-No creo en la vida futura -dijo Rashkolnikov.
Svidrigalov se quedó pensativo.
-¿Y si no hubiera allí más que arañas o algo por el estilo? -dijo de pronto.
“Es un loco”, pensó Rashkolnikov.
-Siempre nos representamos la eternidad como algo imposible de comprender, como algo inmenso. ¿Por qué tiene que ser inmensa la eternidad? En lugar de eso, figúrese que sólo hubiera allí una habitación reducida, algo así como el cuarto de baño de las casas de campo, sucia y con telas de araña en todos los rincones, y que eso fuera toda la eternidad. Muchas veces me la imagino de ese modo.
Fedor Dostoievski, Crimen y castigo, 1866
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