Criminalística

Lee-police-sketch150Un incendio

El 4 de diciembre de 1979, en la ciudad de Hull, Inglaterra, Edith Hastie se despertó poco después del amanecer con la sensación de que algo malo estaba sucediendo. De sus siete hijos, las tres niñas estaban durmiendo fuera de casa con familiares y amigos, y ella se encontraba sola con sus 4 hijos varones. Al salir de su habitación, notó inmediatamente las llamas y comenzó a despertar a sus hijos. El más pequeño sufría de distrofia muscular y tenía severos problemas para caminar, y cuando ella y su hijo mayor trataron de ir por él, fueron detenidos por las llamas. Su hijo la empujó por la ventana, y ella le pidió que saltara, pero el chico de 15 años regresó, tratando de salvar a sus tres hermanos. Al final, cuando llegaron los bomberos, tres de ellos tenían quemaduras en el 70 al 85 por ciento de sus cuerpos y murieron poco después. Sólo el más pequeño fue rescatado con quemaduras menores.

Poco después se confirmaba que el incendio había sido provocado.

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Un reciente estudio del Centro de Investigación Infantil de la Universidad de Arizona, llevado a cabo por el profesor Murray Brillian (bonito apellido, je), ha estado analizando el DNA de casi 1,000 individuos en busca de la manera de determinar ciertas características del sujeto “a ciegas”.

El DNA, entre otras muchas cosas, determina nuestro aspecto, y el Dr Brilliant ha hallado la forma de determinar el color de cabello, piel y ojos de un individuo a partir de una muestra de DNA.

Esto tiene enormes aplicaciones en el campo de las ciencias forenses y la criminalística, ya que basta con recolectar una muestra de DNA del agresor para saber su color de ojos, piel y cabello, lo cual ayudaría a los investigadores a descartar sospechosos que no concordaran con dichos resultados y así enfocarse en los que mostraran dichas características.

El estudio será publicado en el siguiente número del Journal of Forensic Science.

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Asesinos Seriales: Patrick W. Kearney

by Andrés Borbón on 2 February, 2009

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“El asesino de las bolsas de basura”

Aproximadamente a las 5:30 de la tarde, el Domingo 13 de marzo de 1977, John LaMay le dijo a uno de sus vecinos que iría a Redondo Beach a verse con un amigo que había conocido en el gimnasio de Los Angeles al que solía ir. Cuando John no apareció en su casa esa noche ni al día siguiente, su madre llamó a la policía, diciendo que estaba segura de que algo le había sucedido, que su hijo no solía desaparecer así como así.

La Policía lo anotó todo, pero para ellos estaba claro que se trataba de otro adolescente que huía de su casa, como tantos.

Cinco días después, el 18 de marzo, los restos de John LaMay, quien era homosexual, fueron descubiertos cerca de una carretera al sur de la población de Corona. Había sido cuidadosamente desmembrado, todas las partes corporales perfectamente lavadas y drenadas de sangre y cuidadosamente empacadas en cinco bolsas de basura industrial. Cada bolsa fue cuidadosamente sellada con cinta de nylon, y tres de las bolsas habían sido metidas en un tanque de 80 galones, las otras dos estaban en el suelo, cerca del recipiente. No encontraron la cabeza del chico por ninguna parte, pero una marca de nacimiento claramente lo identificaba como John LaMay.

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Asesinos Seriales: Ahmad Suradji

by Andrés Borbón on 30 June, 2008

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El 2 de Mayo de 1997, la policía arrestó a un médico brujo indonesio llamado Ahmad Suradji cuando descubrieron tres cuerpos enterrados en una plantación de caña de azúcar cerca de su casa en las afueras de Medan, la capital de Sumatra del Norte.

Ahmad Suradji, también conocido como Nasib Kelewang o Datuk Maringgi, inicialmente confesó haber matado a 16 mujeres en un periodo de cinco años. Una búsqueda posterior en la casa de Suradji reveló ropas pertenecientes a 25 mujeres desaparecidas. Tras ser interrogado nuevamente, el criador de gatos incrementó su conteo a 42, en un periodo de 11 años. Las tres esposas de Ahmad (las tres eran hermanas) fueron también arrestadas por ayudarlo a cometer los asesinatos y a esconder los cuerpos. La mayor de las tres esposas, Tumini, fue enjuiciada como cómplice de dichos crímenes mientras que las otras dos fueron puestas en libertad.

El brujo era reverenciado por los habitantes locales, quienes creían que tenía poderes paranormales y frecuentemente lo buscaban para obtener consejos médicos y espirituales. Muchas mujeres lo contrataban para que lanzara hechizos que aseguraran la fidelidad de sus esposos y novios. Los vecinos dijeron que muchas mujeres buscaban la ayuda del brujo creyendo que las haría ricas, más saludables y sexualmente más atractivas para los hombres. La policía creía que las víctimas (cuyas edades oscilaban entre los 11 y los 30 años) se avergonzaban de decirles a sus familiares que iban a consultar al brujo y, por lo tanto, sus desapariciones no fueron relacionadas con él. Una buena cantidad de sus víctimas eran prostitutas.

Después de cobrarles entre 200 y 400 dólares, llevaba a las mujeres a la plantación de caña de azúcar cercana y las enterraba hasta la cintura como parte de un ritual. Una vez inmovilizadas, las estrangulaba con un cable eléctrico y bebía su saliva, las despojaba de sus ropas y las volvía a enterrar con las cabezas apuntando hacia su casa con la intención de incrementar sus poderes mágicos. Suradji dijo a la policía que nueve años atrás tuvo un sueño en el cual el fantasma de su padre le dijo que matara a 70 mujeres, que bebiera su saliva para que así pudiera convertirse en un "dukan", o curador místico.

El brujo era muy respetado en la región. Los vecinos declararon que frecuentemente ayudaba a los habitantes enfermos y que siempre contribuía a las obras de caridad. La policía instó a los habitantes de la zona a que denunciaran cualquier desaparición a las autoridades. Más de 80 familias reportaron a alguna mujer desaparecida, lo que hizo pensar a las autoridades que Suradji pudo haber matado a más de 42 mujeres.

Durante el juicio, tanto Suradji como Tumini negaron los asesinatos, diciendo que habían confesado porque fueron incapaces de soportar la tortura a que los sometieron los interrogadores. El 27 de Abril de 1998, una corte indonesia en el Norte de Sumatra encontró al brujo y a su esposa culpables de los asesinatos y fueron sentenciados a morir fusilados.

Asesinos Seriales: Anatoly Onoprienko

by Andrés Borbón on 23 June, 2008

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El 16 de abril de 1996, la policía arrestó a Anatoly Onoprienko, un hombre de 37 años estudiante de guardabosques, marinero y ex paciente de un hospital psiquiátrico. Con ello, se ponía fin a la peor cadena de asesinatos en la historia de Ucrania. Fue arrestado en la casa de su novia donde se halló el rifle que usó en 40 de los asesinatos que perpetró. Tenía también en su poder algunos artículos de joyería y de video pertenecientes a sus víctimas. Una vez que fue llevado preso, confesó inmediatamente haber cometido ocho asesinatos en el periodo transcurrido entre 1989 y 1995. Al principio negó otros cargos, pero pronto admitió ser "El Terminator", mote con el que se le conocía al misterioso asesino que segó la vida de 52 personas.

Todo comenzó en 1989 cuando él y un cómplice llamado Serhiy Rogozin robaron y mataron a nueve personas. Onoprienko retomó su gusto por los asesinatos a finales de 1995, matando a 43 personas en sólo seis meses antes de que la policía lo arrestara.

En marzo de 1996 se inició una intensa cacería humana en el oeste de Ucrania después de que ocho familias fueran brutalmente asesinadas en sus propios hogares. La mayor parte de las víctimas vivían en remotas villas en la región de Lvov, cerca de la frontera con Polonia. Su sed de sangre se intensificó en los últimos tres meses, en los cuales mató a unas 40 personas en las regiones de Bratkovivhi y Busk. El pánico alcanzó tales niveles que una división del ejército fue movilizada para controlar las carreteras y patrullar las calles.

El método de Onoprienko era el siguiente: Entraba a una casa poco antes del amanecer, reunía a los habitantes y les disparaba a todos, incluyendo a los niños. Después, prendía fuego a la casa y si alguien tenía la mala suerte de cruzarse en su camino, también terminaba muerto.

En el juicio, llevado a cabo en Noviembre de 1998, Onoprienko dijo que se sentía como un robot controlado por fuerzas oscuras y dijo que no permitiría que se le juzgara hasta que las autoridades descubrieran el origen de esta fuerza oscura. Dijo también que escuchaba voces, las cuales le ordenaban que llevara a cabo los crímenes. También decía que todo estaba provocado por la influencia de la CIA y la Interpol. Sin embargo, el examen psiquiátrico que se llevó a cabo concluyó que era apto para ser juzgado. En una entrevista que sostuvo desde su celda con los medios de comunicación, declaró que jamás se arrepintió de lo que hizo y que no se arrepentía ahora. Añadió que ciertas fuerzas cósmicas planeaban destruir la humanidad y reemplazarla con Bio-Robots. También aseguró tener poderes telepáticos y que sus capacidades hipnóticas le permitían conocer cosas que ni el presidente del país sabía, que había recibido permiso para matar. Añadió que amaba a todas las personas, inclusive a aquellas que mató. Después dijo que, inclusive, había planeado el asesinato de su propio hijo.

Cuando estaba en la corte, el juez preguntó si tenía algo que decir. Onoprienko simplemente levantó los hombros, se acercó al micrófono y dijo: "No, nada". Cuando se le preguntó su nacionalidad, respondió: "Ninguna". El juez Dimitry Lipsky replicó que eso era imposible. Onoprienko levantó los ojos al techo y dijo: "Bueno, de acuerdo a los representantes de la ley, soy Ucraniano". El equipo defensor de Onoprienko argumentó que antes de los asesinatos se había hecho un diagnóstico de esquizofrenia en su defendido, y que a pesar de que el peritaje llevado a cabo antes del juicio no había corroborado la enfermedad de su cliente, una opinión independiente había coincidido con tal diagnóstico. Los acusadores, por su parte, argumentaban que Onoprienko simulaba los síntomas para evadir la acción de la justicia.

Años después, Onoprienko diría en una entrevista: "Para mí, matar es como romper una colcha. Hombres, mujeres, ancianos, niños, todos son lo mismo. Nunca me he arrepentido por aquellos a quienes he matado. No amor, no odio, sólo ciega indiferencia. No los veo como individuos, sino como cosas".

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Onoprienko fue sentenciado a cadena perpetua, ya que Ucrania ha firmado un acuerdo con la Comunidad Europea que prohibe la pena de muerte. Sin embargo, una revisión de su caso podría reducir su condena a 20 años. Sorprendentemente, Anatoly Onoprienko ha declarado que no piensa acudir a las audiencias para lograr una reducción de su condena. Dice que debe ser ejecutado. "Si estoy libre de nuevo, comenzaré a matar otra vez. Pero en esta ocasión será peor, 10 veces peor. La necesidad está aquí". Y agregó: "Si no me matan, escaparé de esta prisión y la primera cosa que haré será buscar a alguien y colgarlo de un árbol de los testículos".

Asesinos Seriales: Andrei Chikatilo

by Andrés Borbón on 16 June, 2008

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Es conocido como "El Hannibal Lecter Soviético".

Cuando era niño, el hermano de Andrei Chikatilo fue raptado por la gente de una villa cercana y se lo comieron. Eran los tiempos de hambruna en la antigua Unión Soviética. De adulto, Chikatilo vivió una doble vida como esposo, miembro del Partido Comunista y maestro mientras, al mismo tiempo, disfrutaba matando niños impunemente.

Chikatilo vivía en Rostov, una ciudad a 500 millas de Moscú, donde mataba preferentemente niños. Acechaba a sus víctimas en las estaciones de trenes y de autobús, y le gustaba mutilarlos y destriparlos. Era también un caníbal y un sádico. Su macabro reinado de terror duró doce años y fue finalmente detenido en 1992. Chikatilo no era particularmente hábil para esconder sus crímenes. Cuando finalmente fue apresado, los investigadores estaban sorprendidos de que el buscado asesino fuera miembro del Partido. La investigación de los crímenes sirvió, también, para deshacerse de muchos homosexuales en un intento por realizar una "limpieza moral" del Partido. Muchos piensan que parte de la culpa es de las autoridades soviéticas, pues se negaban a creer que dicho régimen pudiera cobijar a una asesino de las dimensiones de Chikatilo y esto retrasó considerablemente su captura.

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Años antes de su arresto, fue interrogado y liberado cuando la policía halló que su tipo sanguíneo no correspondía con el semen hallado en uno de los cuerpos. Ahora se sabe que en algunos raros casos (Chikatilo es uno de ellos) el tipo sanguíneo y el semen de una persona no concuerdan. Libre de nuevo, Andrei Chikatilo continuó su campaña de destrucción con renovado ímpetu. Eventualmente, fue arrestado gracias a la determinación de dos investigadores, quienes recordaron a Chikatilo cuando fue arrestado de nuevo, ésta vez por hallarse en las inmediaciones de una estación de trenes donde se acababa de cometer el asesinato de un niño.

En el juicio, Chikatilo presenció los procedimientos judiciales encerrado en una jaula y los asistentes pudieron ver a un hombre de comportamiento salvaje, que hacía descripciones grotescas de cada uno de sus asesinatos, quien aseguraba que escuchaba la voz del demonio y que decía a gritos: "¡Soy un error de la naturaleza! ¡Una bestia enloquecida!" Muchos de los asistentes al juicio se desmayaron de la impresión cuando describió la manera en que se comía los testículos de los niños.

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Andrei Chikatilo fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 14 de Febrero de 1994. En total, se cree que mató a unas 52 personas.

Como sucede con muchos asesinos seriales, su historia sirvió de tema para una película (Citizen X, estelarizada por Donald Sutherland y Stephen Rea).

Asesinos Seriales: Michael Swango

by Andrés Borbón on 9 June, 2008

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Las autoridades sospechan que el doctor Michael Swango envenenó y mató cerca de 60 pacientes que se encontraban bajo su cuidado durante los diez años que precedieron a su arresto. Trabajó como médico en Ohio, Quincy, Massachussetts, Virginia, South Dakota, New York y Zimbabwe. En todos esos lugares en los que el afable médico prestó sus servicios se produjeron muertes repentinas, inesperadas. Sin embargo, nunca ha sido posible comprobar ninguno de estos crímenes.

Las autoridades comenzaron a vigilar sus actividades desde que, en 1984, cuando trabajaba en Quincy, Illinois como paramédico, muchos de sus compañeros de trabajo se quejaban de haberse enfermado cada vez que Swango les llevaba algo de beber o de comer. Cuando uno de sus colegas halló veneno para hormigas en el azúcar que pertenecía a Swango, dieron aviso a la policía y registraron su casa. Ahí encontraron libros de "Hágalo Usted Mismo" sobre armas, técnicas de destrucción masiva así como libros de ocultismo, algunas armas, botellas con veneno en diferentes concentraciones, una gran cantidad de venenos para rata y algunas semillas de donde era posible obtener ricina, un veneno imposible de rastrear. Fue enjuiciado y condenado a cinco años de cárcel por los intentos de asesinato, aunque como ninguno de sus víctimas murió ni estuvo gravemente enferma la pena se redujo considerablemente. El juez Dennis Cashman dijo: "No creo que su intención fuera matar. Pienso que deseaba llevarlos al borde de la muerte. Eran para él como un experimento de laboratorio".

Mientras Swango se encontraba en la cárcel, los investigadores del caso fueron al Hospital Universitario de Ohio State, donde Swango trabajó como interno. Las enfermeras dijeron a los investigadores que tenían sus sospechas con respecto a él, ya que había sido visto en las habitaciones de algunos pacientes unos minutos antes de que estos murieran inesperadamente.

Swango salió de la cárcel bajo palabra en 1987 después de permanecer ahí dos años y medio de su sentencia de cinco. Llama la atención que después de esto continuara su carrera en el cuidado de la salud con resultados más letales aún. Saltó de trabajo en trabajo y fue despedido al menos tres veces después de que se sospechara de sus actividades o cuando alguien se enteraba de su pasado.

A principios de la década de 1990, consiguió un trabajo en el Hospital Estatal de la Universidad de Nueva York. El FBI investigó a 147 pacientes que habían estado bajo los cuidados de Swango y que, "misteriosamente" habían muerto. En varios de estos pacientes se realizaron autopsias, pero los resultados no fueron concluyentes. Para 1993 había desaparecido, pero reapareció poco tiempo después en Zimbabwe. Ahí trabajo en un hospital rural donde fue suspendido después de que cinco pacientes bajo su cuidado murieron sospechosamente.

Tras su despido, viajó a Sudáfrica, la moderna mecca de los asesinos seriales, donde contactó a las autoridades de salud en Arabia Saudita, quienes le ofrecieron un trabajo. Finalmente, en Julio de 1997, Swango fue arrestado cuando entró a los Estados Unidos para tramitar una visa que le permitiera ingresar a Arabia Saudita. Aunque fue arrestado por cargos menores (fraude, prescripción ilegal de narcóticos), el FBI siguió trabajando para reunir suficiente evidencia como para enjuiciarlo por sus crímenes.

Finalmente, tres años después, Swango fue finalmente enjuiciado por los asesinatos. El 11 de Julio del 2000, Michael Swango se declaró culpable por el asesinato de tres de sus pacientes y por los cargos de fraude. Fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de salir bajo palabra.

Los cálculos más optimistas arrojan un total de 60 asesinatos, aunque hay quien dice que la cifra puede ser de medio millar de víctimas.

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Asesinos Seriales: Javed Iqbal

by Andrés Borbón on 19 May, 2008

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El 16 de marzo del 2000, una corte pakistaní en la ciudad de Lahore sentenció al asesino serial de niños Javed Iqbal a la pena de muerte. El juez ordenó que fuera ahorcado en presencia de los padres de los niños que asesinó. El juez Allah Baksh Ranja añadió que, después de esto, el cuerpo sería cortado en 100 pedazos y puesto en ácido de la misma manera que Iqbal hizo con sus víctimas. Sus tres cómplices también fueron juzgados. Uno de ellos, de nombre Sabir, de 13 años de edad, fue sentenciado a 42 años de prisión y los otros dos a la pena de muerte.

Iqbal, de 42 años, inicialmente confesó sus crímenes en una carta enviada a la policía. En ella, decía que estranguló a los niños, los desmembró y los arrojó a un recipiente con ácido. Después, se retractó de su confesión, pero era demasiado tarde: La policía encontró los restos de dos cuerpos en un recipiente en su casa. También hallaron las fotografías de los 100 niños que Iqbal había confesado matar en su carta. También hallaron ropas pertenecientes a los niños. Se convirtió, de esta manera, en el peor asesino serial de Pakistán. Previamente, los peores asesinatos seriales habían sido perpetrados a mediados de la década de los 80s cuando docenas de personas fueron asesinadas en una serie de misteriosos ataques nocturnos. La policía los llamó "El grupo del martillo". Los atacantes irrumpían en las casa y golpeaban a sus habitantes con martillos hasta matarlos. Nunca fueron apresados.

Los padres de los niños desaparecidos fueron contactados para que testificaran sobre las ropas y las fotografías halladas en casa de Iqbal. La mayoría fueron identificados, pero la policía no pudo recuperar ninguno de los cuerpos. La búsqueda de Iqbal fue una de las mayores cacerías humanas en Pakistán. El 30 de diciembre, Iqbal entró a las oficinas de un conocido periódico paquistaní y confesó todo. Se rehusó acudir a la policía porque, dijo, temía por su vida. Durante el juicio, el asesino de niños dijo que sólo había sido testigo de los asesinatos, pero que no había matado a nadie.

Inicialmente, Iqbal dijo que había matado a los niños, pero que estos eran sólo vagos, y que lo había hecho como una forma de venganza por el abuso que cometieron con él las autoridades policíacas cuando, en un previo arresto por sodomía, lo golpearon salvajemente. Durante los seis meses que duró la matanza de niños, Iqbal mantuvo un detallado registro de los asesinatos, haciendo listas de los nombres, edades y las fechas en que murieron. También conservó los zapatos y mucha de la ropa. Por si esto fuera poco, calculó cuánto había gastado en matarlos. Dijo que en, términos de costo, incluyendo el ácido, le había costado 120 rupias (2.40 dólares) asesinar a cada una de las víctimas.

Una semana después de su sentencia, un alto mandatario de la Iglesia pakistaní dijo que la planeada ejecución de Iqbal iba en contra de los postulados islámicos. La sentencia especificaba que el cuerpo de Iqbal debía ser cortado en 100 pedazos y disuelto en un recipiente con ácido, pero el Consejo de la Ideología Islámica dijo que ofender el cuerpo de una persona muerta desafiaba las creencias islámicas y al Corán mismo.

El 25 de Octubre del 2001, Iqbal fue hallado muerto en su celda, aparentemente envenenado. Su suicidio aconteció 4 días después de que Iqbal presentara una apelación a la sentencia argumentando que había confesado los crímenes tras ser golpeado por las autoridades, y que era víctima de una conspiración policiaca. Sin embargo, la evidencia contra Iqbal era contundente y, además, tenía varios intentos suicidas previos, lo cual hizo creíble el método que eligió para escapar de su condena.