La señora Andrew era una mujer muy bella, con hermosos cabellos rubios, y tenía dos hijas preciosas. La rubia se casó con un petrolero que era calvo como la palma de la mano y se fue a vivir a Sumatra. La morena se casó con un hombre de Bogotá y emprendió un largo viaje en canoa por el río Magdalena, donde los nativos eran indios, dormían en hamacas, tenían horribles enfermedades, y cuando la mujer tenía un hijo era el marido quien se acostaba, y usaban flechas envenenadas. Si a uno le hieren en aquel país, se le hace una llaga blanca que no se cura nunca… La canoa se vuelca fácilmente en el agua caliente llena de peces voraces que son atraídos por el olor a sangre, si se tiene un rasguño o una herida sin cerrar. A veces hicieron pedacitos a muchas personas… se anda ocho semanas en canoa por el río Magdalena, y después se llega a Bogotá.
El pobre Jonás Fenimore volvió desde Bogotá muy enfermo, y dijeron que tenía elefantiasis. Era un buen tipo que contaba historias sobre la cálida selva, los truenos, los cocodrilos, las horribles enfermedades, los peces voraces, y se tomaba todo el whisky del aparador. Cuando iba a nadar podían verse las grandes ronchas marrones de sus piernas, como cáscaras de manzana. Le gustaba beber whisky, decir que Colombia se está convirtiendo en uno de los países más ricos del mundo, y hablar de petróleo, de maderas raras para contraplacados, y mariposas tropicales… Pero el viaje por el río Magdalena era demasiado largo, caluroso y peligroso, y murió.
Dijeron que había sido el whisky y la elefantiasis y el río Magdalena.
John Dos Passos, Paralelo 42
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