crimenes seriales

Asesinos Seriales: Karl Denke

by Andrés Borbón on 19 January, 2009

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karl_denke.jpgKarl Denke (1870-1924) nació en Silesia, la cual ahora es parte de Polonia, no se sabe mucho de él, sólo que regenteaba un hotel en su ciudad natal y que sus inquilinos le llamaban cariñosamente “Papá”. Participaba en actividades voluntarias en la iglesia local (era quien tocaba el órgano) pero, además, se daba tiempo para devorar seres humanos. Se piensa que comió de por lo menos 30 víctimas, aunque algunos piensan que pudieron ser 40 o más.

El 21 de diciembre de 1924 uno de los inquilindos de Denke, escuchó gritos que pedían ayuda y que parecían provenir del departamento de Denke, en la planta baja. Temiendo que Denke estuviera herido, el individuo (de nombre Gabriel) corrió a prestar ayuda y encontró a un joven arrastrándose por el corredor, con sangre escurriéndole del cuero cabelludo, abierto en un profundo tajo. Antes de perder el conocimiento, el pobre hombre alcanzó a mascullar que “Papá” Denke lo había atacado con un hacha.

La policía arrestó a Denke y en su departamento hallaron documentos de identificación de 12 agentes viajeros, además de ciertos artículos de vestir que no le pertenecían al casero. En la cocina, dos grandes recipientes con carne picada, mezcladas con huesos de origen humano y frascos llenos de grasa. Con todo ello, los investigadores calcularon que se trataba de aproximadamente treinta víctimas. En los registros de Denke encontraron una lista nombres y fechas, con el respectivo peso de cada una de las víctimas desde 1921. De acuerdo al registro, se especializó en matar vagabundos, pordioseros y viajeros cuyas desapariciones no fueran muy notorias. No hay evidencia de que hubiese existido abuso sexual. Poco después del arresto, el criminal se colgó en su celda impidiendo que se estudiara más a fondo su caso.

Evidentemente, buena parte de la carne que consumían los abonados de Denke era de origen humano, incluyendo las salchichas, en las que Denke hizo especial énfasis debido a la calidad de éstas.

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Asesinos Seriales: Gerard Schaefer

by Andrés Borbón on 12 January, 2009

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Gerard Schaefer

El error

Pamela Sue Wells y Nancy Ellen Trotter son afortunadas de seguir con vida. Las dos atractivas adolescentes, de 18 y 17 años respectivamente, pedían “aventón” el 21 de Julio de 1972 cuando el oficial Gerard Schaefer se detuvo, pidió sus nombres y les dijo que pedir aventón era ilegal en el condado (no lo era). Llevó a las chicas de regreso a la casa de medio camino donde estaban quedándose y les ofreció llevarlas a la playa a la mañana siguiente.

Ambas aceptaron

El día siguiente, Schaefer las recogió, pero en lugar de dirigirse hacia la playa las condujo a la Isla Hutchinson, diciéndoles que les mostraría un fuerte español. Una vez ahí, sacó su pistola y les dijo que planeaba venderlas como esclavas blancas a una organización de prostitución extranjera. Luego las sacó del automóvil y las dejó bajo un árbol, con sogas atadas a sus cuellos y los pies apoyados en las raíces. Si resbalaban de su punto de apoyo, morirían ahorcadas. Schaefer dejó el lugar, prometiendo regresar en breve pero, de alguna manera, las chicas se las arreglaron para escapar.

Cuando Schaefer regresó al lugar y no las encontró, llamó por teléfono a su jefe y le dijo que había hecho algo muy tonto, que se había “sobrepasado” en su trabajo y, después de describirle el asunto de las chicas, añadió que solamente quería darles un buen susto, por su propio bien.

Richard Crowder, el jefe de Shaefer, le ordenó que volviera a la estación y salió en busca de la chicas, a quienes halló aún esposadas en el bosque.

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Asesinos Seriales: Vasili Komaroff

by Andrés Borbón on 29 December, 2008

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Vasili Komaroff

Vasili Komaroff era conocido entre sus vecinos como un hombre sonriente y amigable. Se dedicaba a los caballos, y tenía un establo en su casa, en el distrito Shabolovki de Moscú.

Pero nadie sospechaba que era “El Lobo de Moscú”, un escurridizo asesino serial que había estado aterrorizando la zona y engañando a los investigadores policiacos en una cacería humana que llevaba ya dos años.

Eran tiempos difíciles y la vida valía poco a principios de los 1920. La revolución y los crueles actos que la acompañaron enseñaron al pueblo a vivir en el peligro, pero la reciente serie de asesinatos cometidos en la capital de la nación eran algo totalmente distinto.

Desde finales de 1921 hasta principios de 1923, la policía persiguió al brutal verdugo de 21 víctimas (varones), cada uno de ellos envuelto firmemente en costales y dejados en terrenos abandonados del barrio de Shabolovki. Los cuerpos habían sido atravesados como pollos para rostizar. Los detectives notaron que los cuerpos siempre eran hallados en los días jueves y sábados. Esto no era una mera coincidencia, tomando en cuenta que los caballos eran llevados al mercado local para su venta los miércoles por la tarde y los viernes. Esto hacía probable que las víctimas fueran “elegidas” de entre las personas que acudían al mercado.

Poco tiempo después, los investigadores escucharon hablar de Vasili Komaroff. Los otros vendedores de caballos decían que era curioso que Vasili solía alejarse del mercado con los compradores. Investigando un poco más a fondo, se dieron cuenta que el tranquilo, apacible y sonriente Komaroff tenía un pasado turbio y violento. En una ocasión, intentó colgar a su hijo mayor, de ocho años, pero fue detenido por su esposa.

Un equipo de detectives visitó el establo de Komaroff con el pretexto de buscar una destilería clandestina y encontraron a su última víctima envuelta en un saco debajo de una pila de paja. Vasili Komaroff fue detenido inmediatamente y pronto confesó sus crímenes. En total, recordó haber matado a 33 personas, todo ellos posibles clientes, engañándolos con la promesa de mostrarles ofertas y matándolos en su establo. Los robaba, introducía los cuerpos en sacos y los dejaba en diversos lugares. Komaroff llevó a los investigadores a los sitios donde solía dejar los cadáveres y fueron descubiertos cinco cuerpos más. A otros los arrojaba a un río cercano y sus restos jamás fueron hallados.

Mientras estuvo en prisión, Vasili intentó suicidarse en tres ocasiones. En el juicio, admitió todos los cargos y pidió ser ejecutado lo más pronto posible. Dijo: “Tengo 52 años. He vivido bien y no quiero vivir más”. Cuando le preguntaron sobre sus crímenes dijo que era la cosa más fácil del mundo. Simplemente los golpeaba en la cabeza con un martillo o los estrangulaba.

En el juicio, llevado a cabo el 7 de junio de 1923, la esposa de Komaroff fue acusada también, argumentando que difícilmente pudo haber ignorado las actividades de su esposo. Vasili fue condenado a morir fusilado.

Cuando abandonaba su celda para ser ajusticiado, el lobo de Moscú dijo: “Bueno, ahora es mi turno de estar en un saco”.

Los Komaroffs (Vasili y su esposa) fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento el 18 de junio de 1923.