
Desde hace tiempo se sabe que la restricción calórica, además de mejorar nuestra salud global, incrementa la longevidad, pero ahora se ha comprobado que también preserva la inteligencia… al menos en ratones.
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Desde hace tiempo se sabe que la restricción calórica, además de mejorar nuestra salud global, incrementa la longevidad, pero ahora se ha comprobado que también preserva la inteligencia… al menos en ratones.
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El título de esta entrada puede paracer (y es) un poco ambiguo ya que no hay forma clara de explicar el tema, pero resulta que un estudio realizado en Estonia con Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) que es la aplicación de campos magnéticos sobre el cráneo para estimular las áreas subyacentes, reportó que nuestra tendencia a decir la verdad puede ser alterada.
Un grupo de sujetos recibió EMT en la corteza dorsolateral prefrontal (CDP) derecha, mientras que el otro grupo recibió dicha estimulación del lado izquierdo y luego se les mostraron discos en la pantalla de una computadora que eran de dos colores: azules y rojos. También se les dijo a los individuos que podían decir el color real del círculo o no, como prefirieran.
El resultado, algo sorprendente, fue que los individuos en quienes se estimuló la CDP izquierda tendieron a mentir más que el otro grupo, mientras que aquellos que recibieron estimulación magnética transcraneal del lado derecho tendieron a mentir menos que el promedio.
Las implicaciones de esto son difíciles de predecir. En primer lugar, el número de participantes (solo fueron 16 sujetos) fue bajo, y esto pudo provocar un sesgo estadístico ya que el tamaño de la muestra no posee la potencia estadística como para extraer conclusiones inequívocas.
Lo que resulta obvio es que se trata de una línea de investigación que vale la pena seguir, por sus implicaciones tanto en personas sanas como en las que no lo están. Pensemos en la personalidad antisocial o sociopática, la mitomanía y una larga serie de transtornos que tiene que ver con el cumplimiento de las normas sociales y la conciencia moral.
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Todo el que ha estudiado la memoria, se habrá topado muy probablemente con el famoso paciente "H. M.", el cual sufrió la pérdida del hipocampo (una región del lóbulo temporal) que se encarga de la memoria, específicamente de la formación de nuevos recuerdos. Le fue extirpado cuando tenía 20 años para tratar su grave epilepsia.
H. M. no era capaz de generar nuevos recuerdos y se convirtió en uno de los pacientes más estudiados y su caso uno de los más célebres, pues ayudó a establecer el papel del hipocampo en la formación de la memoria.
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Científicos en Inglaterra realizaron un estudio en el cual daban dosis de cafeína a ciertos sujetos, sin que estos lo supieran (todos pensaban que estaban bebiendo café descafeinado).
El propósito del estudio era investigar cómo esta sustancia afectaba el trabajo colaborativo. Sin embargo, al analizar los resultados encontraron que había diferencias importantes en cómo afectaba la bebida a los hombres y a las mujeres.
Resulta que los hombres que bebían café con cafeína tardaron, en promedio, 20 segundos más en resolver un puzzle, mientras que las mujeres fueron 100 segundos más rápidas que cuando su bebida no contenía el estimulante.
Por supuesto que el estudio no es concluyente, ya que la muestra fue pequeña y en realidad no fue diseñado para probar esta hipótesis, pero un estudio más amplio y mejor diseñado podría comprobar estos sorprendentes resultados.
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La discalculia es el equivalente a la dislexia, pero con los números.
El cálculo matemático (aún el más simple) es una de las funciones cognoscitivas más importantes, pero así como hay quienes tienen dificultad para diferenciar el lado derecho del izquierdo, una letra de otra o de usar las reglas ortográficas, existen personas para quienes realizar algunos cálculos matemáticos puede ser una proeza. Padecen "discalculia" cuando el problema es simplemente una dificultad o "acalculia" cuando son incapaces de cualquier manipulación numérica.
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Un reciente estudio publicado en Current Biology investiga la forma en que se desarrollaban los cerebros de los extintos Neanderthales y compara este proceso con el de nosotros.
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Investigadores de la División de Sueño y Cronobiología de la Universidad de Pennsylvania han descubierto que una noche de sueño reparador no basta para recuperarse de dormir insuficientemente.
En el estudio, se incluyeron a 159 sujetos sanos, a quienes se les permitió dormir lo que quisieran durante dos noches consecutivas y se les practicaron pruebas para mediar su atención, su velocidad de reacción y otras funciones mentales. Después de esto, los sometieron a una restricción de sueño en la que se les permitía dormir sólo 4 horas, durante cinco días seguidos y las pruebas fueron repetidas, notándose un marcado descenso en prácticamente todos los parámetros de rendimiento intelectual.
Una vez transcurrido el periodo de restricción de sueño, a algunos se les permitió dormir hasta 10 horas consecutivas y aunque su funcionamiento cognitivo mejoró notablemente, no se normalizó con respecto al estado inicial.
Todo esto quiere decir que no basta una buena noche de sueño para recuperarse de un periodo de constantes desvelos, y nos alerta sobre los efectos nocivos de no dedicar al sueño las horas necesarias. También nos muestra que no basta una sola noche de sueño prolongado para recuperarnos, ya que aún después de dormir 10 horas consecutivas los individuos mostraban somnolencia, falta de atención, fallas en la memoria y tiempos de reacción a los estímulos mucho más lentos.
Es decir, si queremos rendir intelectualmente en alguna tarea importante, lo mejor es dedicar al sueño el tiempo suficiente ya que es probable que si hemos dormido poco por varios días consecutivos cometeremos errores, estaremos distraídos, tendremos dificultad para memorizar datos y, probablemente, tomemos decisiones equivocadas.
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Es sabido que las personas de diferentes culturas actúan de forma distinta, pero de acuerdo a Takahiko Masuda, de la Universidad de Alberta, la diferencia no solamente está en la conducta, sino también en la forma de pensar.
Los norteamericanos tratan de identificar al elemento más importante antes de tomar una decisión. En el Este de Asia las personas se preocupan más por el contexto.
Masuda estudió el movimiento de los ojos de estadounidenses y de japoneses cuando analizaban una imagen de personas representadas como caricaturas. Cuando se les pidió que interpretaran las emociones de la persona en el centro, los japoneses miraron a esta persona aproximadamente un segundo antes de cambiar su atención hacia las personas en el fondo. Ellos necesitaban saber cómo se sentía el grupo antes de entender la emoción del individuo.
Los estadounidenses (al igual que los canadienses en subsecuentes estudios), se enfocaron el 95% del tiempo en la persona del centro. Sólo el 5 por ciento de su atención se dedicó a los personajes del fondo y esto no modificó su interpretación de la emoción en la figura central. Para los estadounidenses lo que sucede en el frente es lo más importante.
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