Entre los años de 1983 y 1991, Australia fue la sede de uno de los más crueles ultramaratones que han existido. Una carrera de 544 millas (875km) a la que hasta los corredores más endurecidos le tenían pavor.
El punto de salida era Sydney y la meta estaba en Melbourne. La ruta estaba diseñada para ser recorrida (por el equipo puntero) en 5 días.
Un día, se presentó a la carrera un hombre de 61 años, un cultivador de patatas de nombre Cliff Young quien portaba un overol y unas botas de trabajo. Para sorpresa de todos, Cliff no era un espectador. Se colocó su número de competidor y se unió al resto de los deportistas.
Los reporteros y otros atletas le dijeron a Cliff que estaba loco, que no había manera de que terminara la carrera, a lo cual él respondió que sí podía, que había crecido en una granja muy pobre en la cual no tenían tractores ni caballos, y que se la pasaba todo el día pastoreando las 2,000 ovejas que poseían (y la granja tenía 2,000 acres de extensión). A veces, tenía que perseguir a las ovejas extraviadas, lo cual podía llevarle dos o tres días, pero que siempre lo conseguía y que por lo tanto él pensaba que podía completar dicha carrera.
El horario habitual de los corredores era correr durante 18 horas y dormir 6 horas, pero eso nadie se lo dijo a Cliff, así que él corrió sin detenerse para echar un sueño. Al principio del segundo día, todo el mundo estaba sorprendido de que Cliff hubiera seguido corriendo toda la noche. Cuando alguien le preguntó a Cliff cuál era su estrategia para terminar la carrera, él contestó que seguiría corriendo hasta el final.
Cliff Young ganó la carrera y, por supuesto, se convirtió en toda una leyenda del deporte.
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