya devorado a la mayor parte de los padres, parecen tener los mayores derechos sobre sus hijos.

Jonathan Swift, Obras humorísticas, 1710

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(Foto: Máscara Mortuoria de Jonathan Swift)

Al concluirse la comida, entró el ama, que amamantaba un niño de la labradora como de un año de edad. Apenas me vio la criatura principió a dar unos gritos tan terribles, que creo que se hubieran podido oír sin dificultad desde el puente de Londres hasta Chelsea. El me tuvo por un muñeco u otra chuchería semejante, y lloraba porque se lo dieran para entretenerse. La madre me levantó, y, poniéndome en sus manos, al instante me agarró, y al punto metió mi cabeza dentro de su boca, como es natural en aquella edad: mas no fue esto lo peor, sino que, asustado el niño por mis clamores, me dejó caer de pronto, y, a no ser porque la madre tenía puesto debajo su delantal, me hubiera roto la cabeza sin remedio. El ama, para apaciguarle, se valió de un juguete, que era un grueso pilar hueco guarnecido de unas piedras disformes, el cual pendía de la faja del niño por un cable muy fuerte, y, no bastando esto a aplacarle, recurrió al último arbitrio, que fue darle de mamar. Es preciso confesar que no he visto cosa en mi vida que me haya horrorizado tanto, ni sé con qué poder compararla.

Jonathan Swift, Los Viajes de Gulliver, 1729

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