
Tal vez no seamos las personas más tolerantes del mundo y probablemente por eso debemos escribir (o leer) esto.
Tolerar la crítica hacia nuestro trabajo (ese que nos importa tanto) no es sencillo. La crítica duele, hiere, produce cortes que sangran y esa sangre es tan roja y brillante que nos asusta.
A veces creemos ser de roca: Invulnerables al tacto humano, pero la verdad es que sucede todo lo contrario: Nuestra piel es sumamente frágil, y los corten nacen con facilidad.
Por eso duele tanto cuando otros que han leído someramente nuestros escritos, critican con tanta ligereza, pero hemos de ser tolerantes. Otros prefieren responder a la agresión y hay quienes optamos por la medida más sencilla: Borrar la ofensa, que con un par de clicks desaparece a menos que veamos algo de razón en ella, en cuyo caso habrá que dejarla a modo de recordatorio para no cometer el mismo error de nuevo.
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Hay un poema de un alemán llamado Goethe,
Cabalgamos por el mundo
En busca de fortuna y de placeres
Mas siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.
Un día me dijo mi socia, mira Adrián, que comentario tan feo nos dejaron y le respondí, me preocuparía mas no tener nunca comentarios.
Supongo que hay gente que tolera mas la frustración de que nuestro trabajo no agrade a todos. Pero siento que para mi, seria mayor la frustración de que nadie entrara a mi blog…
Saludos Andres
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