Es sabido que las personas de diferentes culturas actúan de forma distinta, pero de acuerdo a Takahiko Masuda, de la Universidad de Alberta, la diferencia no solamente está en la conducta, sino también en la forma de pensar.
Los norteamericanos tratan de identificar al elemento más importante antes de tomar una decisión. En el Este de Asia las personas se preocupan más por el contexto.
Masuda estudió el movimiento de los ojos de estadounidenses y de japoneses cuando analizaban una imagen de personas representadas como caricaturas. Cuando se les pidió que interpretaran las emociones de la persona en el centro, los japoneses miraron a esta persona aproximadamente un segundo antes de cambiar su atención hacia las personas en el fondo. Ellos necesitaban saber cómo se sentía el grupo antes de entender la emoción del individuo.
Los estadounidenses (al igual que los canadienses en subsecuentes estudios), se enfocaron el 95% del tiempo en la persona del centro. Sólo el 5 por ciento de su atención se dedicó a los personajes del fondo y esto no modificó su interpretación de la emoción en la figura central. Para los estadounidenses lo que sucede en el frente es lo más importante.
Como en los chistes, tengo dos noticias, una buena y una mala:
La buena es que los científicos han descubierto que la cafeína puede proteger al cerebro y evitar que desarrolle la Enfermedad de Alzheimer.
La mala noticia es que se requieren al menos 500mg al día para que el efecto protector se manifieste. Esto equivale a 5 tazas de café muy cargado.
Como en la mayor parte de los casos, el experimento se realizó en animales (ratones) y aquellos que recibían una dosis alta de cafeína tenían un cerebro más activo (no me extraña, con tanto café) y además desarrollaban la mitad de proteínas amiloides anormales, que se piensa juegan un papel importantísimo en la patogenia de la enfermedad de Alzheimer.
Pero los ratones que recibían dosis medianas o bajas de cafeína no tenían este beneficio y los científicos del Centro de Investigación para el Alzheimer de Florida calcularon que la dosis protectora en un humano sería de 500mg al día.
Y aunque hay grandes bebedores de café y personas que jamás lo toman, el estadounidense promedio bebe algo así como una taza y media de café al día, por lo que se halla muy por debajo del nivel necesario para que la bebida provea la neuroprotección requerida.
No voy a entrar en detalles para no arruinarles la sorpresa, pero este chimpancé debe ser el Einstein de los de su especie, pues resuelve el problema de una forma que, debo admitirlo, no se me ocurrió de primera instancia. Una vez que vi cómo hacía para sacar el cacahuate del tubo de vidrio fijado a la reja, me pareció de lo más lógico, pero no sé si yo lo hubiese hecho así, y con tanta rapidez.
El cerebro humano mejora en algunas funciones mientras envejece, de acuerdo a un estudio científico que sugiere que la edad en realidad confiere sabiduría.
Un estudio ha demostrado que la memoria a largo plazo permanece sin afectación con la edad, y que el vocabulario de la persona, la inteligencia emocional y las habilidades sociales se hacen cada vez mejores.
Sin embargo, la memoria a corto plazo, las habilidades para el aprendizaje y el razonamiento lógico declinan con la edad, pero esto demuestra que no todas las facultades mentales alcanzan su máximo en los 20s, como se pensaba anteriormente.
Otros estudios recientes muestran que las personas ancianas pueden aún aprender nuevas habilidades pero son más sabios porque sus cerebros dependen menos de la sensación de bienestar que proveen algunas hormonas y esto hace que se conduzcan guiados en menor medida por las emociones y la impulsividad.
Los hallazgos también recalcan que la discriminación hacia los viejos debe desaparecer del terreno laboral, particularmente en roles profesionales o ejecutivos, y tiene relación con los planes de varios gobiernos para extender la edad de retiro obligatorio para millones de trabajadores.
Investigadores de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, estudiaron el efecto que ejercían las palabras de sujetos calificados como sanadores en personas devotas. Al escuchar grabaciones de sus discursos, amplias regiones de la corteza prefrontal y del cíngulo anterior se desactivaban. Estas áreas son las responsables del pensamiento escéptico, la vigilancia y el juicio crítico. Un fenómenos semejante ocurrió cuando el sujeto escuchaba las palabras de médicos, parientes y políticos, siempre y cuando fuesen sujetos carismáticos. Esto indica que el juicio preconcebido de una persona sobre la credibilidad y autoridad de su interlocutor modifica radicalmente la actividad del cerebro de quien escucha.
Investigadores de la Universidad de Harvard hallaron que tomar una siesta inmediatamente después de una sesión de estudio mejora la capacidad de aprendizaje. Para llegar a esta conclusión, pidieron a los sujetos que trataran de aprender un laberinto. Aquellos que tomaban una siesta después de esto, y que reportaban haber soñado con el laberinto, tenían un mejor desempeño recordándolo, mientras que aquellos que no durmieron, o que no soñaron con el laberinto, lo hicieron peor. De alguna manera, concluyeron los investigadores, el sueño es una continuación inconsciente del proceso de aprendizaje.
Un interesante artículo de la revista Neuron, publicado el 8 de septiembre del presente año (2009) muestra cómo se almacenan los recuerdos en nuestro cerebro, cómo se fijan y cómo son rescatados para que lleguen nuevamente a nuestra conciencia.
Lo más relevante del estudio, dejando atrás los tecnicismos, es que finalmente se ha comprobado que muchos recuerdos recientes (20 minutos) permanecen en nuestro cerebro a pesar de que creamos haberlos olvidado. Cuando recordamos, se activan ciertas áreas de nuestro cerebro (en rojo, en la imagen) que nos llevan de regreso a la experiencia que originó la memoria. Pero lo más sorprendente es que cuando hemos olvidado algo, de todas formas se activan dichas zonas, lo cual no sucede si el recuerdo efectivamente no está en nuestro cerebro.
Parece algo tonto el preguntarse qué hace el cerebro cuando no hace nada, y la respuesta es, al mismo tiempo, complicada y sencilla.
El cerebro jamás hace “nada”. Esto quiere decir que no existe un estado en el cual el cerebro esté inactivo totalmente. Excepto en la muerte, por supuesto.
Cuando el cerebro no está enfocado en una tarea, se activan ciertas áreas específicas que tienen que ver con lo que los neurocientíficos han llamado el “estado por default del cerebro”. Dichas áreas del cerebro (marcadas con puntos rojos y azul intenso en la fotografía) son, por si desean saberlo, el cíngulo posterior (incluyendo el precúneo) y la corteza frontal medial, además de ciertas áreas de la corteza temporal posterior, que no cuentan porque son áreas auditivas y de memoria que de todas formas están siempre activas.