Peña Nieto se luce en la FIL.
El hecho ya es conocido y ha sido un escándalo mediático, pero para quienes anden atrasados en noticias, resulta que el mexicano Enrique Peña Nieto, precandidato presidencial del PRI, presentó el 3 de diciembre su libro “México, la gran esperanza”, y a uno de los periodistas asistentes al evento se le ocurrió una pregunta de lo más ingenua y sin malicia (bueno, era casi para que se luciera el “escritor”): ¿Cuáles son los tres libros que habían marcado su vida? Pero el mexiquense no atinó a responder una pregunta tan simple. Adjudicó “La silla del águila” a Krauze, siendo que el autor es Carlos Fuentes y bueno, se enredó de una forma tal que dio lástima y quedará grabada en los anales de este golpeado país, pero hay que reconocerle su valor, pues a pesar de que el auditorio de la FIL (Feria Internacional del Libro) estaba abarrotado y que todo el mundo se desternillaba de risa por las incoherencias que soltaba el del copete inmortal, sin atinar a construir una sola frase coherente, él siguió intentándolo, inventando nombres, olvidando autores y reconociendo (eso sí) que cuando leía no recordaba ni los nombres de los libros ni los autores (supongo que tampoco el contenido). El único libro que sí atinó a citar con propiedad fue la Biblia, aunque le faltó mencionar al autor.
No pienso que un buen político deba ser lector de novelas. Una cosa y la otra pertenecen a terrenos diferentes, aunque no excluyentes. Lo cómico del asunto es que se metió en la boca del lobo solo, sin ayuda, por su propia voluntad, y nunca supo salir del atolladero en el que lo enredó su desmesurado concepto de sí mismo o el poco respeto a quienes lo escuchaban.
Si en México no hubiese bloggers que son asesinados por expresar sus opiniones, diría: ¡Dios nos libre de tener un presidente tan pendejo!



