ciencias cognitivas

perro feliz Un grupo de científicos, comandados por el profesor Ross Flom, de la Universidad Brigham Young, descubrieron que los bebés entienden los ladridos de los perros.

Bueno, no es que puedan saber lo que dicen, sino que los 128 niños con edades comprendidas entre los 6 meses y los 2 años, pudieron identificar adecuadamente grabaciones de audio de gruñidos amenazantes y de ladridos amistosos y mirar hacia la fotografía correcta, una de ellas mostrando un perro juguetón y otra un perro amenazante.

Lo interesante de esto es que los niños no habían tenido contacto con perros, por lo que los investigadores concluyeron que dicha habilidad es innata, y no tiene que ver con la experiencia o el aprendizaje.

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perro-con-mirada-culpable ¿Qué sucede en realidad cuando los perros tienen cara de culpables?

Alexandra Horowitz, Profesora del Barnard College, en Nueva York, ha publicado recientemente un trabajo en la revista Behavioural Processes titulado “Canine Behaviour and Cognition” (Comportamiento canino y cognición) que explora un fenómeno bastante conocido por todo aquél que ha tenido un perro alguna vez: La “mirada culpable”.

Cuando los perros se portan mal y son atrapados “con las manos en la masa” e incluso cuando no los sorprendemos cometiendo “el delito”, adoptan una actitud como la del perro que acompaña esta anotación: Bajan las orejas, se encorvan un poco y miran de abajo hacia arriba como disculpándose por ser “tan malos”.

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Rostros con emociones

Un equipo de investigadores comandado por el Profesor Phillipe Schyns, Director del Centro de Neuroimagen Cognitiva en el Departamento de Psicología de la Universidad de Glasgow ha conducido una serie de experimentos de neuroimagen para determinar cuánto tarda nuestro cerebro en reconocer las emociones en otro ser humano y la respuesta es: De 140 a 200 milisegundos.

Es decir: ¡entre 1/7 y 1/5 de segundo!

Los participantes del estudio fueron capaces de diferenciar los 6 estados de ánimo básicos: Alegría, sorpresa, tristeza, disgusto, miedo e ira con absoluta certeza y con la misma rapidez, lo cual nos da una idea de lo importante que es esta habilidad para los seres humanos, ya que las relaciones sociales y el trabajo en equipo son algunas de las claves de nuestro éxito como especie.

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¡Lo sabía! Búhos 1, Madrugadores 0

by Andrés Borbón on 27 April, 2009

in Ciencia, Curiosidades, Medicina

1049340-3-grateful-insomniac.jpgUn reciente estudio de la Universidad de Liege, en Bélgica, ha concluido que aquellas personas acostumbradas a trabajar de noche son capaces de sostener la atención por más tiempo.

Los investigadores eligieron dos grupos: Uno de sujetos acostumbrados a trabajar en la noche y otro que estaba compuesto por personas que se levantaban temprano para realizar sus actividades. A ambos grupos les permitieron dormir el mismo número de horas. Después, les realizaron estudios de fMRI (Resonancia Magnética Funcional) y comprobaron que aquellas personas habituadas a trabajar por la mañana tenían menor actividad en las áreas relacionadas con la atención tras 10 horas de estar despiertos en comparación con los “Búhos”.

Además, los madrugadores tendían a realizar las tareas más lentamente.

Por primera vez, me siento orgulloso de ser un búho.

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Fotografía: Grateful Insomniac, por Hoffard

¿Por qué los judíos son tan inteligentes?

by Andrés Borbón on 21 April, 2009

in Ciencia, Medicina

gregory-cochran.jpg¿Es un mito que los judíos son más inteligentes?

No, no lo es.

La inteligencia promedio de un europeo es de 100 puntos de CI. Usando la misma prueba, los judíos tienen una inteligencia que, en promedio, es de 107.5 a 115.

Si aceptamos lo anterior, la siguiente pregunta es: ¿Por qué?

Dos científicos, cuyos nombres son Gregory Cochran y Henry Harpending han propuesto una respuesta más bien extraña, y la explican en el libro “The 10,000 Year Explosion“. En dicha obra postulan que cualquier razón que sea el origen de esta diferencia debe estar en el cerebro, ya que como todos sabemos el cerebro es el órgano que determina la inteligencia.

Otro hecho es que los judíos tienen una taza inusualmente alta de ciertas enfermedades genéticas, como la enfermedad de Tay Sachs y otras, en las cuales parece ser que están involucradas ciertas substancias lipídicas (grasas). Los autores de este libro postulan que la alta prevalencia de esas enfermedades genéticas (por lo menos de algunas) explica también la inteligencia de los judíos.

Es como el caso de la anemia de células falciformes en los negros. Esta enfermedad hace que los glóbulos rojos se deformen y no puedan entregar oxígeno a los tejidos, pero sólo aparece si ambos padres tienen el gen de la enfermedad. En el caso de que sólo uno de los padres tenga el gen, los glóbulos rojos de los hijos estarán ligeramente deformados, pero funcionarán bien y, además, serán inmunes a la malaria, lo cual es una enorme ventaja en África donde esta enfermedad es endémica.

Bueno, Cochran y Harpending postulan que algunos judíos tienen un solo gen para algunas enfermedades genéticas, pero no ambos, así que la enfermedad no aparece y, como efecto secundario de esta condición genética, tienen una inteligencia mayor.

¿Esto es verdad o es mentira? No se sabe, ya que por diversas razones (éticas, en parte) no se han llevado a cabo los estudios pertinentes, pero la cuestión es fascinante.

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El tamaño del cerebro y la inteligencia

by Andrés Borbón on 29 March, 2009

in Ciencia, Medicina, Opinión

cerebro.jpgEn un par de ocasiones se ha desatado aquí la polémica acerca de la relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Y no es raro que no se haya llegado a ningún acuerdo, pues ni los mismos expertos coinciden entre sí.

Por lo menos los científicos están de acuerdo en una cosa: Un cerebro grande no garantiza una gran inteligencia.

Hay un segundo punto en el que los científicos también se ponen de acuerdo: Un cerebro pequeño (como el de una hormiga, por ejemplo) no se relaciona con una gran inteligencia.

Sin embargo, entre estos dos postulados, hay un mar de discrepancias. Si el tamaño del cerebro determinara la inteligencia, las ballenas (7.8 kg) y los elefantes (4.7 Kg) serían mucho más inteligentes que nosotros, y al parecer no lo son.

Lo que parece determinar la inteligencia (por lo menos en parte) es la relación entre el cerebro y la masa corporal y la complejidad de los lóbulos frontales (la parte justo detrás de nuestra frente). Nuestro cerebro pesa alrededor de 1.35 kilos, pero representa el 2% de nuestro peso corporal. En cambio, el cerebro de un elefante pesa 4.7 kilos, pero representa el 0.01 de su peso corporal.

Los chimpancés (350 g.) son más inteligentes que los gorilas (430 g) pues su masa corporal es menor, en relación con el tamaño de su cerebro, pero esta “teoría” se aplica sólo a cerebros suficientemente grandes como para albergar complejas redes de sinapsis. Nunca esperaríamos que un ratón (2 g) o un gato (30 g) aprendieran a programar en PHP.

Así pues, parece ser un problema tanto de tamaño como de arquitectura, de diseño. La forma en que nuestras neuronas se organizan, y el número de las mismas, es lo que nos hace más o menos inteligentes.

Cerebro Hecho a Mano

by Andrés Borbón on 1 August, 2007

in Medicina

Dharmendra Modha

El sueño de crear Inteligencia Artificial no es nuevo. Muchos recordarán los cuentos de Asimov como el ejemplo más claro y conocido de estas elucubraciones fantásticas. Sin embargo, es posible que la creación de seres artificiales inteligentes vaya más allá, más lejos en el tiempo. Si llevamos las cosas al extremo (y añadimos un poco de imaginación y herejía), el ser humano fue el primer experimento de inteligencia artificial, llevado a cabo por el primer visionario: Dios.

Muchos dirán que el proyecto falló, que el prototipo resultó más bien tonto, irascible, autodestructivo, sin las cualidades de su creador. Por desgracia (o no, según se vea), aquel ejemplar estaba dotado de la capacidad de reproducirse. Dios sintió lástima por él, y lo dejó existir. Como consecuencia de ese acto piadoso, ahora hay un punto en el universo -la Tierra- poblado por miles de millones de productos defectuosos.

La ciencia, esa palabra que usamos para designar el método que nos acerca al conocimiento, ha intentado replicar el experimento de Dios. Ahora poseemos aparatos capaces de hacer operaciones matemáticas, de permitirnos viajar a grandes velocidades, de realizar tareas diversas sin fatiga y, frecuentemente, sin la intervención humana. El concepto de inteligencia, sin embargo, es huidizo. Muchos argumentan que se trata de la capacidad de resolver problemas, mientras que otros dicen que es la habilidad de conceptualizar lo concreto, volviéndolo abstracto, generalizable. Los más heterodoxos introducen la variable emocional en el concepto y aquellos con una vena mística se dejan llevar por la noción de lo eterno, lo inasible o lo trascendental.

No obstante, ni los más inteligentes de entre nosotros saben a ciencia cierta qué es la inteligencia, y ello plantea una ruta circular que nos lleva al absurdo: ¿Cómo es posible que un sistema inteligente no reconozca sus propios atributos?

Pero los más prácticos dejan de lado estas consideraciones filosóficas y, para no perder el tiempo, basan su trabajo en paradigmas operativos: Si la máquina se comporta de la misma manera que otro sistema considerado inteligente, entonces es inteligente.

El liderazgo en esta aproximación (y el ejemplo más extremo, también) es el del centro de investigación de IBM, en Almaden, California y su División de “Computación Cognitiva”, lidereada por Dharmendra Modha, un científico de catadura nada convencional y que tiene la inusual habilidad de transmitir sus conocimientos en un nivel que la mayoría es capaz de comprender. Escribe un blog que tiene ya un año de existencia ( ver aquí) y el lema del mismo es: “to engineer the mind by reverse engineering the brain”. La traducción de esta frase es algo escurridiza, ya que en español el verbo “ingenierar” no significa nada (que yo sepa), pero el mismo Modha lo explica en una entrevista realizada por la revista PC Magazine (Julio, 2007): “Estamos tratando de tomar todo el conocimiento neurocientífico y de integrarlo en una plataforma computacional unificada. La idea es recrear la ‘wetware’, usando hardware y software” (la traducción es mía). Y lo dice en serio. Al momento en que se escribe esto, han logrado simular parcialmente el funcionamiento de la corteza de un ratón. Claro, Mickey Mouselleva aún la ventaja, pues la máquina que utiliza Modha aún tarda 6 veces más en reproducir el pensamiento del roedor, que tiene sólo 16 millones de neuronas por hemisferio (el cerebro humano tiene 100 mil millones) y 8 mil sinapsis por neurona. Y no están usando una simple PC: El equipo de Modha tiene acceso a lo más sofisticado del mundo: La computadora Blue Gene/L, que posee la estratosférica cantidad de 8,192 procesadores, 4 millones de megas de memoria y 1 gigabit de ancho de banda en cada procesador. Blue Gene/L puede realizar 280.6 Teraflops por segundo (280,600,000,000,000 cálculos por segundo, según la terminología norteamericana). Pero eso no es todo: A fines de este año, IBM planea dar un paso adelante y pondrá en funcionamiento a Blue Gene/P, que triplicará la capacidad de la versión /L. Será la primera computadora capaz de sobrepasar el cuadrillón de operaciones por segundo (1,000,000,000,000,000). Para que nos demos una idea de lo que esto significa: Será tan poderosa como una pila de laptops de dos kilómetros y medio de altura.

Los planes futuros del equipo lidereado por Modha son pasar del cerebro de ratón al de rata, y de ahí al de gato. Por supuesto, no se detendrán ahí: En un futuro lejano emprenderán la tarea de replicar el cerebro humano y, ¿quién sabe?… tal vez el de Dios mismo.

© Andrés Borbón 2007