
El título de esta nota puede parecer tendencioso, pero es real.
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Un curioso estudio llevado a cabo por la Universidad de Harvard reporta que el placebo funciona, aún cuando el paciente sepa que se le está administrando un placebo.
Normalmente, el placebo, que es una sustancia inocua sin ningún efecto farmacológico conocido (o que no funciona para la enfermedad que se está tratando) se administra a los pacientes haciéndoles pensar que reciben un tratamiento para su padecimiento.
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Un reciente estudio aparecido en la revista Lancet indica que, tomando en cuenta el daño que provoca una droga no solo al consumidor sino a los demás, el alcohol supera con mucho a la heroína, al crack, las metanfetaminas y la cocaína.
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La FDA (Food and Drug Administration), la encargada de aprobar o rechazar los nuevos medicamentos en los Estados Unidos y sus indicaciones (las enfermedades en cuyo tratamiento la droga está aprobada) ha aprobado el uso del botox (toxina botulínica) en pacientes con migraña de difícil manejo.
Sí, el botox, esa sustancia que habitualmente se usa para hacer menos visibles las arrugas paralizando los músculos debajo de la piel.
En un estudio, el botox resultó tener una leve ventaja en contra de los que recibieron placebo. Se trata de pacientes con migraña severa, aquellas que tienen 15 o más ataques al mes.
Si la persona resulta beneficiada con este tipo de tratamiento, deberá recibir inyecciones de botox cada 12 semanas (3 meses) para mantener los efectos.
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Una de las mayores dificultades en el tratamiento del cáncer de cerebro es precisamente el mecanismo que lo mantiene seguro y relativamente libre de gérmenes. La barrera hematoencefálica impide que sustancias y agentes extraños entren al cerebro, por lo que muchos medicamentos dedicados a tratar enfermedades cerebrales tienen dificultades en llegar al órgano blanco.
Recientemente, experimentando con ratas, los científicos han descubierto que uno de los medicamentos contra el cáncer más usados, el metotrexato, es eficaz si se aplica como gotas nasales. De alguna manera, se las ingenia para “burlar” la vigilancia de la barrera hematoencefálica y ayudar a reducir los tumores del cerebro.
Esto puede ser importante si se comprueba que el mecanismo es útil también en humanos, y daría la pauta para el desarrollo de numerosos medicamentos para el manejo de trastornos neurológicos y psiquiátricos.
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Leo en Wired Science que los nubios, antiguos habitantes de lo que ahora conocemos como Sudán, fabricaban ya antibióticos hace casi 2,000 años.
Y lo hacían de una manera bastante agradable: Con cerveza.
De alguna manera, consiguieron aprender (o importaron la idea, nadie sabe) de cómo cultivar un microorganismo, el Streptomyces. Uno de los productos de esta bacteria es el potente antibiótico Tetraciclina, usado aún en nuestros días.
Pero, ¿cómo se dieron cuenta que los nubios verdaderamente consumían este fármaco? Pues por una característica algo inusual de la tetraciclina: Se deposita en los dientes y en los huesos. Así, al analizar los restos óseos de este pueblo, vieron que estaban saturados de la sustancia.
Queda claro que los nubios sabían lo que hacían, ya que los cultivos de Streptomyces son difíciles de conseguir, pero hallaron la manera de perfeccionar la técnica. Si usaban la cerveza para curar las enfermedades o simplemente porque les gustaba el sabor de esta bebida curativa, es un misterio, pero de todas formas debieron notar que aquellos enfermos que bebían esta peculiar bebida espirituosa tenían más probabilidades de sobrevivir cuando tenían infecciones.
Es hora de quitarle el Premio Nobel a Alexander Fleming (descubridor de la penicilina) y dárselo a los nubios, estos científicos ignorados.
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Hace un tiempo, hablaba aquí sobre el riesgo de suicidio y el consumo de antiepilépticos. En aquél entonces, tanto las autoridades norteamericanas (FDA) como la comunidad internacional dieron carpetazo al asunto, pero apenas hace unas horas se ha comunicado que la FDA ha decidido retomar el asunto y reconoció que los pacientes que toman medicamentos antiepilépticos deben ser monitorizados por su médico en busca de síntomas de riesgo suicida.
Uno de los mayores riesgos de un anuncio de este tipo es que el paciente deje de tomar el medicamento, pero tanto ellos como sus familiares tienen derecho a conocer los riesgos que enfrentan al tomar determinado tipo de fármacos.
Por el momento no se añadirá el famoso “black box”, que es una leyenda en el exterior de la caja que advierte al consumidor sobre el riesgo, pero tanto los laboratorios farmacéuticos como los médicos que prescriban este tipo de medicamentos estarán obligados a advertir al paciente sobre el riesgo ya sea mediante la comunicación verbal directa o mediante la distribución de panfletos u otro material impreso.
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