Hay a quienes les gusta hacer complicado lo sencillo y sería injusto no confesar que este tipo de máquinas me fascinan. Se llaman máquinas de Rube Goldberg en honor de uno de sus inventores (al menos el más conocido).
Estos chicos, patrocinados (y seguramente asesorados) por Coca-Cola, han fabricado una máquina que es, si no la más compleja que he visto, al menos sí una de las más divertidas y que tiene el simplísimo propósito de servir dos vasos de Coca-Cola y… no quiero arruinar la sorpresa.
El detalle final con la guitarra eléctrica es la cereza del pastel.
Unos cuantos comerciales que me he hallado en mis vagabundeos por YouTube y que me remiten a mi más tierna infancia. El de la familia Telerín y el de los Tomatitos son mis preferidos.
Evidentemente, Audi me ha obsequiado uno de estos autos (nuevecito, cero kilómetros) para que cuelgue el video en el blog (Je, je, es broma).
Un curioso comercial donde Audi ha elegido a los vampiros, esas criaturas de la noche para hacer notar que los faros del vehículo generan luz con un espectro idéntico a la de la luz de día.
No sé casi nada de autos (el tema no me interesa), pero debo admitir que el coche se ve “perrón”, como dicen los norteños de por acá.
De vez en cuando vemos comerciales realmente ingeniosos, o que si no lo son del todo al menos reflejan una cantidad enorme de esfuerzo y dedicación. Este es el caso del comercial cuyo video acompaña a esta entrada, en donde un pato envía desde Canadá un palo de Hockey a un perrito en Miami que no sabe muy bien qué hacer con él.