Un horno solar, capaz de derretir rocas, acero y cuanto se le ponga enfrente. Utiliza, como su nombre lo dice, únicamente la energía del Sol. Y lo más sorprendente de todo es que bastan 2 metros cuadrados de sol para conseguir que la temperatura en el foco del horno se eleve más allá de los 3,500 grados centígrados.
Los quarks son, junto con los leptones, los constituyentes básicos de la materia. Son más pequeños aún que los protones y los neutrones, y aunque no se encuentran libres en la naturaleza (siempre forman grupos llamados hadrones), su existencia se ha demostrado ya experimentalmente.
En este curioso video (en inglés), se expone el aparente caos que es la nomenclatura de estas pequeñísimas partículas sobre las que se sabe tan poco aún.
El kilogramo es la única unidad de medición que se basa en un objeto patrón y no en una característica física fundamental.
Un kilogramo es igual al peso de una barra (una aleación de platino e iridio) que se encuentra en Francia.
El problema con el kilogramo es que se han hecho réplicas del mismo, y en los 130 años desde que se creó el patrón, la masa de los cilindros ya no coincide. La materia pierde peso con el paso del tiempo, y el kilogramo es ahora más ligero que cuando se definió.
Andrew Dickinson, del Instituto de Tecnología de Georgia se puso a investigar cómo era que los animales con pelo se sacudían para secarse, y halló que la frecuencia con la que se movían tenía que ver con el radio de sus cuerpos, algo así como el Radio elevado a la 0.5 potencia.
Un perro labrador, se moverá con una frecuencia de 4 Hz mientras que una ardilla lo hará a 27 Hz y un gato a 6 Hz. Sin embargo, y a pesar de que su teoría resultó válida para animales más pequeños, halló que los mas grandes ya no seguían esta línea y parecían estacionarse alrededor de lo 4 hz. Esto ha hecho que otros científicos revisen la teoría y lleguen a la conclusión de que la fórmula en realidad es de R a la 0.75 potencia.
Esto puede tener sentido, ya que velocidades elevadas en animales con volúmenes grandes de piel pueden provocar daños severos a los tejidos.
En fin, que nunca me imaginé leer que alguien había dedicado su entrenamiento científico a investigar cómo se sacuden los perros.
Raphael Bousso, de la Universidad de California en Berkeley y algunos de sus colaboradores, todos físicos de renombre, han llegado a una conclusión que desde el punto de vista práctico nos parece no sólo paradójica, sino algo ridícula: El tiempo está por terminarse.
Hay que explicar que para los físicos el tiempo es un material como lo puede ser la masa, el espacio, o cualquier otra cosa, que es un subproducto del universo.
Desde este punto de vista, el tiempo no es infinito. Tiene un principio y tiene un fin, y los científicos han calculado que existe un 50 por ciento de probabilidades de que el tiempo termine en los siguientes 3.7 ó 3.3 millones de años. También dicen que hay una ligerísima (muy pequeña) posibilidad de que el tiempo termine el próximo segundo.
¿Qué sucedería si el tiempo se terminase, si se detuviese como un reloj al que se le ha acabado la cuerda? En términos humanos: Nada. Ninguno de nosotros se daría cuenta. Todo pararía, incluso nuestra conciencia del paso del tiempo, así que visto desde este punto de vista no parece tan terrible, ¿o sí?