Augusto Monterroso

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Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los Pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

Augusto Monterroso, La oveja negra y otras fábulas, 1969

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Dos cartas a propósito de Augusto Monterroso

by Andrés Borbón on 28 November, 2008

in TecnoCulto

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Roberto Díaz me escribe:

Estimados señores:

Les comento que Augusto “Tito” Monterroso es una de las glorias de la literatura guatemalteca. El hecho de haber nacido y vivido sus primeros años en Honduras no lo hace hondureño. El vivió como guatemalteco y es reconocido como tal, esa era su nacionalidad. Si su sitio es serio y “culto” les vendría bien investigar un poco.

saludos cordiales


Yo le respondo:

Hola, Roberto:

Yo no soy culto ni me las doy de tal. En cambio, soy un admirador sin límites del genial Augusto Monterroso. He leído sus libros más de una vez y siempre los disfruto.

Monterroso nació en Honduras, se crió en Guatemala y pasó muchas décadas en México. Tratándose de un autor de esa talla, es justo que muchos países se lo “peleen”. Yo tuve la enorme fortuna de conocerlo en persona (lo vi muchas veces, aunque jamás conversé con él, pues también soy tímido). Solía encontrármelo en una librería del sur de la Ciudad de México, donde había (hay) también una cafetería. Pasaba horas con la cabeza hundida en los libreros. Luego subía a beber su café, leía unas cuantas líneas y levantaba la vista, como pensando en lo que acababa de leer. Era pequeño de estatura, muy tímido y amabilísimo. Una de esas personas a las que ya se quiere antes de intercambiar una sola palabra con él.

Hondureño o Guatemalteco, qué mas da. Los grandes hombres, como dice alguien, no tienen Nación, sólo Destino.

Un saludo Afectuoso.

Andrés Borbón


Wikipedia dice:

Augusto Monterroso nació el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, capital de Honduras. Sin embargo, a los 15 años su familia se estableció en Guatemala y desde 1944 fijó su residencia en México, al que se trasladó por motivos políticos.

Narrador y ensayista guatemalteco, empezó a publicar sus textos a partir de 1959, en ese año salió la primera edición de Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos fundamentales de su narrativa: una prosa concisa, breve, aparentemente sencilla que, sin que el lector lo note en una primera lectura, está llena de referencias cultas así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.

Tito, como lo llamaban sus allegados, el gran hacedor de cuentos y fábulas breves, falleció el 7 de febrero de 2003.

Años de Residencia:

Honduras (1921 a 1936): 15 años
Guatemala (1936 a 1944): 8 años
México (1944 a 2003): 58 años

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Bárbara Jacobs, la viuda del genial escritor hondureño Augusto Monterroso, fallecido en 2003, donó los libros del creador a la Universidad de Oviedo. No sólo hizo entrega de la biblioteca del autor, sino sus manuscritos, medallas, diplomas, fotografías y videos. Las razones de haber elegido a la Universidad de Oviedo para tal donación radican, según Jacobs, en el cariño que Augusto (“Tito”) Monterroso le tenía a esta casa de estudios, ya que siempre fue bien recibido en dicho lugar. Para quienes no hayan leído a este autor, baste con citar una de sus más famosas obras, titulada “El Dinosaurio”, un minicuento genial que dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí“. Éste cuento de una sola línea ha sido uno de los más celebrados en la historia de la literatura mundial.

Papel en Blanco

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