
Aunque El Dr. Walter Jackson Freeman II no inventó la lobotomía, fue uno de sus más grandes propagandistas, realizando más de 2,500 de estas intervenciones en su vida, la primera de ellas con un picahielos común y corriente, y posteriormente desarrollando instrumentos más especializados, llamados leucotomos. Realizaba sus lobotomías (o leucotomías) en pocos minutos, clavando el leucotomo en la órbita y realizando un leve movimiento lateral, para cortar las fibras que conectan la corteza prefrontal con el resto del cerebro. En la foto que acompaña esta entrada se le ve trabajando en un paciente sin usar siquiera guantes y cubrebocas.
La eficacia de la lobotomía es discutible, pero de ella se han derivado otras intervenciones menos destructivas y más específicas de psicocirugía que, contra la creencia popular, no ha desaparecido. Se sigue practicando aunque de forma mucho más selectiva y seccionando diminutos haces de fibras nerviosas para el control de algunos síntomas en pacientes donde todos los tratamientos han fallado, y siempre como último recurso.





