Las compañeras de Joni Lenz no estaban particularmente preocupadas cuando no la vieron la mañana del 4 de enero de 1974. Pero cuando llegó la tarde, comenzaron a preocuparse y bajaron al sótano donde ella vivía para ver si se encontraba enferma. El espectáculo fue estremecedor. La chica estaba seriamente golpeada. Una de las patas de la cama habría sido arrancada e introducida en sus genitales. Sufrió daños irreparables, pero vivió para contarlo.
Ella fue una de las pocas víctimas que sobrevivieron a un ataque de Ted Bundy, cuyo reinado de terror asoló a los Estados Unidos de 1974 a 1978. Se calcula que hubo unas 35 víctimas además de ella, las cuales no fueron tan afortunadas. Nadie sabe a ciencia cierta a cuántas mujeres mató Ted Bundy, pero la cifra puede bien ser superior a 50. La verdad se ha ido a la tumba con él.
Los primeros años
Theodore Robert Cowell nació el 24 de noviembre de 1946. Su madre, Louise Cowell era una chica que había quedado embarazada de un veterano de guerra a quien Ted jamás conoció. Poco después de su nacimiento, Ted y su madre se fueron a vivir a casa de sus abuelos, y durante un buen tiempo él creyó que ellos eran sus padres y que su madre era su hermana mayor. Todo esto fue ideado con la finalidad de proteger a la madre de Ted de las críticas que en aquél entonces aún desataban las madres solteras.
The Last Meals Project, por el fotógrafo Jonathon Kambouris, es una serie de fotografías de los criminales que han sido ejecutados en los Estados Unidos haciendo énfasis en su “última cena”.
Por ley, todos los condenados a muerte pueden pedir una comida antes de que se ejecute su sentencia. Los productos deben poder ser adquiridos localmente y la suma total no debe exceder los 40 dólares.
He aquí un par de fotos de asesinos (Ted Bundy es el más famoso) junto a la lista de lo que comieron antes de que se ejecutara la sentencia de muerte.
Poniéndome por un momento en su lugar, ¿qué pediría yo?
Una hamburguesa (de Chilli’s) con papas “curly”
Un pay de queso con fresas
Dos latas de Dr Pepper
Un Snickers o un Toblerone (dependiendo del presupuesto).
Y ustedes, ¿qué pedirían? Recuerden que el costo total no debe sobrepasar los 40 dólares.
Un curioso video de los años setentas (creo) que describe algunos de los "estigmas" clásicos de las víctimas de cultos satánicos. Por desgracia está en inglés, pero aún así resulta interesante echar un vistazo a la educación de los investigadores de homicidios en los Estados Unidos. Imagino (tal vez me equivoque) que las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero de todas formas es un trozo con cierto valor histórico, si no práctico.
Como gran fan de Dexter*, debo admitir que estos posters me han fascinado. Han sido diseñados por Ty Mattson y cada uno de ellos muestra algunos momentos “icónicos” de cada temporada. No hace falta decir que además de la serie recomiendo ampliamente los libros, que son geniales y tienen muchos más detalles (aunque las cosas suceden de forma ligeramente distinta en ellos).
* Dexter es una serie de televisión donde el protagonista es un asesino serial.
Cuando ella estaba en el funeral de su madre, conoció a un chico que nunca había visto antes. Pensó que el joven era increíble, el tipo de chico con el que había soñado, y se enamoró inmediatamente de él.
Sin embargo, no se le acercó para conocer su nombre o su número telefónico y después no pudo encontrar a nadie que supiera quién era el misterioso y encantador desconocido.
Unos días después, la chica mató a su propia hermana.
Pregunta: ¿Por qué mató a su hermana?
Intenten hallar la respuesta por ustedes mismos antes de leer la respuesta…
Sipho Thwala, un asesino serial sudafricano llamado también “El Estrangulador Phoenix” es culpable de haber violado y estrangulado al menos a 19 víctimas con su propia ropa interior antes de enterrarlas en tumbas a baja profundidad. El 31 de marzo de 1999, la suprema corte de Durban halló a Twala culpable de 16 asesinatos y de 10 violaciones, y fue sentenciado a 506 años de prisión.
Twala, de 31 años, se convirtió en el hombre más buscado de su provincia natal KwaZulu localizada en la arte este de Sudáfrica cerca del océano Índico. Sus crímenes, cometidos entre 1996 y 1997 esparcieron el terror entre las comunidades de Phoenix y de KwaMashu.
Sasha Spesivtsev, de 27 años al momento de su arresto, mató al menos a 19 niños de la calle a quienes veían como la suciedad de la nueva democracia en Rusia y, con la ayuda de su madre, los cocinó y se los comió.
Sasha, quien se dedicaba al mercado negro y que también había estado confinado en un hospital psiquiátrico, pescaba a sus víctimas en las calles y en las estaciones de trenes en el ciudad Siberiana de Novokuznetsk. Los llevaba a casa y ahí les quitaba la vida. Las sospechas de que un asesino serial andaba suelto en el área surgieron cuando comenzaron a aparecer partes de cuerpos humanos en el río Aba, cerca de la escuela donde la madre de Sasha, Lyudmila, trabajaba. Sin embargo, las investigaciones avanzaron lentamente dada la naturaleza de las víctimas: Los niños pobres de las clases olvidadas. También tuvo mucho que ver la inepta burocracia judicial rusa.