Es irónico que, según la prestigiada revista Forbes, el hombre más rico del mundo sea el mexicano Carlos Slim, un hombre que ha amasado una fortuna de 53,500 millones de dólares a costa de explotar a un pueblo pobre, a monopolizar los sistemas de comunicación y a ofrecer (me refiero a Telmex y a Telcel) los servicios de peor calidad y a precios indecentemente elevados. Sus empresas no solamente succionan dinero de México, sino de muchas otras “víctimas” en Centro y Sudamérica.
Slim, que de slim no tiene nada (slim significa “delgado” en inglés) es, además, el dueño de una buena porción del New York Times e invierte en arte: Tiene en su poder unas 72 mil obras de arte que son como dinero en el banco. Dudo que lo haga por amor a la cultura: Si admirara 10 de sus piezas artísticas al día, ¡tardaría casi 20 años en recorrerlas todas!
Por supuesto que realiza algunas obras altruistas en el área de la salud, pero esto es como tirarles migajas de pan a las palomas para después dispararles con un rifle. Su lema debe de ser: Por cada mexicano que salve, tendré una fuente de ingresos más.
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