Algunas imágenes de París, la ciudad luz, en el siglo XIX. Algunas cosas no han cambiado tanto, pero otras resultan interesantísimas cuando nos asomamos a esta ventana de más de 100 años de extensión gracias a la maravillosa máquina del tiempo que es la fotografía.
La tarde del martes 21 de agosto de 1945, el físico estadounidense Harry Daghlian estaba trabajando en el laboratorio ultra-secreto del gobierno de los Estados Unidos en Los Alamos, Nuevo México. Estaba realizando un experimento muy delicado: Daghlian colocaba piezas de metal con forma de ladrillos alrededor de un trozo de plutonio, el altamente inestable combustible usado en buena cantidad de las bombas nucleares. Y Daghlian lo volvía más inestable con cada ladrillo que colocaba alrededor de él.
Daghlin era parte del Proyecto Manhattan, que desde 1942 había trabajado para desarrollar las primeras bombas atómicas del mundo. Y habían tenido éxito: Solo unas semanas antes del experimento de Daghlian, dos bombas atómicas habían sido lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Las bombas habían matado al menos a 100 mil personas inmediatamente, y muchas decenas de miles en los días que siguieron. En menos de una semana tras los bombardeos, Japón se rindió a las fuerzas aliadas, finalizando con ello la Segunda Guerra Mundial, la batalla más destructiva que ha organizado el hombre y la demostración más aterradora del poder homicida de las naciones, de la criminalidad de los dirigentes mundiales y del odio que son capaces de considerar “normal” los habitantes de los países en guerra. Y lo peor de todo es que solo habían trascurrido veinte años desde el final de la Primera Guerra Mundial cuando las potencias decidieron ir por la revancha. La única diferencia es que la tecnología había avanzado lo suficiente como para matar cientos de miles de hombres en pocos segundos.
Para Daghlian y sus compañeros científicos, eso significaba que aún había mucho trabajo por hacer.
Una momia egipcia que está siendo estudiada en el Museo Arqueológico de Lisboa, en Portugal, parece haber sufrido cáncer, y dicho padecimiento pudo haber sido la causa de su fallecimiento, hace más de 2 mil años.
Este instrumento tan extraño es nada menos que una máquina para escribir, pero no una cualquiera, pues esta sirve solo para escribir música en una hoja colocada verticalmente con el pentagrama ya impreso.
Fue patentado en 1936 por Robert H. Keaton y se piensa que hay menos de una docena en el mundo.
En el sitio web de Life, han colgado una interesante colección de instrumentos futuristas e innovadores de aquella época, muchos de los cuales jamás llegaron a tener éxito o fueron modificados sustancialmente.
El Titanic y su hundimiento han alimentado desde hace mucho tiempo la fantasía de los cineastas, de los escritores y de los interesados en la historia. Una tragedia sin precedentes con tintes irónicos, dramáticos y novelescos, que seguirá poblanco la imaginación de las personas y generando preguntas, hipótesis y acaloradas discusiones.
Un genial video. No quiero ni imaginar la enorme cantidad de trabajo que los encargados del maquillaje y los peinadores tuvieron que invertir para dar vida a este video de poco más de 4 minutos.
Aunque El Dr. Walter Jackson Freeman II no inventó la lobotomía, fue uno de sus más grandes propagandistas, realizando más de 2,500 de estas intervenciones en su vida, la primera de ellas con un picahielos común y corriente, y posteriormente desarrollando instrumentos más especializados, llamados leucotomos. Realizaba sus lobotomías (o leucotomías) en pocos minutos, clavando el leucotomo en la órbita y realizando un leve movimiento lateral, para cortar las fibras que conectan la corteza prefrontal con el resto del cerebro. En la foto que acompaña esta entrada se le ve trabajando en un paciente sin usar siquiera guantes y cubrebocas.
La eficacia de la lobotomía es discutible, pero de ella se han derivado otras intervenciones menos destructivas y más específicas de psicocirugía que, contra la creencia popular, no ha desaparecido. Se sigue practicando aunque de forma mucho más selectiva y seccionando diminutos haces de fibras nerviosas para el control de algunos síntomas en pacientes donde todos los tratamientos han fallado, y siempre como último recurso.