Karl Denke (1870-1924) nació en Silesia, la cual ahora es parte de Polonia, no se sabe mucho de él, sólo que regenteaba un hotel en su ciudad natal y que sus inquilinos le llamaban cariñosamente “Papá”. Participaba en actividades voluntarias en la iglesia local (era quien tocaba el órgano) pero, además, se daba tiempo para devorar seres humanos. Se piensa que comió de por lo menos 30 víctimas, aunque algunos piensan que pudieron ser 40 o más.
El 21 de diciembre de 1924 uno de los inquilindos de Denke, escuchó gritos que pedían ayuda y que parecían provenir del departamento de Denke, en la planta baja. Temiendo que Denke estuviera herido, el individuo (de nombre Gabriel) corrió a prestar ayuda y encontró a un joven arrastrándose por el corredor, con sangre escurriéndole del cuero cabelludo, abierto en un profundo tajo. Antes de perder el conocimiento, el pobre hombre alcanzó a mascullar que “Papá” Denke lo había atacado con un hacha.
La policía arrestó a Denke y en su departamento hallaron documentos de identificación de 12 agentes viajeros, además de ciertos artículos de vestir que no le pertenecían al casero. En la cocina, dos grandes recipientes con carne picada, mezcladas con huesos de origen humano y frascos llenos de grasa. Con todo ello, los investigadores calcularon que se trataba de aproximadamente treinta víctimas. En los registros de Denke encontraron una lista nombres y fechas, con el respectivo peso de cada una de las víctimas desde 1921. De acuerdo al registro, se especializó en matar vagabundos, pordioseros y viajeros cuyas desapariciones no fueran muy notorias. No hay evidencia de que hubiese existido abuso sexual. Poco después del arresto, el criminal se colgó en su celda impidiendo que se estudiara más a fondo su caso.
Evidentemente, buena parte de la carne que consumían los abonados de Denke era de origen humano, incluyendo las salchichas, en las que Denke hizo especial énfasis debido a la calidad de éstas.






