No sé por qué esta creación de Molly Epstein me da escalofríos. Tal vez sea porque la foto muestra una columna vertebral que no tiene nada que ver con la humana. Anatómicamente no se le parece y más bien podría corresponder a la de un alienígena. Je, je. En todo caso, seguro que la portadora de este collar llamará la atención de muchos (y muchas).
anatomía
Tal vez se trate solo de un caso de pareidolia anatómica (¡vaya terminajo!), pero es difícil no advertir las similitudes entre estas dos imágenes, la de la izquierda el corte sagital de un cerebro humano y la de la derecha una de las escenas que el gran Miguel Ángel Buonarroti pintó en el techo de la Capilla Sixtina. Me parece un poco difícil que un artista tan consciente de cada detalle de su obra hubiese hecho esto al azar.
¿El mensaje?: Dios está en nuestro cerebro
En un par de ocasiones se ha desatado aquí la polémica acerca de la relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Y no es raro que no se haya llegado a ningún acuerdo, pues ni los mismos expertos coinciden entre sí.
Por lo menos los científicos están de acuerdo en una cosa: Un cerebro grande no garantiza una gran inteligencia.
Hay un segundo punto en el que los científicos también se ponen de acuerdo: Un cerebro pequeño (como el de una hormiga, por ejemplo) no se relaciona con una gran inteligencia.
Sin embargo, entre estos dos postulados, hay un mar de discrepancias. Si el tamaño del cerebro determinara la inteligencia, las ballenas (7.8 kg) y los elefantes (4.7 Kg) serían mucho más inteligentes que nosotros, y al parecer no lo son.
Lo que parece determinar la inteligencia (por lo menos en parte) es la relación entre el cerebro y la masa corporal y la complejidad de los lóbulos frontales (la parte justo detrás de nuestra frente). Nuestro cerebro pesa alrededor de 1.35 kilos, pero representa el 2% de nuestro peso corporal. En cambio, el cerebro de un elefante pesa 4.7 kilos, pero representa el 0.01 de su peso corporal.
Los chimpancés (350 g.) son más inteligentes que los gorilas (430 g) pues su masa corporal es menor, en relación con el tamaño de su cerebro, pero esta “teoría” se aplica sólo a cerebros suficientemente grandes como para albergar complejas redes de sinapsis. Nunca esperaríamos que un ratón (2 g) o un gato (30 g) aprendieran a programar en PHP.
Así pues, parece ser un problema tanto de tamaño como de arquitectura, de diseño. La forma en que nuestras neuronas se organizan, y el número de las mismas, es lo que nos hace más o menos inteligentes.
Un reciente artículo de Wired hace una revisión bastante extensa y clara de un artículo próximo a aparecer en el Journal of Experimental Biology (Walking, running and the evolution of short toes in humans). Dicho texto no aparecerá hasta el primero de marzo, pero ya se encuentra disponible online.
Resumiendo el largo artículo, las conclusiones a las que llegan los autores son que los dedos de los pies humanos son biomecánicamente perfectos para correr, ya que mientras más largos son los dedos, mayor cantidad de músculos se requieren para moverlos, y la supervivencia del ser humano a lo largo de su historia no se ha basado en su fuerza, pero tampoco de forma exclusiva en su inteligencia.
Una de las características que nos separan de otros animales es nuestra resistencia en la carrera de larga distancia. Hay pocos animales que puedan correr por tanto tiempo y por distancias tan largas como nosotros. Por ejemplo, cualquier ser humano en buena condición física puede cazar una gacela, simplemente corriendo detrás de ella y dejando que caiga agotada. Otros animales, como los lobos y los zorros, son capaces de correr largas distancias, pero sólo en temperaturas bajas o durante la noche, ya que carecen de los mecanismos necesarios para enfriarse.
La mayor parte de los animales corredores, como nosotros, tienen dedos cortos, como los felinos, en los cuales los dedos prácticamente se unen a la planta de los pies.
Evolutivamente, nuestros parientes primates tienen dedos en los pies mucho más largos que nosotros, y nuestros más lejanos ancestros los tenían más cortos que los gorilas o chimpancés, pero de todas formas eran más largos que los del hombre moderno. Así pues, el acortamiento de los dedos de los pies es una característica humana que nos permitió en alguna época adaptarnos a un ambiente donde nuestra fuerza y nuestra inteligencia no eran suficientes o, por lo menos, requerían cierta ayuda.
Cuando los seres humanos estábamos en la etapa de Australopithecus, eramos pequeños (medíamos apenas más de un metro), pero comenzamos a adquirir una resistencia para la carrera de larga distancia increíble y fuimos capaces de cazar grandes animales para sobrevivir. Somos, en pocas palabras, los mejores corredores del mundo.
Por supuesto, en el mundo moderno no hay necesidad de correr. Están los automóviles, y la mayor parte de las veces una carrera a la tienda más cercana para comprar Twinkies no dura más de cinco minutos, pero llevamos en nuestro interior enormes posibilidades en este terreno y todo se lo debemos a nuestros pies.

Encuentro una curiosa nota publicada en Del Tomate donde hablan de un estudio llevado a cabo en una clínica dedicada al alargamiento del pene, y cuyos resultados arrojan que el pene humano tiene, en promedio, 14 centímetros
El Dr. Eduardo Gómez de Diego reunió información estadística de más de 15 años y un pene erecto, en promedio, resulta tener esos 14 centímetros.
Sin embargo, hay algunas diferencias “nacionales”
| País | Tamaño | |
| Los más largos | ||
| Francia | 16cm | |
| Italia | 15 cm | |
| México | 14.9 cm | |
| España | 14 cm | |
| Estados Unidos | 12.9 cm | |
| Venezuela | 12.7cm | |
| Brasil | 12.4 cm | |
| Los más cortos | ||
| India | 10.2 cm | |
| Corea del Sur | 9.6cm |
Andreas Vesalius (Bruselas 1514 – Zakynthos 1564) fue un médico y anatomista, el autor de uno de los libros más influyentes en anatomia humana titulado De humani corporis fabrica. Se le reconoce como el fundador de la anatomía humana moderna.

Vesalio provenía de una familia holandesa de médicos. En 1528 Vesalio entró a la Universidad de Louvain para estudiar artes, pero posteriormente decidiò seguir la carrera de médico y se trasladó a París, donde conoció a los líderes de la anatomía en aquellos tiempos. Posteriormente viajó a Venecia y de ahí a la Universidad de Padua donde estudió su doctorado.

Tras su graduación, se le ofreció un puesto en la cátedra de cirugía y anatomía. Vesalio se caracterizó por poner en duda las enseñanzas de Galeno y utilizó las disecciones como su principal instrumento de enseñanza. Dibujó meticulosos esquemas de cuerpo humano diseccionado y reproducido de forma no solamente científica sino artística. Dichos dibujos fueron publicados en 1538 bajo el nombre de Tabulae Anatomicae Sex. Era un ferviente creyente en las sangías como método de curación.

En 1539, un juez de Padua se interesó en el trabajo de Vesalio y le proveyó con los cadáveres ejecutados para que los diseccionara. Pronto hizo evidente que los esquemas anatómicos de Galeno estaban errados dado que se basaban en disecciones de simios y cerdos.
En 1543 Vesalio dirigió la disección pública de Jakob Karrer von Gevweiler con la coperación de cirujano Franz Jeckelmann y donó el esqueleto a la Universidad de Basilia que es el único modelo preparado originalmente por Vesalio que se conserva hasta nuestros días.

De Corporis Fabrica
En 1543 Vesalio le pidió a Johannes Oporinus que lo ayudara con los 7 volúmenes de De humani corporis fabrica, trabajo que dedicó a Carlos V. Con toda probabilidad, el libro fue ilustrado por Jan Stephen van Calcar. El libro enfatizaba la subordinación de la fisiología a la anatomía.

Son innumerables los descubrimientos y las primeras descripciones de estructuras anatómicas que Vesalio hizo en ese libro. Poco después de la publicación, Vesalio fue invitado a ser el médico personal de Carlos V, lo cual aceptó. Durante los siguientes 11 años Vesalio viajó con la corte atendiendo heridas de duelos, realizando cirugías y exámenes posmortem. Pronto cayó en desgracia y fue atacado por sus ideas. Sus detractores decían que Galeno no estaba equivocado, sino que el cuerpo humano había cambiado desde entonces. En 1555 publicó una edición revisada de De Humani corporis fabrica.

En 1564 hizo una peregrinación a Jerusalem durante la cual recibió una carta de la Universidad de Padua ya que el puesto de anatomía había quedado vacante por la muerte de su amigo y alumno el famoso Fallopius (Falopio, el de las trompas). El viaje de regreso fue accidentado y murió en las costas de Grecia.

Vesalio se encontraba tan endeudado que si no hubiera sido por un benefactor su cuerpo habría sido arrojado a los animales para que lo devoraran. Tenía 50 años de edad.





