Amazon es una compañía formidable. Hizo lo que muchos intentaron y, no sin meterse en muchos problemas, consiguió hacerse del mercado de libros y otros artículos más grande del mundo. Una compañía que puede decirse es el Wal-Mart de la red, donde hay de todo y para todos.
Yo soy fan de Amazon, sobre todo en cuestión de libros pues ahí puedo hallar libros publicados en todas partes del mundo, e incluso libros recientemente publicados en mi país que no están disponibles en mi país. Je, je.
El único problema es que Amazon no envía gratuitamente a México, y los aranceles son otro problema, por lo que conviene de hacerse de una lista larga de artículos para que la compra valga la pena.
Si Amazon fuese una compañía más abierta (me refiero a sus lectores de eBooks), ahora yo tendría un Kindle en lugar de un Papyre, pero en el terreno de las publicaciones electrónicas Amazon es el equivalente a Apple con su iTunes.
Justin Ma y Barath Raghavan, de la Universidad de Berkeley y el Instituto Internacional de Ciencia Computacional han decidido investigar cuánta de la electricidad producida en el mundo es consumida por internet.
Esta parodia de los pagos online representados por personajes de la vida real me ha encantado. Y es que existen notables diferencias entre ambos sistemas. Esa es la razón de que muchos prefiramos el método tradicional. Desgraciadamente, cada vez es más frecuente que los bienes que deseamos o que necesitamos solo se puedan conseguir mediante la red.
Las tiendas online solo tienen un defecto: Hay que pagar por el envío. Eso me parece injusto ya que al no existir físicamente, ahorran una cantidad exorbitante de dinero. No tienen que montar tiendas, poner aparadores, pagar recibos de luz, sueldos de los empleados, personal de seguridad, etcétera.
Y si se compra en el extranjero, debe pagarse por el producto, por el envío y el impuesto de aduana. Un robo.
Cuando, ya hace algunos ayeres, veía las series de televisión futuristas o leía libros como Snow Crash donde la gente navegaba en el ciberespacio valiéndose de pequeños aparatos que cabían en el bolsillo, me parecía cosa de auténtica ciencia ficción.
Como bien saben, hay una infinidad de servicios que intentan determinar el valor de un sitio web basándose principalmente en el tráfico, los enlaces entrantes, las posiciones en diferentes directorios, etc.
Este es el aspecto que habría tenido internet si hubiesen existido estos servicios hace unos cuantos años, desde el Gmail de los años veinte hasta Facebook en los setenta.
Claro, ni siquiera existía la web, pero es divertido imaginar el aspecto que le habrían dado sus creadores para seguir las modas imperantes en aquellos tiempos.
El gobierno francés ha ordenado que las emisoras de radio y televisión no usen las palabras “Twitter” ni “Facebook” a menos que estas sean parte central de la noticia.
Todos somos, hemos sido o seremos un poco trolls, sobre todo si nos interesa lo que se cuece en el mundo online. Sin embargo, hay individuos que merecen llamarse Trolls (así, con mayúscula) pues han hecho de esa actividad no solo una forma de vida, sino una cruzada personal contra los insoportables ignorantes y engreídos que pueblan internet.
Y lo que más puede cabrear a un troll es que los demás tengan éxito con sus proyectos online mientras que ellos siguen en el mismo lugar pues su capacidad de criticar y de corregir a los otros no va de la mano con la habilidad de crear algo.
**Tienen el cabello largo y grasiento: ¿Quién tiene tiempo de ir a cortárselo o de tomar un baño cuando están tan ocupados aterrorizando a los miembros de los foros o de los blogs?
**Piel Pálida: Salir de casa es para las personas que han fallado en internet.
**Arrugas entre las cejas: Ocasionadas por una combinación de frustración e intensa atención.