Opinión

Bajo Cero

by Andrés Borbón on 11 December, 2013

in Arte, Opinión

bajocero

Frozen Ground es una cinta dirigida y escrita por Scott Walker que reúne a las estrellas Nicolas Cage, John Cusack y Vanessa Hudgens en una historia basada en hechos reales sobre las fechorías del asesino serial Robert Hansen, quien mató a cerca de 30 mujeres en Alaska a lo largo de 13 años y que, finalmente, fue atrapado y puesto tras las rejas. Este asesino serial, aún con vida, tiene ya 74 años de edad (al 2013) y fue condenado a una de esas penas ridículas que ponen los gringos: 461 años de prisión. Tal parece que allá en el norte piensan que la gente puede llegar a vivir mucho más que en el resto del mundo. Probablemente un experto en leyes entienda la lógica de una pena semejante, pero cualquier médico podrá decirles que no hay casos reportados de personas que hayan vivido tanto.

Volviendo a la cinta, Nicolas Cage y John Cusack actúan pasablemente bien según los críticos, pero la que ha dado una sorpresa con su interpretación de Cindy Paulson, la única víctima que sobrevivió al ataque despiadado de este sádico asesino serial, es Vanessa Hudgens, quien poco a poco va revelándose como una actriz cuyo talento salta a la vista, lo mismo que su belleza lamentablemente opacada en este filme para hacerla parecerse al aspecto que Paulson tenía en 1983, cuando fue capturado Hansen.

Los críticos, sin embargo, no han estado muy entusiastas con esta cinta, que ha recibido una fría recepción tanto de los expertos como de la audiencia, y a pesar del tema y la constelación de estrellas que pueblan esta película, la recaudación en taquilla ha sido pobre pues, piensan muchos, hubo capítulos de Dexter (o de Criminal Minds) mucho más intensos que esta cinta.

El mundo de los asesinos seriales será siempre uno bastante generoso y con muchos seguidores, pero después del boom provocado por El Silencio de los Inocentes, ha ido en lenta decadencia pues los directores y guionistas siguen tratando de imitar el camino que siguió Thomas Harris en la pluma y Jonathan Demme en la dirección.

Hay que innovar. Este campo tiene aún muchas vetas fértiles.

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Felicidad y gratitud

by Andrés Borbón on 7 December, 2013

in Opinión, Vida

agradecimiento

Tras ver este video del hermano David Steindl-Rast, un monje que se ha aventurado a compartir sus ideas en una de las famosas conferencias TED, no he podido sino sorprenderme. Primero, por la audacia del religioso, que se arriesga a la crítica de la audiencia. En segundo lugar, me ha fascinado la simplicidad (no la facilidad, ni lo obvio) de sus planteamientos.

El hermano David comienza diciendo que nosotros sabemos algo muy personal acerca de él: Que desea ser feliz. ¿Y quién no? Pero luego advertimos parte del truco lógico en esta (aparentemente) inocente afirmación: Él sabe lo mismo de nosotros. Con esta premisa tan básica, ha dado en la diana de nuestra más profunda ambición.

De ahí en adelante, el astuto clérigo manipula la parte más sensible de nuestro acervo emocional para explicarnos que la base de la felicidad (o el camino a esta) pasa por la gratitud. No la gratitud en el sentido amplio ni escolástico del término, sino de una forma cuántica… la felicidad simultánea por la infinidad de sucesos, buenos y malos, a que estamos sujetos, que nos abruman cuando en realidad habrían de alegrarnos, de contribuir a construir un universo personal donde la felicidad sea producto de la gratitud, y esta de la existencia misma.

Conforme pasan los minutos de esta charla que dura menos de 15 minutos, nos vamos dando cuenta que no es elocuencia vacía de lo que puede presumir este hombre, sino de un profundo, complejo y a veces desconcertante modo de pensar, y de una habilidad nada usual para mostrarnos lo equivocados que estamos en algunos aspectos.

Atados al pasado, al incierto futuro, vivimos un precario presente lleno de incertidumbre, de frustración y, muchas veces, de ira, cuando el camino correcto, si hacemos caso al hermano David, es la gratitud.

Link al video

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El abuelo sinvergüenza

by Andrés Borbón on 6 December, 2013

in Arte, Opinión

abuelo-sinverguenza

De la serie “Jackass”, un conjunto de cintas filmadas con cámaras escondidas, llega la cuarta entrega llamada Bad Grandpa (titulada acá El abuelo sinvergüenza) protagonizada por Johnny Knoxville y la estupenda participación del niño Jackson Nicoll.

A diferencia de las otras tres películas de la serie, que son apenas un conjunto de bromas hechas  a costa de los incautos participantes, El abuelo sinvergüenza cuenta con una trama bastante simple pero efectiva: Irving Zisman (Johnny Knoxville), maquillado para dar la impresión de que tiene 86 años (cuando en realidad cuenta con 42), debe llevar a su nieto a Raleigh, Carolina del Norte con su padre cuando la madre del chico (Billy – Jackson Nicoll) es encarcelada por violar los términos de su libertad condicional.

La cosa se complica pues todo esto coincide con la muerte de la esposa de Irving, quien se lanza a un largo viaje en auto con su nieto (y la esposa muerta en la cajuela) y pasan no pocas aventuras, aderezadas con el carácter desafiante y pendenciero del anciano y la colaboración del no menos problemático chico, que le sigue la corriente al chiflado abuelo de muy buen grado.

Debo advertir que la cinta contiene escenas y situaciones que sonrojarían a muchos. No puedo entrar en detalles sin caer en el spoiler, pero si van a verla, habrán de estar preparados para un humor subido de tono y que, al menos a mí, me dejó por momentos con la boca abierta, sobre todo sabiendo que las “víctimas” de las bromas no estaban al tanto de nada. Me reí a mandíbula batiente pero también me sorprendió el arrojo de los productores al incluir algunas escenas que, en otro contexto o hace algunos años, habrían sido objeto de censura.

No me aburrí un solo instante, y la película ha sido un éxito en taquilla. Con “sólo” 15 millones de inversión, ha recaudado diez veces más, y se lo merece.

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Los juegos del hambre… sin hambre

by Andrés Borbón on 1 December, 2013

in Arte, Opinión

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He visto, por fin, Los juegos del hambre 2. Irónicamente respecto al título de la película, me he atiborrado de comida chatarra:

Una hamburguesa Xtreme con papas y refresco grandes, una Whooper Jr y, después, unas palomitas gigantescas, otro refresco, un hot dog…

Así pues, y a pesar de que antes había corrido 12 Km, presencié ese mundo apocalíptico y famélico con el estómago a reventar. Una paradoja… qué vergüenza.

La cinta es buena, excepto por el final, que lo deja a uno en suspenso. Buen gancho para no perderse la entrega siguiente.

Tal vez esté en un error, pero me pareció mejor que la primera, o me involucré más, o estaba de mejor humor, o todo ese colesterol y endorfinas viajando por mis venas me hicieron disfrutar la cinta más.

Como sea: Los efectos son muy buenos, la trama interesante y, a pesar de ciertos detalles sentimentalones que digerí casi sin problemas, me parece que ha valido la pena, aunque no puedo decir lo mismo de mi conducta alimentaria.

Por lo pronto, y sin ánimo de hacer un spoiler innecesario, resulta que los nuevos personajes están muy bien delineados, aunque no entendí muy bien el rol de la anciana en la dinámica de la historia y la heroína deja ver muchos de sus puntos débiles, lo cual le quita mucho del encanto que gozó en la primera parte.

Huelga decir que la cinta ha sido todo un éxito, aunque si el espectador no vio la primera parte estará más perdido que un perro en los carriles centrales del periférico.

¿Cuánto habrá que esperar para ver la continuación de la saga?

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El 12º planeta, por Zecharia Sitchin

by Andrés Borbón on 30 November, 2013

in Literatura, Opinión, Seres Fantásticos

sumerios

De vez en cuando, para distraer (o nutrir con alimento chatarra) la imaginación y fomentar un poco la fantasía, me gusta leer libros como este, donde lo  improbable tiene una oportunidad, donde la fantasía no es terreno exclusivo de los locos, de los fanáticos o de los ingenuos.

El libro de Zecharia Sitchin es, en realidad, sólo el primer tomo de una abigarrada saga sobre el tema, al estilo de Caballo de Troya, de J. J. Benítez pero, como es anterior a este y el tema resulta radicalmente distinto, no hay posibilidad alguna de plagio, que en todo caso sería culpa del autor español.

Resulta complicado explicar de qué trata el libro: Los Annunaki, seres imaginarios, crueles y tecnológicamente avanzados venidos de otro planeta cuando el suyo agonizaba, que crearon la raza humana a partir de hibridación de su DNA con el del Homo Erectus, que dotaron a la humanidad de aptitudes intelectuales nunca antes vistas en este planeta (aunque calculadamente inferiores para que fuésemos sus émulos idiotas, sus sirvientes anencefálicos) y que, finalmente, pasaron a formar parte de numerosos panteones en muchas culturas humanas con la salvedad de que, irónicamente, resultamos más inteligentes de lo que ellos habían proyectado.

Seres iracundos, perversos a veces y de opiniones encontradas que, ocasionalmente, si no es que siempre, terminaban sucumbiendo a conflictos más humanos que divinos y que fundaron prácticamente de la nada las civilizaciones fundamentales de la historia. Dioses al estilo griego o romano, gobernados por sus pasiones y necesidades sexuales más que por la inteligencia.

Un libro que atrapa al lector por las fantasías colectivas que avala más que por la razón o por las historias que contiene… un compendio (en ocasiones absurdo, con capítulos absolutamente dignos de retrasados mentales) de mitología modernizada y, también, la reunión de dos aspectos psicológicos inherentes al ser humano: fe y la esperanza de una vida larga, legendaria o eterna.

Un libro para soñadores, subnormales,  arqueólogos chiflados, fans de Mulder, criptozoólogos y para los amantes de esa otra realidad que todos hemos intuido aunque sea una vez en la vida.

Me ha gustado tanto esta paparruchada pseudocientífica que, tarde o temprano, deberé enfrentarme al siguiente tomo de la serie.

(Imagen: Sumerios via Shutterstock)

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La locura de las compras

by Andrés Borbón on 29 November, 2013

in Curiosidades, Opinión

black friday

Siguiendo el vergonzoso (e inevitable) patrón de imitar cada vez más frecuentemente las tradiciones extranjeras (no es xenofobia, sino simple sentido común), me he enfrentado la semana pasada a un bombardeo publicitario sin precedentes anunciando lo que acá se ha dado en llamar “el buen fin”, análogo al “Black Friday” estadounidense y que de una manera que todavía no alcanzo a descifrar algo tiene que ver con el “Thanksgiving”, o “Día de Acción de Gracias” (pues tiene lugar una semana después de este) que tanto se celebra en el vecino país del norte y que en México algunos han comenzado a adoptar, cocinando pavos y, realmente, sin saber muy bien de qué va la cosa pero el asunto es comer sabroso, reunirse, elevar los niveles de alcoholemia e ir aflojando la cartera para los brutales gastos de fin de año que están, como se dice tradicionalmente, a la vuelta de la esquina. ¿Qué tenemos nosotros que ver con el día de Acción de Gracias y, además, celebrarlo? Ni siquiera somos descendientes de esos peregrinos y me parece el equivalente a echar petardos, fuegos artificiales y gritos de alegría para celebrar cuando Cortés finalmente tomó posesión de la Gran Tenochtitlan o cuando, según la tradición, quemó los pies de Cuauhtémoc, o cuando los indígenas eran obligados a convertirse a la “verdadera fe” a fuerza de látigo y balazos. Conozco a personas que celebran en México el Día de San Patricio y, cuando comencemos a celebrar la independencia de la India o la constitución de Angola, tendré que cambiarme de país porque, si bien vivir en un mundo globalizado tiene enorme ventajas, aún me gusta sentir que habito un país llamado México.

(Imagen: Black Friday via Shutterstock)

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El cínico y el miedo

by Andrés Borbón on 22 November, 2013

in Opinión

cynic

Los cínicos son imbatibles, todopoderosos en su abrumador pesimismo. El más esmerado de los optimistas ve estrellarse su ingenuidad ante el muro impenetrable de esa sonrisa aparentemente confiada pero que, si miramos de cerca, destila miedo por todas partes.

El cinismo, no obstante, tiene su lado bueno, sus recompensas y sus gratificaciones.

Como el cínico ha pasado la vida imaginando los peores panoramas posibles y los desenlaces más desafortunados, es difícil que la realidad lo sorprenda con la guardia baja.

Cuando las cosas salen bien, el cínico se desconcierta pues, acostumbrado a tener razón, las situaciones favorables lo colocan fuera de su elemento.

Todo esto sería tolerable si no fuese porque el cínico tiene la desagradable costumbre de compartir su punto de vista pesimista, burlón y pseudoprofético con los demás.

Esto merma notablemente la moral del grupo y, con no poca frecuencia, empuja el proyecto hacia el fracaso, con lo cual se cumplen las profecías del cínico fortaleciendo su posición e incrementando su autoridad.

El cínico no es un pesimista cualquiera ya que, además de sus funestos designios, se coloca por encima de ellos arropado por la burla, protegido por el egoísmo y alejado del grupo por algo que se parece a la cautela, pero que en realidad es miedo, cobardía, temor a comprometerse más allá de los estrechos límites que ha aprendido a dominar.

(Imagen: Cínico via Shutterstock)

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