Investigadores del Departamento de Filosofía, Lingüística y Teoría de la Ciencia de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, han creado un programa de computadora que, junto con un complicado conjunto de sensores y un banco de memoria muy amplio, han hecho que una computadora puntee alto en los tests de inteligencia que habitualmente se aplican a humanos (excluyendo la parte verbal).
Inteligencia Artificial

Hace 13 años, la computadora Deep Blue venció al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov. Desde entonces, hemos ido digiriendo poco a poco la idea de que las computadoras calculan más rápido que nosotros, y que consideran un número de posibilidades cada vez más grande.
Sin embargo, hay un juego en donde el hombre tenía aún el dominio, y este es el shogi, o ajedrez japonés. Es parecido al ajedrez que jugamos en occidente, pero tiene un mayor número de posibilidades en su desarrollo. Si aceptamos la noción de que las posibilidades en el ajedrez convencional son 10 elevado a la potencia 123, en el shogi las posibilidades son de 10 a la 224. Esto es debido a que hay más piezas (20 por jugador, en lugar de 16 como en el ajedrez), y que cuando las piezas llegan a ciertas casillas pueden ser promovidas por otras más poderosas. Además, en el shogi si un jugador captura una pieza de su contrincante, esta no desaparece del tablero, sino que puede usarla a su favor.
Se dice (no sé si sea cierto) que las posibles posiciones en el ajedrez son mayores que todos los átomos que contiene el universo. Bueno, pues el shogi es mucho más complejo y ,como mencionaba en un principio, seguía siendo terreno donde el ser humano no había sido derrotado, pero una computadora llamada Akara derrotó al líder mundial de shogi, Ichiyo Shimizu, y con esto las máquinas han demostrado que no existen ya terrenos que se les resistan.

Parece que Google ha estado haciendo experimentos secretos con autos sin conductor:
Los coches autónomos están a años de ser producidos en masa, pero los expertos han soñado con ellos durante mucho tiempo y piensan que podrían transformar nuestra vida tan profundamente como lo ha hecho internet. El New York Times reporta que Google ha estado trabajando en secreto con vehículos que se pueden conducir a sí mismos, usando software de inteligencia artificial que puede percibir cualquier objeto en las cercanías del coche y reproducir las reacciones de un conductor humano.
Esto, al parecer, ha sido hecho con alguien tras el volante para tomar el control si algo sale mal y un técnico en el asiento del acompañante para monitorizar el sistema de navegación. Siete autos de prueba han recorrido unas mil millas sin intervención humana, y más de 140,000 millas con ocasional intervención humana. Uno de ellos incluso condujo de bajada por la Lombard Street de San Francisco, una se las calles más sinuosas y empinadas en los Estados Unidos. El único accidente que ha habido, dijeron los ingenieros, fue cuando otro auto golpeó por detrás al coche de Google mientras este estaba parado en un alto.
Una computadora, equipada con una cámara y un programa para reconocer texto y los movimientos de un sujeto, consiguió aprender el 65% del lenguaje usado por una serie de imágenes donde una persona hablaba mediante signos como lo hacen los sordomudos, comparando los movimientos con el texto y tratando de “adivinar” qué palabra correspondía a qué signo.
Con toda certeza, si en vez de 10 horas de video se le hubiesen proporcionado 24 horas o más, habría conseguido descifrar un porcentaje mucho mayor de signos (descifró 136 de 210), aunque alguien que conozca el 65% de un lenguaje puede decirse que lo conoce, aunque no lo domine.
Ésta es una muestra más de la capacidad que tienen las computadoras (y los programas diseñados específicamente) para aprender. Y lo hacen sin supervisión humana. Tal vez una persona más o menos avispada habría aprendido un poco más, pero son los primeros pasos en el terreno del aprendizaje para las máquinas, y vaya que no lo están haciendo nada mal.
La máquina que se muestra en la fotografía corresponde a Adam (Adán), y es la primera computadora que encuentra un problema, elabora una hipótesis, diseña el experimento y llega a una conclusión científicamente válida.
Lo que hizo la computadora es más bien simple. Trabajó con el microorganismo de la levadura, uno de los seres vivos mejor comprendidos desde el punto de vista genético. Adam identificó una enzima cuyo origen genético no se conocía y propuso que correspondía a cierta parte del genoma de la levadura. Desarrolló los experimentos y comprobó su hipótesis. No hubo intervención humana alguna, más que para rellenar los depósitos de reactivos y proporcionarle el material necesario para los experimentos. El líder del proyecto que creó a Adam es Ross King, de la Universidad de Aberystwyth en Gales.
¿El siguiente paso? Construir a Eva, que intentará desarrollar antibióticos contra la malaria y la esquistosomiasis.
Sin embargo, como dice King, las computadoras no son capaces de “inventar” nuevos procedimientos. Usan la información y los métodos generados por los seres humanos y la aplican de forma metódica.

Recientemente, Intel ha hecho una demostración de un chip de bajo consumo de energía con ocho procesadores, el cual se espera salga al mercado en la segunda mitad del 2008. Pero Andrew Chien, el director de Intel Research, ve más allá del procesador de ocho núcleos y piensa adentrarse en el rango de computación a escala de teras, en la cual las computadoras serán capaces de llevar a cabo trillones de operaciones por segundo. Ha estado trabajando en el concepto de inferencia, en el cual se espera que las computadoras “entiendan” la parte del mundo en la que tienen que actuar. Para ello, evidentemente, se requiere gran poder informático pero les permitirá interactuar de mejor manera con sus dueños. Dicha tecnología tendrá, como uno de sus fines, el hacer que nuestros gadgets sean más inteligentes e intuitivos, que se conecten en las condiciones adecuadas y que entiendan la tarea que se les está asignando.

Éste es Zeno, el robot de juguete que, probablemente, se pondrá a la venta el año entrante. Pesa alrededor de 2 kilos y mide cerca de medio metro, y tiene un enorme rango de expresiones faciales gracias a la docena de motores en su rostro. Lo más curioso de este robot es que todo el procesamiento informático para darle vida se encuentra en un ordenador, no en el robot mismo, el cual se conecta a su “cerebro” mediante una red WiFi. El robot habla, camina y… bueno, parece que también será capaz de provocar un poco de miedo. A mí, honestamente, no me convence mucho. Hay algo extraño en este muñeco, como siempre que las cosas se parecen a su contraparte real pero resulta evidente que no lo son.
Les dejo un video, para que vean a qué me refiero:
El sueño de crear Inteligencia Artificial no es nuevo. Muchos recordarán los cuentos de Asimov como el ejemplo más claro y conocido de estas elucubraciones fantásticas. Sin embargo, es posible que la creación de seres artificiales inteligentes vaya más allá, más lejos en el tiempo. Si llevamos las cosas al extremo (y añadimos un poco de imaginación y herejía), el ser humano fue el primer experimento de inteligencia artificial, llevado a cabo por el primer visionario: Dios.
Muchos dirán que el proyecto falló, que el prototipo resultó más bien tonto, irascible, autodestructivo, sin las cualidades de su creador. Por desgracia (o no, según se vea), aquel ejemplar estaba dotado de la capacidad de reproducirse. Dios sintió lástima por él, y lo dejó existir. Como consecuencia de ese acto piadoso, ahora hay un punto en el universo -la Tierra- poblado por miles de millones de productos defectuosos.
La ciencia, esa palabra que usamos para designar el método que nos acerca al conocimiento, ha intentado replicar el experimento de Dios. Ahora poseemos aparatos capaces de hacer operaciones matemáticas, de permitirnos viajar a grandes velocidades, de realizar tareas diversas sin fatiga y, frecuentemente, sin la intervención humana. El concepto de inteligencia, sin embargo, es huidizo. Muchos argumentan que se trata de la capacidad de resolver problemas, mientras que otros dicen que es la habilidad de conceptualizar lo concreto, volviéndolo abstracto, generalizable. Los más heterodoxos introducen la variable emocional en el concepto y aquellos con una vena mística se dejan llevar por la noción de lo eterno, lo inasible o lo trascendental.
No obstante, ni los más inteligentes de entre nosotros saben a ciencia cierta qué es la inteligencia, y ello plantea una ruta circular que nos lleva al absurdo: ¿Cómo es posible que un sistema inteligente no reconozca sus propios atributos?
Pero los más prácticos dejan de lado estas consideraciones filosóficas y, para no perder el tiempo, basan su trabajo en paradigmas operativos: Si la máquina se comporta de la misma manera que otro sistema considerado inteligente, entonces es inteligente.
El liderazgo en esta aproximación (y el ejemplo más extremo, también) es el del centro de investigación de IBM, en Almaden, California y su División de “Computación Cognitiva”, lidereada por Dharmendra Modha, un científico de catadura nada convencional y que tiene la inusual habilidad de transmitir sus conocimientos en un nivel que la mayoría es capaz de comprender. Escribe un blog que tiene ya un año de existencia ( ver aquí) y el lema del mismo es: “to engineer the mind by reverse engineering the brain”. La traducción de esta frase es algo escurridiza, ya que en español el verbo “ingenierar” no significa nada (que yo sepa), pero el mismo Modha lo explica en una entrevista realizada por la revista PC Magazine (Julio, 2007): “Estamos tratando de tomar todo el conocimiento neurocientífico y de integrarlo en una plataforma computacional unificada. La idea es recrear la ‘wetware’, usando hardware y software” (la traducción es mía). Y lo dice en serio. Al momento en que se escribe esto, han logrado simular parcialmente el funcionamiento de la corteza de un ratón. Claro, Mickey Mouselleva aún la ventaja, pues la máquina que utiliza Modha aún tarda 6 veces más en reproducir el pensamiento del roedor, que tiene sólo 16 millones de neuronas por hemisferio (el cerebro humano tiene 100 mil millones) y 8 mil sinapsis por neurona. Y no están usando una simple PC: El equipo de Modha tiene acceso a lo más sofisticado del mundo: La computadora Blue Gene/L, que posee la estratosférica cantidad de 8,192 procesadores, 4 millones de megas de memoria y 1 gigabit de ancho de banda en cada procesador. Blue Gene/L puede realizar 280.6 Teraflops por segundo (280,600,000,000,000 cálculos por segundo, según la terminología norteamericana). Pero eso no es todo: A fines de este año, IBM planea dar un paso adelante y pondrá en funcionamiento a Blue Gene/P, que triplicará la capacidad de la versión /L. Será la primera computadora capaz de sobrepasar el cuadrillón de operaciones por segundo (1,000,000,000,000,000). Para que nos demos una idea de lo que esto significa: Será tan poderosa como una pila de laptops de dos kilómetros y medio de altura.
Los planes futuros del equipo lidereado por Modha son pasar del cerebro de ratón al de rata, y de ahí al de gato. Por supuesto, no se detendrán ahí: En un futuro lejano emprenderán la tarea de replicar el cerebro humano y, ¿quién sabe?… tal vez el de Dios mismo.
© Andrés Borbón 2007





