Blogueradas

Blogger en terapia

by Andrés Borbón on 2 January, 2014

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blogger en terapia

Seguro que un blogger en psicoterapia tendría más problemas hablando de las entradas que sí reciben comentarios que en aquellas que son ignoradas por los comentaristas.

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El efecto pararrayos

by Andrés Borbón on 10 December, 2013

in Blogueradas

mememe

Hace unos años, alguien le dijo que esa novela que acababa de escribir estaba mal hecha, que todo parecía sucederle al protagonista. El personaje sufría, dijo ella, del efecto pararrayos.

Lo curioso es que la novela estuvo a un lugar de ganar uno de los premios más prestigiados de la lengua española.

Bueno, pues parece que lo mismo le está pasando a este blog, así que la persona que lo administra y lo posee ha decidido, prudentemente, sabiamente, demagógicamente, prescindir de la palabra “Yo” o “Mi”, y mucho más de “Mí”.

Será un camino largo de recorrer pero, como todos los senderos extensos, resultará interesante. Al menos para él, tan interesado en revivir sus experiencias y en provocar a los Trolls. Ahora lo hará desde un “él” o desde un “ellos” menos dañino a los delicados ojos de algunos sutiles y grafohipersensibles  lectores. La primera persona, en ambas categorías cuantitativas, ha quedado suprimida por decreto de Él, soberano de todos los destinos. Es un malvado, un dictador, un ruin y, ahora, apócrifo firmante de sus delusiones, de sus ideas de referencia, de sus egoloquismos (soliloquios). Esta penúltima palabra no existe, pero el neologismo se ajusta perfectamente a la intención de su discurso.

Si se comete un error y alguien detecta que se han traspasado las barreras autoimpuestas, haga favor de indicarlo y el error será corregido de inmediato.

Imagen: “Yo” via Shutterstock

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Cerrando mi cuenta de Twitter

by Andrés Borbón on 5 December, 2013

in Blogueradas

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Hace unos días, he tenido el placer de cerrar, al fin, mi cuenta de Twitter. ¡Querida cuenta de Twitter… que lejano parece el día en que te vi nacer, hace 6 años!

Se estaba volviendo un engorro, realmente, y el peor error fue vincularla al feed del blog. Terminó convirtiéndose en un surtidero de chismes, acusaciones irracionales, y nunca llegó hondo en mis intereses.

Ahora, he abierto otra cuenta diferente con un nombre distinto (aunque sigue siendo el mío), pero independiente de la influencia directa del blog y que no difundiré aquí. No sucumbiré más a ese espejismo bidireccional que crea un eco reverberante el cual apunta directo a la locura… o por lo menos a darse de topes contra la pared.

Nuevamente, arrancando de cero cuando ya tenía más de mil seguidores, me siento libre de publicar la tontería que se me ocurra en el momento justo, y jamás volveré a cometer el error de relacionarla con el blog.

Ser dos personas a la vez en dos medios distintos tiene sus ventajas… aunque te puede costar algunos dolores de cabeza: Por primera vez entiendo a Mata Hari.

Dado lo anterior, renuncio a la influencia maléfica de Twitter y me alejo un poco de su esfera de atracción. Con esto, disfrutaré de una mejor experiencia y sabré si el blog estaba siendo drenado o alimentado por Twitter. Mi nueva cuenta de Twitter tendrá que crecer por sí misma.

Probablemente el volumen, calidad de los datos, modos de medición y suposiciones previas de las premisas del experimento tengan sus fallos, pero es lo mejor que puedo hacer con las herramientas y conocimientos que tengo a la mano.

Soy un fan irredento de las estadísticas (cuando fui Jefe de Investigación, fue cosa cotidiana) y adoro comparar números, aplicarles fórmulas, hacer chapuzas con ellos y, al final, conseguir que todo el mundo sea feliz).

No obstante lo anterior, debo admitir que el blog y Twitter se estaban potenciando de una forma que no me quedaba muy clara y he decidido cortar el lazo para eliminar el “ruido” y entender mejor lo que funciona o no en Tecnoculto.

En esto, mi blog jamás ha sido diferente a los otros… primero abres el blog, después lo complicas con twitter y, más adelante con otras redes sociales hasta que no entiendes ya nada.

Es un experimento que me puede dejar como al perro de las dos tortas: sin una, sin ambas y con hambre. Triste planteamiento, fugaz desarrollo y cruel resultado… lo sé… lo sé… lo sé.

(Imagen: Twitter via Shutterstock)

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El Troll Demandante-Controlador

by Andrés Borbón on 4 December, 2013

in Blogueradas

troll-demandante

Siguiendo con el catálogo de los diferentes tipos de Trolls, nos encontramos con uno de los más comunes (al menos en lo que a mí experiencia respecta): El Troll Demandante-Controlador.

Si cambiamos (aunque sea ligeramente) de estilo al escribir, de temática, o dejamos de publicar el contenido que a este Troll le parecía interesante, suele responder con una fiereza desproporcionada.

Por ejemplo, hace poco recibí un comentario de un tal Alberto (dudo que se llame así, pero al menos es el nombre que puso para firmar sus imprecaciones):

Deje de leerte hace como 6 meses por que tu blog se volvio " yo yo yo yo yo yo carreras yo yo yo yo mi novia yo yo yo comida"

Hoy entre solo para ver si habías cambiado algo pero resulta que sigues igual.

Mejor te borro de los marcadores. PERDEDOR EGOCENTRICO VEJETE SIN FUTURO

Este tipo de Trolls “demanda” o “exige” que el contenido se ajuste a sus gustos, sus preferencias. Si hay algún cambio, responden con inusitada violencia. En el caso de este comentario, fue borrado casi de inmediato, y debo decir que a Alberto no le falta razón del todo: He cambiado el contenido de los posts porque muchos de los anteriores eran, en su mayoría, refritos maquillados de información hallada en otros sitios de la red. Cierto que los textos eran originales, pero el meollo del asunto no.

Ahora, escribo entradas originales de principio a fin. No que sean únicas, pues nada nuevo hay bajo el sol, como dice el dicho, pero si antes una entrada me llevaba 10 minutos, ahora puedo demorar 2 ó 3 horas en componer una, y he optado por un tipo de contenido más personal, casi autobiográfico… más cercano al propósito original de un blog (weblog… web log… diario web).

Como se imaginarán, son esta clase de respuestas las que hacen de la zona de comentarios un fastidio y orillan al blogger a cerrar los comentarios o, en el peor de los casos, a cambiar su estilo para complacer a los lectores furibundos y evitar este tipo de ataques.

Lo peor del asunto es que este tipo de Trolls realmente no se van. Si lo hicieran de verdad, otra cosa sería. Aparecen regularmente para reafirmar sus amenazas de irse (ahora sí), para exigir otra vez que uno escriba lo que a ellos les gusta o, en el peor de los casos, para desatar oleadas de ataques, pues los Trolls se atraen mutuamente y basta con que uno ponga un comentario de esta calaña para que otros se armen de valor y respondan de forma semejante.

¿Qué hacer? Nada, desgraciadamente. Borrar el comentario, suspirar hondo y seguir adelante. En casos extremos, cerrar los comentarios un tiempo en lo que la tormenta amaina, cosa que yo he debido hacer en varias ocasiones cuando el trolerío se desata y llega a niveles incontrolables.

Nota: Este tipo de Troll realmente cree poder controlar los espacios ajenos con la amenaza de emigrar, pero ese ego inflado e irracional no debe ser confrontado, so pena de desatar una andanada de amenazas, ofensas y rabietas incontrolables y cada vez más agresivas.

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El Troll ortográfico-gramatical

by Andrés Borbón on 28 November, 2013

in Blogueradas, Cómico

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Si te quieres enterar de las nuevas y apasionantes adquisiciones del idioma, tanto en lo ortográfico como en lo gramatical, no existe mejor maestro que este ridículo y autocomplaciente especimen de Troll.

Basta con que cometas algunos errorcillos en el texto (intencionales o de forma accidental) para que este Troll salte a la lona con los guantes puestos, la actitud de un guerrero espartano (This is Spartaaa!) y el rostro púrpura, henchido por la furia y con la venas de las sienes a punto de reventar.

En alguna ocasión, omití a propósito un signo de admiración al inicio de una frase y eso fue suficiente para que un comentarista se indignara y me hiciese ver el error, a su juicio imperdonable… una violación a la pureza virginal del idioma.

Otras veces, gustan de hacer intervenciones más finas, como aleccionarte sobre el uso de las preposiciones, la nueva forma (aceptada ayer por la RAE) de escribir alguna palabra o, en el peor de los casos, condenarte si, de pronto, decides escribir de manera más coloquial. Escribir como se habla les parece digno de la horca, de la inyección letal o, preferentemente, de una entrevista con el benévolo y compasivo Torquemada.

Este Troll cuenta las veces que has utilizado la palabra “que”, despepita si tus párrafos o frases son demasiado cortas o largas, juzga (diccionario en mano) sobre la pertinencia de usar tal o cual adjetivo y, en general, basa su fortaleza en el uso de los signos de puntuación, rechaza cualquier anglicismo, localismo y, por supuesto, la utilización de todo tipo de caló, incluyendo neologismos o nuevas palabras derivadas del mundo de la tecnología y tan recientes que aún no tienen un equivalente en castellano. Escribir “Tweet” en vez de “Tuit” es suficiente para que alguien salga corriendo por las sales pues el Troll ha sufrido un soponcio.

Si alguien le reclama por su actitud, se defiende argumentando que, simplemente, tenía la intención de hacer una crítica constructiva, aunque no se da cuenta que es tan molesto como un mosquito hambriento y jodelón (¡perdón!, he usado un localismo) a la hora de dormir.

Por lo general, son tipos puntillosos y controladores, que debido a su incapacidad de juzgar la profundidad de las ideas y ejercer la tolerancia, evalúan un texto en base a minucias como estas y que, por si fuera poco, raramente prestan atención al contenido. Además, tienen tanto sentido del humor como un tubo de pasta dental.

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El Trolerío

by Andrés Borbón on 26 November, 2013

in Blogueradas

trollerio

Muchas veces he hablado en este espacio sobre los Trolls y, con no poca frecuencia, me he dado cuenta (esto va para la mayoría, incluyéndome) de que casi todos llevamos un Troll en nuestro interior.

Sin embargo, cada vez que toco el tema me quedo invariablemente en la superficie. A veces abordo la clasificación o hago alguna rabieta al respecto, pero se me quedan muchas cosas en el tintero. Como muchos saben, este blog no siempre ha tenido comentarios. Los activo y los anulo intermitentemente, dependiendo de cómo se esté comportando el trolerío.

Últimamente, como sucede cada fin de año, han estado muy agresivos. Será que el frío no les sienta bien,  que saben que Santa Claus no les traerá lo que han pedido o que yo cambio (aparentemente con el único fin de contrariarlos) mi forma de escribir.

En todo caso, creo que tras convivir tantos años con estas anomalías en la matrix, valdría la pena hacer una breve recapitulación de quiénes son, como reconocerlos, la forma de librarse de ellos o, simplemente, de apreciar las invaluables contribuciones de su intelecto a la vida de un blog. Lo digo sin el menor afán de burla o sarcasmo: Muchos Trolls se dejan la piel en los comentarios, y muchos destacan por su erudición en determinados temas. Es la actitud, no la persona, lo que hace que alguien sea calificado con este apelativo tan poco deseable.

Pretendo dedicar una o dos entradas a la semana a estos seres tan curiosos y dar mis opiniones (que ustedes podrán complementar con sus comentarios, además de proponer nuevos temas o abordajes en al asunto). Con trabajo y esmero, podremos tal vez sacar en claro muchas respuestas sobre esta resistente plaga típica (pero no exclusiva) de la era donde predomina la comunicación digital.

El proyecto me entusiasma y vengo trabajando la idea ya desde hace algunas semanas, pero mi escasa capacidad de organización ha retrasado considerablemente el inicio.

¡Pongámonos a la obra!

(Imagen: Troll via Shutterstock)

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Scrivener

by Andrés Borbón on 19 November, 2013

in Blogueradas, Literatura

escritor

Muchas personas (y en diferentes ocasiones) me han preguntado qué tipo de software uso para escribir. Me gustaría decir que sólo mi corteza cerebral, o que Word, que Darkroom o que Notebook, pero me confieso incapaz de tal cinismo, de tamaña patraña.

Últimamente (digamos, de unos seis meses hacia atrás), uso Scrivener (antes utilizaba Atlantis), y todo ha ido de maravilla. Este programa ha sido diseñado para Mac y yo uso Windows, así que algunos desacuerdos hemos tenido.

Ha sido diseñado para escritores: Una “stoyline” (guión),  un organizador de capítulos brutalmente simple de usar para luego transformarlos a cualquier  formato que yo elija, desde .epub hasta .docx.

Resulta extraño, a estas alturas del partido, hallar un software “honesto”, ya que  cada cual mira por sus intereses, pero Scrivener, del cual he probado varias versiones antes de decidirme a comprarlo, es el mejor procesador de palabras para escritores creativos que existe.

Si alguien puede demostrarme lo contrario, se lo agradeceré (no son palabras vacías, lo juro).

La gente de literatureandlatte.com no me ha enviado ni siquiera el programa para probarlo, pero bastan los 30 días de prueba y los miles de testimonios online para darse cuenta que es, aparte del nefasto  Word, el mejor Software para escritores serios que existe en el mundo… qué miserable es este mundo, pienso de inmediato, pero algo me contiene: ¿Acaso he hecho yo algo para mejorar las cosas?: Nada, absolutamente nada.

Demonios.

(imagen: Escritor via Shutterstock)

Nota: No tengo tantas canas ni poseo una Mac, pero con la ayuda de Apple la conseguiré. Je, je. Agradecería a la gente de Apple el envío de una MacBook Pro para hacerme de una opinión independiente al respecto.

(Imagen: Blogger via Shutterstock)

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