
Ana abre la puerta y ahí está Luis, su novio desde hace varios años. Sin embargo, hoy está raro. Quién sabe qué mosca le habrá picado, piensa ella pero no le da más importancia al asunto hasta que se da cuenta de que Luis se palpa constantemente el bolsillo del saco y ella cae en la cuenta de que ¡su novio va vestido con un saco verde! Pero no sólo eso, sino que también lleva puesta una corbata del mismo color. ¿Será el día de San Patricio y ella no ha caído en la cuenta? Mira el calendario y ve que no están ni cerca de la fecha.
Ella se ha escapado con el pretexto de ir a arreglarse el peinado pero lo que en realidad hace es sentarse en su cama a pensar en el asunto: ¿Ha olvidado algún aniversario? ¿Un cumpleaños? ¿Algún compromiso? Nop. Nada.
Cuando baja las escaleras con la cabeza aún hecha una maraña, se ve frente a frente con su peor pesadilla: Luis está hincado en medio de la sala con cara de idiota y un estuche negro en la mano. Al abrirlo, Ana queda atónita y Luis dice, con esa voz ronca típica del caso: ¿Quieres casarte conmigo? Pero ella mira el anillo, lo mira a él y, de alguna forma, se mira a sí misma.
¿Qué demonios es esto?, dice al fin señalando el anillo donde, en vez de un diamante o algo que se le parezca hay una tecla de Escape (Esc).
Luis se aclara la garganta y Ana, que sabe lo geek que es pues lo conoce de toda la vida, sabe lo que el pobre va a decir: Bueno, comienza él, este es un anillo de compromiso, pero si en algún momento quieres anularlo todo, no tienes mas que mostrármelo y presionar la tecla. Sin explicaciones. Sin preguntas. Sin chantajes.
Ana se le queda mirando, mordiéndose la uña del dedo índice.
¿Y tú también puedes presionar la teclita y mandarme a la mierda sin decirme por qué?, pregunta ella, ya enfadada. No, no, no, responde él; si eso sucediera, yo te explicaría claramente por qué, solo que…
Ana cierra la caja, la coloca en el bolsillo de Luis y le dice: ¡Sí quiero casarme contigo, imbécil!, pero no voy a llevar esa porquería el resto de mi vida y tener que dar explicaciones cada que alguien la vea, así que devuélvela y regresa con algo normal. No tienes que traerme un diamante, sólo algo que brille, ¿entendido?
Luis asintió, sonrió, caminó y ella le dio un beso y luego con la puerta en las narices.
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Jajaja, muy buena la historia, me gustó…
Excelente, haber si consigo uno de esos…
Muy bueno. Felicidades.
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