Asesinos Seriales: Ted Bundy

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by Andrés Borbón on 5 December, 2011

in Asesinos Seriales

Ted_Bundy_3 Las compañeras de Joni Lenz no estaban particularmente preocupadas cuando no la vieron la mañana del 4 de enero de 1974. Pero cuando llegó la tarde, comenzaron a preocuparse y bajaron al sótano donde ella vivía para ver si se encontraba enferma. El espectáculo fue estremecedor. La chica estaba seriamente golpeada. Una de las patas de la cama habría sido arrancada e introducida en sus genitales. Sufrió daños irreparables, pero vivió para contarlo.

Ella fue una de las pocas víctimas que sobrevivieron a un ataque de Ted Bundy, cuyo reinado de terror asoló a los Estados Unidos de 1974 a 1978. Se calcula que hubo unas 35 víctimas además de ella, las cuales no fueron tan afortunadas. Nadie sabe a ciencia cierta a cuántas mujeres mató Ted Bundy, pero la cifra puede bien ser superior a 50. La verdad se ha ido a la tumba con él.

Los primeros años

Theodore Robert Cowell nació el 24 de noviembre de 1946. Su madre, Louise Cowell era una chica que había quedado embarazada de un veterano de guerra a quien Ted jamás conoció. Poco después de su nacimiento, Ted y su madre se fueron a vivir a casa de sus abuelos, y durante un buen tiempo él creyó que ellos eran sus padres y que su madre era su hermana mayor. Todo esto fue ideado con la finalidad de proteger a la madre de Ted de las críticas que en aquél entonces aún desataban las madres solteras.

Cuando Ted tenía 4 años, se fueron a vivir a Tacoma, Washington, con unos parientes. Un año después de la mudanza, la madre se enamoró de un cocinero militar llamado Johnnie Colpepper Bundy. En mayo de 1951 la pareja se casó y Ted adquirió el apellido de su padrastro, el cual mantuvo por el resto de su vida

Con el correr de los años, la familia Bundy tuvo otros 4 hijos de los cuales Ted cuidaba después de la escuela. El padrastro de Ted trató de ganárselo al incluirlo en viajes de campamento y otras actividades. Sin embargo, sus intentos fueron infructuosos y Ted permaneció emocionalmente alejado de su padrastro. Declaraciones posteriores del mismo Bundy aclararon que la presencia de su padrastro lo ponía incómodo y que prefería estar solo.

Como adolescente, Ted era terriblemente tímido, inseguro y se sentía poco cómodo en las situaciones sociales. Era frecuentemente molestado por los otros chicos que lo hacían objeto de bromas y abusos. A pesar de las experiencias humillantes que sufría, fue capaz de mantener altas calificaciones en la escuela primaria y posteriormente en la universidad.

Poco a poco, la popularidad de Ted comenzó a crecer significativamente. Siempre iba bien vestido y era muy educado. A pesar de tal popularidad, se relacionaba poco con chicas. Sus intereses estaban puestos más bien en actividades extracurriculares tales como el esquí y la política. De hecho, Ted tenía una enorme fascinación por la política, un interés que años después lo colocaría notoriamente en dicho terreno.

Años universitarios

Tras graduarse de la “High School”, Ted asistió a la Universidad de Puget Sound y a la Universidad de Washington. Trabajó para pagarse sus estudios en varios empleos de baja paga como asistente de autobús escolar y vendedor de zapatos. Sin embargo, difícilmente permanecía en su puesto de trabajo y sus patrones lo consideraban poco confiable.

Aunque Ted era inconsistente en su trabajo fuera de clase, estaba muy enfocado en sus estudios. Este apego a las clases duró hasta la primavera de 1967 cuando comenzó una relación que cambiaría para siempre su vida.

La chica de sus sueños

Ted conoció a una chica que tenía todo lo que había soñado en una mujer. Era bella, sofisticada y provenía de una rica familia californiana. Ted no podía creer que alguien de su “clase” pudiera tener interés en alguien como él. Aunque había grandes diferencias entre ellos, ambos adoraban esquiar y fue durante uno de sus viajes para practicar este deporte en donde él se enamoró de ella. Fue el primer verdadero amor de Ted  y probablemente la primera mujer con la que se involucró sexualmente. Sin embargo, ella no estaba tan enamorada de Ted como él de ella. De hecho, a ella le gustaba mucho él pero creía que no tenía metas fijas en la vida. Ted trató con todas sus fuerzas de impresionarla aún cuando esto significara mentir, algo que a ella no le gustaba en absoluto.

Ted ganó una beca escolar para la prestigiosa Universidad de Stanford en California sólo para impresionarla pero en Stanford su inmadurez quedó al descubierto. Ted no entendía por qué la máscara que había estado usando tanto tiempo le falló en esta ocasión, y sus primeras tentativas de colarse en un mundo sofisticado fracasaron estrepitosamente.

En 1968, cuando su novia se graduó de la Universidad de Washington, rompió su relación con Ted. Ella era una chica práctica, y pareció darse cuenta de que Ted tenía serios problemas de carácter que lo descalificaban como posible futuro esposo.

Ted nunca se recuperó de la ruptura. Nada, incluyendo la escuela, parecía tener ningún interés para él y eventualmente desertó, dolido y deprimido por la ruptura. Consiguió mantenerse en contacto con ella escribiéndole cuando ella regresó a California aunque ella parecía poco interesada en regresar con él. Sin embargo, Ted se obsesionó con la joven y no la podía sacar de su mente.

Fue una obsesión que duró toda su vida y que lo llevó a la serie de actos que conmocionarían al mundo.

Para hacer peores las cosas, en 1969 Bundy conoció su verdadero origen. Su “hermana” era en realidad su madre y sus “padres” eran sus abuelos. No es raro que este último descubrimiento tuviera un serio impacto en él. Es difícil saber qué tanto lo impresionó, y cómo este hecho contribuyó a sus actos posteriores. Sin embargo, desde mucho antes, Bundy tenía algunos problemas de conducta que ponían en duda su honestidad. Mucha gente a su alrededor sospechaba que cometía pequeños robos. Robaba sin ningún sentimiento de culpa y de hecho esto lo estimulaba y lo excitaba el peligro al que se exponía al hurtar en tiendas. A veces eran pequeñas cosas que obsequiaba a otras personas pero en ocasiones llegaba a hurtar televisiones y otros objetos de valor.

Su personalidad comenzó a cambiar y se transformó de tímido e introvertido a un individuo de carácter mucho más dominante. Consiguió entrar nuevamente a la Universidad de Washington y comenzó a estudiar Psicología, en donde sobresalió. Bundy se convirtió en un excelente alumno y era muy apreciado por sus profesores. Fue entonces cuando conoció a Elizabeth Kendall (un pseudónimo), una mujer con la que estuvo involucrado por casi cinco años. Elizabeth trabajaba como secretaria y era una mujer tímida y callada. Era una divorciada que parecía haber encontrado en Ted Bundy la perfecta figura paterna para su hija. Elizabeth estaba profundamente enamorada de Ted y deseaba casarse con él. Sin embargo, Ted Decía que no estaba preparado para el matrimonio ya que le faltaban muchas cosas por lograr. Elizabeth sabía que Ted no la quería tanto como ella y sentía que en muchas ocasiones Ted tenía encuentros con otras mujeres. De todas formas, ella esperaba que eventualmente él cambiaría. Ella desconocía su relación pasada con la chica de California con quien Ted seguía manteniéndose en contacto y que incluía visitas mutuas.

La vida de Ted Bundy entre 1969 y 1972 pareció cambiar para bien. Era más confiado y tenía altas expectativas para el futuro. Comenzó a enviar solicitudes a varias escuelas de leyes mientras que al mismo tiempo se volvió muy activo en la política. Trabajó en la campaña para la reelección del gobernador de Washington, una actividad que le permitió a Ted crear lazos con poderosos personajes políticos del Partido Republicano. Ted también trabajó como voluntario en una clínica telefónica de crisis como estudiante. Estaba satisfecho con el rumbo que estaba tomando su vida ya que todo parecía ir en la dirección correcta. Incluso, obtuvo un reconocimiento de la policía de Seattle por salvar la vida de un niño de 3 años que estaba ahogándose en un lago.

En 1973, durante un viaje de negocios a California para el Partido Republicano de Washington, Ted se encontró con su antigua novia. Ella quedó impresionada por la transformación de Ted. Él era mucho más maduro y confiado y muy diferente al que vio en su última cita. Se encontraron muchas otras veces después de ésta a espaldas de su novia Elizabeth. Durante los viajes de negocios de Ted, cortejaba a la chica californiana y ella se enamoró nuevamente de él.

Ted hablaba frecuentemente de matrimonio con ella durante aquella época. Sin embargo, el romance cambió de rumbo radicalmente. El afectuoso Ted se convirtió en un ser frío y despreciativo. Era como si Ted hubiera perdido cualquier interés en ella en sólo unas semanas. Ella estaba francamente confundida acerca de este “nuevo” Ted. En febrero de 1974, sin advertencia ni explicación, Ted rompió todo contacto con ella. Su plan de venganza había funcionado. Él la rechazó como ella lo hizo alguna vez. Jamás volvieron a verse.

Una era de terror

Linda_Healy Lynda Ann Healey era una joven con muchos logros. A la edad de 21 años, los escuchas de la radio matutina oían su amistosa voz anunciar las condiciones del clima para las áreas de esquí más importantes en el oeste de Washington. Era una chica bella, alta y delgada con largo cabello castaño y siempre sonriente.

Era el producto de una buena familia y de un ambiente de clase media-alta. Cantaba muy bien y estaba en los últimos años de la Universidad de Washington donde estudiaba Psicología. Le encantaba trabajar con niños discapacitados.

Lynda compartía una casa cerca de la universidad con otras cuatro jóvenes. El 31 de enero de 1974, fue a beber unas cervezas con unos amigos a una taberna popular entre los estudiantes universitarios. No se quedaron mucho tiempo y Lynda se fue a casa a mirar televisión y a hablar por teléfono con su novio. Después, Lynda se fue a dormir. La chica en la habitación al lado de ella no escuchó ningún sonido proveniente de su recámara aquella noche.

Lynda tenía que levantarse cada mañana a las 5:30 para llegar a su trabajo en la estación de radio. Su compañera escuchó sonar la alarma a las 5:30 como lo hacía siempre. Lo raro fue que la alarma siguió sonando. Cuando la chica finalmente entró a apagarla, escuchó sonar el teléfono. Se trataba de la estación de radio, llamando para saber dónde se encontraba Lynda. Su cama estaba hecha y nada parecía fuera de lo normal así que su compañera supuso que Lynda se encontraba camino al trabajo.

Cuando sus padres llamaron aquella tarde para saber por qué Lynda no se había presentado a cenar con ellos, todo el mundo comenzó a preocuparse. Nadie la había visto. Parecía haberse desvanecido de la casa.

Los padres de Lynda llamaron a la policía. En su habitación hallaron que su cama había sido arreglada en una forma inusual. De hecho, Lynda no solía tender su cama todos los días. Curiosamente, una funda de almohada y la sábana superior no se encontraban por ninguna parte y una pequeña mancha de sangre del mismo tipo del de Lynda se halló en la almohada y en la sábana inferior. También había sangre en su pijama la cual estaba colgada cuidadosamente en el closet y faltaba algo de ropa.

Otra pista alarmante fue que una de las puertas de la casa estaba sin asegurar, y las chicas eran muy cuidadosas a este respecto.

La policía inicialmente no estaba muy convencida de que Lynda hubiera sido víctima de un crimen, así que no se recabaron huellas digitales, ni cabello, ni fibras. Finalmente, se dieron cuenta de que un intruso había entrado a la casa, le había quitado la ropa a Lynda, la había colgado en el closet, la vistió, hizo la cama, envolvió a Lynda en una sábana y la sacó de la casa. Todo en el más absoluto silencio.

Cadena de asesinatos

Durante aquella primavera y verano, más estudiantes comenzaron a desaparecer misteriosamente. Había algunas similitudes extrañas entre los casos. Por ejemplo, todas las chicas eran blancas, delgadas, solteras y vestían pantalones al momento de la desaparición. El cabello era largo, peinado con la raya enmedio y todas habían desaparecido por la noche

Otro detalle era que cuando la policía interrogó a los estudiantes, estos informaron de un extraño hombre que usaba un aparato de yeso en uno de sus brazos o piernas. Al parecer, el hombre batallaba para cargar sus libros, y les pedía a las estudiantes que le ayudaran. Otros testigos reportaron que el hombre había sido visto en el estacionamiento, también usando un yeso, y pedía que le echaran una mano con su automóvil, un VW sedán el cual, aparentemente, no podía hacer que arrancara. El tiempo y ubicación de dicho hombre coincidía perfectamente con los lugares donde se habían producido las desapariciones.

Finalmente, en agosto de 1974, en el parque estatal Lake Sammamish de Washington, fueron hallados los restos  de algunas de las chicas desaparecidas. Fue una hazaña que la policía fuese capaz de identificar dos de los cuerpos, tomando en cuenta lo que había quedado de ellos: Algunas tiras de pelo de varios colores, cinco fémures, un par de cráneos y una mandíbula. Los nombres de las chicas eran Janice Ott y Denise Naslund, quienes habían desaparecido el mismo día: El 14 de julio.

Janice Ott:
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Las últimas personas que habían visto a Janice Ott con vida, una pareja haciendo picknick en un área cercana, recuerdan a un hombre joven y apuesto aproximándose a la chica. De lo que estos oyeron de la conversación, el nombre de él era Ted y tenía dificultades subiendo su bote al techo del auto debido a que llevaba un yeso en el brazo. Le pidió a Ott que lo ayudara y ella aceptó. Esa fue la última vez que la chica de veintitrés años fue vista con vida.

Denise Naslund:
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Denise Naslund pasaba la tarde con su novio cuando se dirigió hacia el baño del parque, pero nunca regresó. Aquella tarde, cerca de la hora en que desapareció, un hombre que portaba un yeso y que pedía ayuda con su bote se acercó a una pareja de mujeres, quienes no pudieron ayudar al apuesto muchacho. Sin embargo, Denise Naslund era de ese tipo de personas que ayudaban a quienes podía siempre que estuviese en sus manos, especialmente si se trataba de alguien con un brazo roto… y ese acto de generosidad terminó costándole la vida. Denise Naslund no sería la última mujer en desaparecer para después ser encontrada muerta.

Ahora el asesino viajaría por diferentes estados.

Melissa Smith, otra de las víctimas:
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Louis Smith, el Jefe de la Policía de Midvale, Uta, tenía una hija de 17 años a quien siempre advertía sobre los peligros del mundo. Había visto muchas cosas durante su carrera y le preocupaba la seguridad de su hija. Aún así, sus peores temores se volvieron realidad el 18 de Octubre de 1974 cuando su hija Melissa desapareció. Fue hallada 9 días después: Estrangulada, sodomizada y violada.

Laura Aime:
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Un par de semanas después de Halloween, Laura Aime, de 17 años, desapareció. Fue hallada el día de Acción de Gracias en las montañas Wasatch, muerta en las cercanías de un río. Aimé había sido golpeada en la cabeza y en el rostro con una llave de cruz,violada y sodomizada. Se pensó que había sido asesinada en otro lugar, y llevada ahí, pues en el lugar apenas había algo de sangre. Además del cuerpo, la policía no halló ningún otro tipo de evidencia incriminatoria.

Las similitudes con los asesinatos cometidos en el estado de Washington llamaron la atención de la policía de Utah, quienes buscaban frenéticamente al hombre responsable de los horrendos crímenes. Con cada asesinato, la evidencia se acumulaba. La policía de Utah consultó con los investigadores de Washington. Casi todos estuvieron de acuerdo en que, al parecer, se tratara del mismo hombre el que había cometido los asesinatos en ambos estados. Gracias a los relatos de los testigos acerca del hombre del yeso, fueron capaces de hace un retrato hablado del hombre que se hacía llamar “Ted”:

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Cuando un amigo cercano de Elizabeth Kendall vio el relato del asesinato de Melissa Smith en el periódico y el retrato hablado del supuesto asesino, supo que Ted Bundy debía ser el culpable. No era sólo porque éste le disgustara, sino por el gran parecido con el dibujo que había dado a conocer la policía.

En el fondo, Elizabeth debía saber que su amiga estaba en lo cierto. Después de todo, Ted se parecía mucho al bosquejo, manejaba un Volkswagen similar al que habían visto los testigos y ella había visto muletas en su casa aún cuando él jamás se había lastimado una pierna. De acuerdo al libro The Phantom Prince: My Life with Ted Bundy (El príncipe fantasma: Mi vida con Ted Bundy), ella llamó anónimamente a la policía de Seattle en agosto de 1974 y declaró que su novio podía estar involucrado en los crímenes. Ella volvió a llamar un poco después y dio más detalles al respecto para ayudar a los investigadores del caso. También estuvo de acuerdo en proporcionarles fotografías recientes de Ted para que éstas fueran mostradas a los testigos. Sin embargo, los testigos no reconocieron a Ted en las fotografías y el reporte de Elizabeth fue eventualmente dejado de lado. Los detectives que trabajaban en el caso decidieron enfocar su atención en otros sospechosos y Ted Bundy fue olvidado hasta unos años más adelante, cuando ya era demasiado tarde.

El asesino continuó evadiendo a los investigadores, asumiendo que al trabajar en diferentes estados la policía sería incapaz de comparar los casos. Su comportamiento se volvió cada vez más burdo y riesgoso cuando se aproximaba a las mujeres. Aquellas que escaparon a sus avances pudieron reconocerlo después y proporcionaron a la policía información valiosa sobre este asesino serial.

Fue el 8 de noviembre de 1974 cuando los investigadores hicieron un avance importante en el caso. Ese viernes por la noche, un extraño pero apuesto hombre se acercó a la adolescente Carol DaRonch en una librería de Utah. El hombre le dijo a la mujer que acababa de ver a alguien que trataba de abrir su auto y le ofreció acompañarla al estacionamiento para verificar si habían robado algo.

Carol pensó que se trataba de un guardia de seguridad de la tienda, ya que se veía tranquilo y en completo control de la situación. Cuando llegaron al automóvil, ella checó todo y le dijo al hombre que no faltaba nada. El hombre, quien se identificó a sí mismo como el oficial Roseland, no estaba satisfecho y quería escoltarla a la estación de policía para que identificara al suspuesto criminal y levantara una denuncia. Cuando él la llevó a su Volkswagen, ella comenzó a sospechar y le pidió que se identificara. Él rápidamente le mostró una placa dorada y la hizo entrar en su vehículo.

Manejó rápidamente en dirección opuesta a la estación de policía y tras un rato, detuvo intempestivamente al auto. Carol DaRonch comenzó a tener miedo. El supuesto oficial de policía la agarró y trató de esposarla. DaRonch gritó tan fuerte como pudo. Cuando hizo esto, el hombre sacó una pistola y la amenazó con matarla si no se detenía. DaRonch se vio empujada fuera del auto y el hombre se acercó a ella con una llave de cruz en la mano. Estaba listo para golpearla en la cabeza. Aterrorizada, le dio una patada en los genitales y se las arregló para liberarse. DaRonch corrió hacia la carretera y llamó la atención de una pareja que pasaba en su auto por ahí. Se detuvieron y DaRonch saltó al interior del auto. Lloraba histéricamente y les contó que un hombre había intentado matarla. Ellos la llevaron inmediatamente a la policía.

Sollozando, con las esposas aún colgando de sus muñecas, le dijo a la policía lo que el supuesto policía había hecho pero, por supuesto, no había un elemento de la corporación que se apellidara Roseland. Fue enviado un destacamento al lugar donde DaRonch había sido atacada una hora antes pero, obviamente, el hombre había desaparecido. Sin embargo, la policía obtuvo la descripción del hombre y de su automóvil y pocos días después, obtuvieron el tipo de sangre del asesino de una mancha en el abrigo de la chica. El tipo sanguíneo era O.

Carol DaRonch, Testificando:
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Aquella misma tarde, la directora de una obra de teatro en la High School de Viewmont fue abordada por un apuesto hombre quien le pidió su ayuda para identificar un auto. Ella estaba demasiado ocupada y se negó a ayudar al hombre. De nueva cuenta, un poco más tarde volvió a acercarse a ella y le pidió su ayuda y, otra vez, ella se negó. Algo le parecía extraño, atemorizante en él, pero ella lo ignoró y siguió trabajando. Le perturbó ver que el hombre se sentaba en los últimos asientos del auditorio y se preguntó qué era lo que realmente quería.

Debby Kent, quien veía la obra en la noche con sus padres, dejó el lugar temprano para recoger a su hermano en un salón de bolos. Les dijo a sus padres que estaría ahí para recogerlos en unos minutos, pero nunca regresó. De hecho, ella nunca llegó a su automóvil, el cual permaneció en el estacionamiento de la escuela. Debby Kent había desaparecido. Lo que halló la policía en las inmediaciones fue una pequeña llave que correspondía a unas esposas, las mismas que había tenido Carol DaRonch unas horas entes. No había duda de que las esposas y la llave se correspondían perfectamente. Casi un mes después, un hombre llamó a la policía para decir que había visto un Volkswagen sedán saliendo a toda velocidad del estacionamiento de la escuela la noche que Debby Kent desapareció.

El 12 de enero de 1975, Caryn Campbell, su novio el Dr. Raymond Gadowski y sus dos hijos hicieron un viaje a Colorado. Carol esperaba disfrutar de unos días lejos del trabajo y pasar más tiempo con sus hijos, mientras que su novio asistía a una conferencia. Mientras ella descansaba en las instalaciones del hotel con Gadowski y su hijo e hija una noche, ella recordó que había olvidado su revista y regresó a la habitación por ella. Su novio y los niños la esperaron, ero fue en vano. Él sabía que ella no se sentía del todo bien aquella noche y fue a la habitación para ver si necesitaba ayuda. Caryn no estaba en ninguna parte. De hecho, ella no había entrado a la habitación y a la mañana siguiente, confundido y preocupado, Gadowski informó a la policía de su desaparición. Buscaron en cada una de las habitaciones del hotel pero no hallaron ningún rastro del paradero de Caryn.

Casi un mes después y unas millas de donde había desaparecido, un trabajador encontró el cuerpo desnudo de Caryn tendido a corta distancia del camino. Los animales habían destrozado el cuerpo, lo que hizo difícil determinar la causa precisa de la muerte. Sin embargo, era evidente que el asesino le había provocado fracturas que pudieron haber sido fatales.

Como muchas de la víctimas halladas en Utah y Washington, había sido golpeada repetidamente en la cabeza con un instrumento afilado. De acuerdo al libro de Richar Larsen The Deliberate Stranger, los golpes fueron tan violentos que uno de sus dientes fue separado de las encías. También había evidencia de que había sido violada. Se piensa que murió apenas unas horas después de su desaparición. Aparte de los restos de Caryn, había poca evidencia en la escena.

Unos pocos meses después de que el cuerpo de Caryn fuera encontrado, los restos de otra persona aparecieron a una diez millas de donde habían sido hallados los cuerpos de Naslund y Ott. Se trataba de Brenda Ball, una de las siete mujeres que había desaparecido aquel verano. La causa de su muerte eran golpes en la cabeza con un objeto romo.

La policía buscó en las Montañas Taylor donde los cuerpos fueron hallados. Un par de días después fue descubierto otro cuerpo. Era el de Susan Rancourt, quien desapareció al principio de aquel verano. Las Montañas Taylor se habían convertido en el cementerio personal de un lunático llamado “Ted”. Dos cuerpor más fueron hallado aquel mes. Uno de ellos era Lynda Ann Healy. Todas las víctimas tenían severas contusiones provocadas por un objeto que bien podía ser una llave de cruz.

La policía siguió buscando infructuosamente al asesino. Cinco mujeres más fueron halladas muertas bajo similares circunstancias. Ellas, por desgracia, no serían las últimas.

Sospechoso

El Volkswagen de Ted Bundy:
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El 16 de agosto de 1975, el sargento Bob Hayward estaba patrullando un área a las afueras del condado de Salt Lake cuando vieron pasar un vehículo Volkswagen. Él conocía bien el vecindario y a casi todos sus residentes y no podía recordar que hubiera un auto como aquél en las inmediaciones. Cuando encendió las luces de la patrulla para echar un ojo a la placa del vehículo, el conductor del VW apagó las suyas y aumentó la velocidad.

Inmediatemente, el sargento Hayward comenzó a perseguir el vehículo. El auto se pasó dos señales de alto hasta que eventualmente se paró cerca de una estación de gasolina. El sargento se acercó al conductor y le pidió que saliera del vehículo. Le pidió sus papeles, que lo identificaban como Theodore Robert Bundy. Dos oficiales más se unieron a Hayward y éste notó que el auto no tenía el asiento del acompañante. Los tres oficiales inspeccionaron el Volkswagen y hallaron una llave de cruz, una máscara de esquí, cuerdas, esposas, alambre y un picahielo. Bundy fue puesto inmediatemente bajo arresto.

Fotografía de Ted Bundy, bajo arresto:
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Poco después del arresto de Bundy, la policía comenzó a encontrar conexiones entre él y el hombre que atacó a Carol Da Ronch. Las esposas que se hallaron en carro de Bundy eran de la misma marca que el atacante de Carol había usado y el auto era similar al que ella describiera. Además, la llave de cruz encontrada en el auto de Bundy era parecida a la que el asesino había usado para amenazarla en noviembre. Sospechaban que Bundy era el hombre responsable del secuestro de Melissa Smith, Laura Aime y Debby Kent. Había demasiadas similitudes entre los casos para que la policía las ignorara. Sin embargo, sabían que necesitaban más evidencia para armar un caso en contra de Bundy

El 2 de Octubre de 1975, Carol DaRonch junto con la directora de la obra de teatro en la escuela Viewmont High y un amigo de Debby Kent fueron a identificar a Ted, quien se encontraba en una hilera de siete hombres en la estación de policía de Utah. A la policía no le sorprendió cuando Carol señaló a Ted como el hombre que la había atacado. La directora y el amigo de Debby también señalaron a Ted como el hombre que había estado merodeando por el lugar el día que Debby desapareció. A pesar de que Ted se declaró inocente, la policía estaba casi segura de que finalmente tenían a su hombre. Poco después de esto, los detectives encargados del caso iniciaron una investigación a fondo sobre Theodore Robert Bundy.

La Investigación

Foto de Ted Bundy:
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Durante el otoño de 1975, los investigadores se pusieron en contacto con Elizabeth Kendall para recabar cualquier información que ella pudiera proporcionar sobre Ted. Pensaron que Elizabeth sabría mucho sobre los hábitos y la personalidad de Ted. Lo que descubrieron los investigadores de Kendall les ayudó de forma invaluable en el caso. El 16 de septiembre de 1975, Elizabeth fue citada en la Unidad de Crimen de la Policía del Condado de King, en Washington y entrevistada por los detectives Jerry Thompson, Dennis Couch y Ira Beal. Ella estaba visiblemente nerviosa, pero deseaba ayudar a la policía y darles cualquier información necesaria para armar el caso contra Ted. Cuando le preguntaron acerca de él, ella dijo que las noches de los homicidios, ella no pudo localizarlo. Elizabeth también le dijo a la policía que él con frecuencia dormía durante el día y salía de noche, aunque desconocía a dónde iba. Contó que su interés por el sexo se había desvanecido en el último año. Y cuando lo mostraba, le gustaba amarrarla. Cuando ella le dijo a Ted que no deseaba seguir participando de esa manera en sus fantasías, él se molestó mucho con ella.

En una entrevista posterior con Elizabeth, los investigadores se enteraron de que Ted tenía material en su habitación para hacer yesos, algo que ella notó cuando comenzaron a salir. Ella también había notado que en su auto tenía un hacha. Pero había algo más importante para el caso entre los recuerdos de Elizabeth: Ella supo que Ted había visitado Lake Sammamish en julio, donde había ido supuestamente a hacer esquí acuático. Una semana después de que Ted partió al parque, Janice Ott y Denise Naslud fueron reportadas como desaparecidas.

Tras largas horas de entrevistas con Elizabeth, los investigadores decidieron probar con la antigua novia de Ted en California. Cuando la policía la contactó, ella les contó cómo había cambiado abruptamente su forma de ser hacia ella de amoroso y afectuoso a cruel e insensible. Tras interrogarla un poco más, la policía se dio cuenta que su relación y aquella que mantenía con Elizabeth se habían sobrepuesto y ninguna de las dos sabía de la otra mujer. Ted parecía estar viviendo una doble vida, llena de mentiras y traición. Había más de lo que los investigadores habían supuesto en un principio.

Posteriores investigaciones arrojaron más evidencia que lo relacionaría con las otras víctimas. Lynda Ann Healy estaba relacionada con Ted a través de un primo de él; Más testigos comenzaron a reconocerlo del tiempo en que estuvo en el parque de Lake Sammamish en el tiempo en que Ott y Naslund desaparecieron; un viejo amigo de Ted dijo que había visto unas pantimedias de mujer en la guantera de su auto. Además, Ted había pasado mucho tiempo en las Montañas Taylor donde las víctimas fueron encontradas. La credibilidad de Ted fue menguando cuando la policía descubrió que Ted había pagado gasolina con tarjetas de crédito en las zonas donde algunas de las víctimas habían desaparecido. Además, un amigo lo había visto con un yeso en el brazo pero no se pudo encontrar ningún registro médico que dijera que se había roto un brazo. La evidencia contra Ted Bundy se acumulaba aunque él seguía declarándose inocente.

Juicio

Carol DaRonch, testificando:
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El 23 de febrero de 1976, Ted fue enjuiciado por el secuestro de Carol DaRonch. Bundy se sentó relajadamente en la sala de juicios, confiado en que habría de ser hallado inocente de los cargos en su contra. Creía que no había evidencia contundente para condenarlo, pero no podía estar más equivocado. Cuando Carol DaRonch subió al estrado, contó el drama que había vivido 16 meses atrás. Cuando le preguntaron si era capaz de reconocer a la persona que la había atacado, ella comenzó a llorar mientras levantaba su mano y señalaba con su dedo al hombre que se había hecho pasar por el oficial Roseland. Las personas en la sala miraron a Ted, quien miró fríamente a Carol mientras ella lo señalaba. Posteriormente, Ted diría que no había visto a la mujer pero no tenía una coartada para confirmar su paradero el día del ataque.

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El juez pasó el fin de semana revisando el caso  antes de dar un veredicto. Dos días después encontró a Bundy culpable más allá de cualquier duda razonable de secuestro agravado. Ted Bundy fue sentenciado después el 30 de junio a cumplir una condena de uno a quince años en prisión con la posibilidad de salir bajo fianza.

Mientras estaba en prisión, Bundy fue sometido a una evaluación psicológica que la corte había solicitado con anterioridad. En el libro de Anne Rule The Stranger Beside Me, dice que los psicólogos descartaron que Bundy fuese psicótico, neurótico, víctima de una enfermedad cerebral orgánica, alcohólico, adicto a drogas, que tuviese un trastorno de la personalidad o que sufriese amnesia, y no mostraba signos de ninguna desviación sexual (en aquel entonces tal término aún existía). Los psicólogos concluyeron que tenía una fuerte dependencia hacia las mujeres, y supusieron que tal dependencia resultaba sospechosa. Tras evaluaciones posteriores llegaron a la conclusión de que temía ser humillado en sus relaciones con las mujeres.

Mientras Bundy permanecía tras las rejas en la prisión de Utah, los investigadores comenzaron a buscar evidencia que lo conectara con losasesinatos de Caryn Campbell y Melisa Smith. De lo que Bundy no se dio cuenta fue que sus problemas legales estaban agravándose. Los detectives hallaron en el Volkswagen de Bundy cabellos que tras ser examinados por el FBI resultaron ser de Campbell y de Smith. Un examen posterior de los restos de Caryn Campbell mostraron que las impresiones en los huesos hechas por el instrumento con que fueron atacadas correspondían con gran precisión a la llave de cruz descubierta en el auto de Bundy un año antes. La policía de Colorado levantó cargos contra Bundy el 22 de octubre de 1976 por el asesinato de Caryn Campbell.

En abril de 1977, Ted fue transferido a la cárcel de condado de Garfield, en Colorado para esperar un juicio por el homicidio de Caryn Campbell. Durante la preparación de su caso, Bundy estaba cada vez menos satisfecho con su abogado. Creía que su abogado era inepto e incapaz y, eventualmente lo despidió. Bundy, con experiencia en leyes, creía que podía hacer un mejor trabajo y comenzó a trabajar en su propia defensa. Se sentía confiado y creía que el juicio terminaría a su favor. Estaba programado para el 14 de noviembre de 1977. Bundy tenía mucho trabajo que hacer. Se le dio permiso de dejar la celda para utilizar la biblioteca en Aspen, con la finalidad de investigar algunos datos. Lo que la policía no sabía es que intentaba escapar.

El Escape

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El 7 de junio, durante uno de sus viajes a la biblioteca de la corte, Bundy se las arregló para saltar desde una ventana abierta, lastimándose el tobillo pero escapando exitosamente. No llevaba esposas ni cadenas en los tobillos, así que no llamó mucho la atención entre la gente de la población. El escape había sido planeado por Ted durante un tiempo. La policía de Aspen cerró las carreteras para impedir que Ted abandonara la ciudad, así que Bundy tuvo que mantener un bajo perfil para no llamar la atención. La policía lanzó una masiva búsqueda por tierra, usando perros y 150 personas con la esperanza de volver a capturarlo. Sin embargo, Ted fue capaz de eludirlos durante varios días.

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Mientras estuvo prófugo, Bundy se las arregló para vivir de la comida que robaba de las cabañas cerca de las camperas, durmiendo ocasionalmente en alguna que estuviese desocupada. Bundy sabía que lo que realmente necesitaba era un auto que lo ayudara a atravesar las barreras de la policía. No podría ocultarse en Aspen por siempre. Ted creía que estaba destinado a ser libre. De acuerdo a una entrevista con Michaud y Aynesworth, se sentía invencible y decía que nada iría mal, y que si algo iba mal lo siguiente estaría tan bien que compensaría lo anterior. Bundy descubrió su pase de salida cuando halló un coche con las llaves puestas. Su suerte, sin embargo, no duró mucho ya que al tratar de abandonar Aspen en el auto robado fue descubierto por la policía.

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Bundy, tras la captura

De ahí en adelante se ordenó que portara siempre esposas y cadenas en las piernas cuando hacía su investigación en la biblioteca de Aspen. Sin embargo, Ted Bundy no era el tipo de hombre al que le gustara permanecer atado.

Casi siete meses después, Bundy intentó escapar de nuevo, pero esta vez fue mucho más exitoso. El 30 de diciembre, él se coló sobre el techo falso de la cárcel del condado de Garfield y llegó a otra parte del edificio. Se las arregló para hallar otra abertura y bajó a un closet en la zona de los custodios. Esperó hasta que el lugar estuvo completamente vacío y después salió caminando con paso casual hacia su libertad. Lo peor de todo es que nadie se dio cuenta de su fuga hasta la tarde siguiente, quince horas después.

Para el momento en que la policía se dio cuenta del escape, Bundy ya se encontraba en Chicago. Esta ciudad era una de las que constituirían la ruta a su destino final, la soleada Florida. Para mediados de enero de 1978, Ted Bundy, usando el recientemente adquirido nombre de Chris Hagen, se había instalado confortablemente en un apartamento de una sola pieza en Tallahassee, Florida.

Bundy disfrutó su recién recuperada libertad en un lugar donde se sabía poco o casi nada de él y su pasado. Bundy estaba estimulado por la inteligencia y la juventud y se sentía confortable en su nuevo ambiente cerca de la Universidad Estatal de Florida. Pasó mucho de su tiempo libre caminando por el campus, colándose de vez en cuando en las clases sin ser notado y escuchando conferencias. Cuando no estaba vagando alrededor del campus, pasaba el tiempo en su apartamento mirando una televisión que había robado. El robo se convirtió en una segunda naturaleza para Bundy. Prácticamente todo lo que había en su apartamento era robado, incluyendo la comida, que era comprada con tarjetas de crédito robadas. Bajo aquellas circunstancias, Bundy parecía tener suficientes cosas materiales para estar contento. Lo que no tenía, y lo que extrañaba más era algo de compañía.

Cadena de muertes

El sábado 14 de enero por la noche, algunas de las integrantes de una hermandad estaban en la casa de las Chi Omega. El resto habían salido a bailar o estaban en fiestas en el campus. No era raro que las chicas estuviesen fuera hasta altas horas de la noche, pues no había vigilancia. De hecho, era bastante común que regresaran en las primeras horas de la mañana. Sin embargo, ninguna de ellas estaba preparada para enfrentar el horror que les aguardaba en su casa unas horas después.

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Nita Neary

A las 3 de la mañana, Nita Neary fue llevada por su novio a la casa de la hermandad tras haber asistido a una fiesta en el campus. Al llegar a la puerta, notó que estaba abierta de par en par. Poco después de haber entrado al edificio, oyó que algo se movía, como si alguien estuviese corriendo en las habitaciones de arriba. Súbitamente, escuchó pasos aproximándose a la escalera cerca de ella y se escondió tras una puerta, lejos de su vista. Vio como un hombre con una gorra tejida azul calada hasta los ojos, sosteniendo un trozo de madera envuelto en tela caminaba por la habitación, luego corría escaleras abajo y dejaba el cuarto.

El primer pensamiento de Nita fue que un ladrón había entrado a la casa de la hermandad. Inmediatamente corrió escaleras arriba para despertar a su compañera de habitación, Nancy. Nita le habló del extraño hombre que había visto abandonando el edificio. No muy segura de qué hacer, las chicas fueron a la habitación de la portera. Antes de poder llegar, vieron cómo otra de las chicas de la casa, Karen, se encontraba en la estancia con la cabeza bañada en sangre. Mientras Nancy intentaba ayudar a Karen, Nita despertó a la cuidadora y ambas fueron a checar otra de las habitaciones que estaba cerca. Hallaron a Katy en su habitación viva, pero en un estado terrible. Estaba también cubierta en sangre que salía de las heridas abiertas que tenía en la cabeza. Histérica, Nancy corrió hacia el teléfono y llamó a la policía.

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Lisa Levin

La policía encontró a dos chicas muertas en sus habitaciones, tendidas en sus camas. Alguien las había atacado mientras dormían. Lisa Levy fue la primera chica que los oficiales hallaron muerta. Los patólogos que realizaron la autopsia posteriormente hallaron que había sido golpeada en la cabeza con una rama, violada y estrangulada. Tras un examen posterior, hallaron marcas de mordeduras en los glúteos y en uno de sus pezones. De hecho, el pezón de Lisa había sido mordido tan fuertemente que estaba prácticamente separado del resto del pecho. También había sido atacada sexualmente con una botella de spray.

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Margaret Bowman

Los análisis post mortem de Margaret Bowman, la otra chica hallada muerta, mostraron que sufrió similares heridas fatales, aunque ella no fue atacada sexualmente y tampoco mostraba señales de mordeduras. Había sido estrangulada con unas medias que fueron halladas más tarde en la escena del crimen. También fue golpeada en la cabeza, tan severamente que su cráneo estaba abierto y una parte de su cerebro quedaba expuesta. Ni ella ni Lisa Levy mostraron signos de lucha.

Los investigadores que interrogaron a las sobrevivientes no obtuvieron ninguna información adicional. Ninguna de las chicas tenía ningún otro recuerdo útil de aquella noche fatal. Como Levy y Bowman, ellas también estaban dormidas cuando fueron atacadas. La única testigo era Nita Neary, quien vio fugazmente al agresor mientras este huía. Sin embargo, el asaltante no viajaría muy lejos antes de reclamar otra víctima aquella noche.

Atrapado nuevamente

A menos de una milla de la casa Chi Omega, una joven fue despertada por fuertes sonidos de golpes que venían del apartamento contiguo. Se preguntó que estaría haciendo su amiga en su recámara para producir tanto ruido a las cuatro de la mañana. Como los ruidos de golpes persistiesen, ella comenzó a sospechar y despertó a su compañera de habitación. Mientras escuchaban, oyeron a Cheryl quejarse. Asustadas, la llamaron por teléfono para ver si estaba bien. Cuando nadie levantó el teléfono, inmediatamente llamaron a la policía.

Los agentes llegaron con rapidez. Después de todo, estaban a solo unas cuadras en la fraternidad Chi Omega atendiendo a la escena del crimen. Entraron al apartamento de Cheryl y llegaron hasta su departamento, donde la encontraron sentada en la cama. Su rostro comenzaba a hincharse por los golpes recibidos. Estaba semi consciente y medio desnuda, pero afortunada de estar viva. La policía descubrió una máscara a los pies de la cama. De acuerdo a Anne Rule en The Stranger Beside Me, la máscara que fue encontrada era casi idéntica a la hallada en el auto de Ted Bundy cuando fue arrestado en Utah en agosto de 1975.

Los investigadores de la policía trabajaron diligentemente en la evidencia que había sido dejada atrás. Obtuvieron el tipo de sangre del asaltante, muestras de semen y huellas digitales. Desafortunadamente, la mayor parte de la evidencia resultó ser no concluyente. La única evidencia sólida fueron algunos cabellos que se habían quedado atrapados en la máscara, las impresiones de los dientes en las mordeduras de las víctimas y el relato de la testigo Nita Neary. Los investigadores no tenían un sospechoso y no conocían los crímenes de Ted Bundy.

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Kimberly Leach

El 9 de febrero de 1978, la policía de Salt Lake City recibió una llamada telefónica de los preocupados padres de Kimberly Leach, una chica de doce años de edad. Estaban casi histéricos por la desaparición de su hija ese mismo día. La policía lanzó una búsqueda masiva para encontrar a la chica desaparecida, quien fue vista por última vez en los alrededores de su escuela. La persona que la vio fue su amiga Priscilla quien vio a Kimberly entrar al auto de un extraño el día que desapareció. Desafortunadamente, no pudo recordar con precisión el auto o al conductor. Hallaron el cuerpo de Kimberley ocho semanas después en un parque estatal en el condado de Suwanee, en el Florida. El cuerpo de la joven chica proporcionó poca información debido al avanzado estado de descomposición. Sin embargo, la policía halló más tarde la evidencia que necesitaban en una van conducida por Ted Bundy.

Unos poco días antes de que Kimberly Leach desapareciera, un extraño hombre en una van de color blanco se aproximó a una chica de catorce años mientras que ella esperaba a que su hermano la recogiera. El hombre dijo que era del departamento de bomberos y le preguntó si acudía al colegio que estaba cerca. A la chica le pareció extraño que un bombero de servicio trajera pantalones de vestir y una chaqueta naval. Ella comenzó  a sentirse incómoda. Varias veces le habían advertido su padre, que era jefe de detectives del departamento de policía de Jacksonville, que no hablara con extraños. Ella pareció aliviada cuando vio venir a su hermano. Sospechando del hombre, el hermano le dijo que entrara al auto. Siguieron al hombre y anotaron el número de la placa para dárselo a su padre

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Tras escuchar del extraño en la van blanca, el detective James Parmenter hizo que la placa fuese checada. Se dio cuenta que pertenecía a un hombre llamado Randall Ragen, y decidió hacerle una visita. Ragen informó al detective que sus placas habían sido robadas y que había solicitado una nuevas. El detective supo también que la camioneta que habían visto sus hijos estaba reportada como robada y él tenía una idea de quién había sido. Decidió llevar a los niños a la estación de policía para enseñarles un montón de fotografías entre las cuales se encontraba la de Ted Bundy. Él no se dio cuenta cuan cerca estuvo de perder a su hija. Ambos chicos reconocieron al hombre de la camioneta y era Ted Bundy.

Tras descartar la camioneta, Bundy se dirigió a Pensacola en otro auto robado. Esta vez eligió un vehículo que le resultaba más familiar: Un volkswagen sedán. El oficial David Lee estaba patrullando el área en el oeste de Pensacola cuando vio un Volkswagen anaranjado a las 10 de la noche del 15 de febrero. Conocía el área bien y a la mayor parte de los los residentes, y nunca había visto aquel auto. El oficial Lee decidió hacer un chequeo de las placas y pronto halló que eran robadas. Inmediatamente, puso sus luces altas y comenzó a seguir el Volkswagen.

Una vez más, como sucedió en Utah unos años antes, Bundy comenzó a acelerar. De pronto, Bundy se hizo a un lado y se detuvo. El oficial Lee le ordenó que saliera del auto y le pidió a Bundy que se tendiera en el suelo con las manos por delante. Para sorpresa de Lee, mientras que había comenzado a esposar a Bundy, él se dio la vuelta rodando y comenzó a pelear con el oficial. Bundy consiguió librarse y echar a correr. Tan pronto como lo hizo, Lee disparó su arma contra él. Bundy cayó al suelo, pretendiendo haber sido herido. Mientras el oficial se aproximaba a él, fue atacado nuevamente por Bundy. Sin embargo, el oficial fue capaz de someterlo. Lo esposó y lo llevó a la estación de policía. Bundy finalmente había sido apresado.

Durante los meses que siguieron al arresto de Bundy, los investigadores pudieron reunir una buena cantidad de evidencia crítica para usarla contra Bundy en el caso de Leach. La van color blanco que Bundy había robado fue hallada y se encontró a tres testigos que aseguraban haber visto a Bundy conduciéndola la tarde que Kimberly desapareció. Las pruebas forenses realizadas en la van hallaron fibras que pertenecían a las ropas de Bundy.

Las pruebas también mostraron manchas de sangre que correspondían al tipo sanguíneo de Leach en la alfombra del vehículo y semen del mismo tipo sanguíneo que el de Bundy en su ropa interior. Evidencia posterior fueron las impresiones de los zapatos de Red en el suelo cerca de donde Kimberly fue hallada. La policía se sentía confiada de poder enlazar la evidencia que tenían con lo que le sucedió a Leach y el 31 de julio de 1978, Ted Bundy fue acusado por la muerte de la chica. Pronto, sería acusado de los asesinatos de la casa Chi Omega. Enfrentado a la pena de muerte, Ted declaró que no tenía nada que ver con los homicidios.

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Bundy en la corte

Los Juicios

Theodore Robert Bundy enfrentaba dos juicios por homicidio, ambos separados por tres años. Su primer juicio comenzó el 25 de junio de 1979 en Miami, Florida. El caso se centraba en los brutales ataques en la hermandad Chi Omega. El segundo juicio tendría lugar en enero de 1980 en Orlando, Florida, donde ted sería juzgado por la muerte de Kimberly Leach. Ambos juicios habrían de tener resultados poco favorables para Ted. Sin embargo, sería el caso de la hermandad Chi Omega el que sellaría su destino para siempre.

La apertura del juicio de los asesinatos en la casa Chi-Omega despertó un enorme interés del público. Después de todo, Ted era sospechoso de haber cometido al menos treinta y seis homicidios en cuatro estados y su solo nombre evocaba imágenes de pesadilla a miles, tal vez millones de personas alrededor del mundo. Lo consideraban la reencarnación del mal, un monstruo, el demonio y otras cosas por el estilo. Sus asesinatos provocaron los juicios más publicitados de la década.

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Durante el juicio, Ted fue su propio abogado defensor. Confiaba en sus habilidades y creía que podía conseguir un resultado favorable. El jurado estaba compuesto, en su mayor parte, por afroamericanos. Tras iniciar los alegatos, pronto fue evidente que Ted estaba peleando una batalla perdida de antemano.

Hubo dos eventos en el juicio que predispusieron al jurado en contra de Ted. El primero fue el testimonio de Nita Neary de lo que vio la noche de los asesinatos. Mientras declaraba, ella apuntó a Ted como el hombre que había visto huyendo escaleras abajo y que salió por la puerta de la casa Chi-Omega. El segundo evento fue el testimonio del odontólogo Richard Souviron.

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Dr. Richard Souviron

En el estrado, el Dr. Souviron describió las marcas de las lesiones por mordedura halladas en el cuerpo de Lisa Levy. Mientras hablaba, mostró al jurado fotografías ampliadas de las marcas por mordedura tomadas la noche del asesinato. El odontólogo señaló las marcas únicas dejadas en la piel de la víctima y las comparó con los dientes de Ted Bundy. Tras esto, no quedó duda alguna de que Ted había dejado esas marcas en la piel de la chica muerta, relacionándolo directamente con el asesinato.

El 23 de julio, Ted esperó en su celda a que el jurado deliberase sobre su culpabilidad o inocencia. Tras casi siete horas, regresaron a la sala con un veredicto. Sin mostrar emoción alguna, Ted escuchó leyó “culpable”. En todas las muertes de la casa Chi-Omega, fue hallado culpable más allá de cualquier duda razonable.

En el estado de Florida, es costumbre que se realice un juicio separado para definir la sentencia. Este juicio tuvo lugar una semana después, el 30 de julio ante el mismo jurado que lo había hallado culpable. En la breve audiencia, la madre de Ted testificó y rogó por la vida de su hijo con lágrimas en los ojos. Ted tuvo también la oportunidad de dirigirse a la corte y tratar de refutar la recomendación de la fiscalía sobre la pena de muerte.

Ted Reiteró su inocencia, diciendo que los medios y el prejuicio que habían construido en torno a él era responsable de lo mal que había ido su juicio. También sugirió que el procedimiento completo, y el veredicto, habían sido solo una farsa, la cual él no esta dispuesto a admitir. De acuerdo a Larsen, Ted dijo a la sala que era absurdo pedir misericordia por algo que no había hecho, para que no hubiese necesidad de repartir la carga de la culpa. El juez Cowart, quien se encargó de ambos juicios, emitió su juicio final tras escuchar la declaración final de Ted. Él avaló la recomendación del jurado y dictó la pena de muerte por duplicado por los asesinatos de Margaret Bowman y Lisa Levy. El método de ejecución sería la silla eléctrica.

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Ted, tras escuchar el veredicto.

El juicio de Kimberly Leach

Tras muchos retrasos, el juicio por el asesinato de Leach comenzó en Orlando, Florida el 7 de enero de 1980. Esta vez, Ted decidió no representarse a sí mismo, y dejó la responsabilidad de la defensa a los abogados Julius Africano y Lynn Thompson. Su estrategia fue declararlo no culpable por insania (locura), una estrategia riesgosa pero que consistía en uno de los pocos recursos aún disponibles para la defensa.

La afirmación de enfermedad mental pudo no haber sido difícil de creer para las siete mujeres y cinco hombres de jurado. A diferencia de otras audiencias, Ted se comportó muy agitado durante el juicio. En un momento determinado perdió el control y se levantó gritando al testigo con quien tenía diferencias de opinión. Michaud y Aynesworth declararon que Ted era apenas capaz de controlarse, gastando enormes cantidades de energía con la única finalidad de no explotar  frente a todos. Parecía obvio que la pose de confianza de Ted comenzaba a venirse abajo, probablemente porque se había dado cuenta de que había perdido ya la guerra y esta batalla legal no haría gran diferencia en su destino final.

No había la menor duda de que el aspecto que Ted ofrecía era francamente desolado. El asistente del fiscal del estado Bob Dekle presentó  sesenta y cinco testigos que conectaban a Ted directa o indirectamente con Kimberly Leach el día de su desaparición. Uno de los testigos estrella dijo haber visto a un hombre de las características de Ted acompañando a una chica acongojada que se ajustaba a la descripción de Kimerly, hacia el interior de una van blanca frente a una escuela. Sin embargo, el equipo de defensa puso en duda la legitimidad del testimonio porque el hombre era incapaz de recordar el día preciso en que vio al hombre con la joven chica.

Sin importar esto, Drekle continuó presionando y presentando evidencias cada vez más concluyentes. La más contundente de ellas fue la evidencia de las fibras, que enlazaban las ropas de Ted en la van que había conducido aquél día en la escena del crimen. Además, las fibras que se ajustaban a la ropa de Kimberly Leach fueron halladas en la camioneta junto con la ropa de Ted había usado el día del crimen. Los testigos expertos de la parte acusadora, que testificaron acerca del análisis de las fibras, establecieron que creían que, en algún momento, Ted y Kimberly Leach habían estado en contacto cerca del momento de la muerte de ellla. Michaud y Aynesworth mencionan que dicho testimonio había sido “literalmente fatal” para el caso de Ted.

Exactamente un mes después de la apertura del juicio, el juez Wallace Jopling pidió al jurado que deliberase. El 7 de febrero, tras menos de siete horas de deliberación el jurado encontró a Ted “Culpable”.  El veredicto fue seguido inmediatamente seguido por manifestaciones de júbilo del equipo de la fiscalía y de sus colaboradores.

El 9 de febrero marcó el segundo aniversario de la muerte de Kimeberly Leach. También fue el día en que comenzó el juicio de sentencia inició. Durante la última fase del juicio, Ted produjo una enorme conmoción en la sala cuando entrevisto a la testigo de la defensa Carole Ann Boone. Durante el interrogatorio de Carole, ambos tomaron a todos con la guardia baja al intercambiar votos nupciales. De acuerdo a la ley de Florida, la promesa verbal hecha bajo juramento es suficiente para sellar el acuerdo y los dos se hallaban oficialmente casados. Poco después, el novio fue sentenciado a muerte en la silla eléctrica por tercera vez en menos de un año. Él tendría que pasar su luna de miel solo en el pasillo de la muerte en la penitenciaría de Raiford, en  el estado de Florida.

Apelaciones, Confesiones.

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Ted se negó a darse por vencido y creía que todavía tenía oportunidades de pelear para salvar su vida. En 1982, consiguió un nuevo abogado y apeló al veredicto del juicio de la casa Chi Omega ante la Suprema corte de Florida. Sin embargo, dicha apelación no fructificó.

Poco después de que la corte negara un nuevo juicio, Ted decidió apelar el veredicto del juicio de Kimberly Leach. En mayo de 1985, su petición fue nuevamente denegada. Sin embargo, él continuó peleando y en 1986 contrató un nuevo abogado para que le ayudara a evadir la pena de muerte.

La fecha de ejecución de Ted fue inicialmente programada para el 4 de marzo de 1986. Sin embargo, su ejecución fue pospuesta mientras que su nuevo abogado defensor, Polly Nelson, trabajaba en las apelaciones para las anteriores sentencias de muerte. Dos meses después, la apelación fue negada. Aún así, el proceso de apelación continuó. De acuerdo a Polly Nelson, en su libro “Defendiendo al Diablo”, la última apelación fue hecha ante la suprema corte de justicia del país, que eventualmente la negó.

Poco antes de su ejecución, Ted decidió confesar más crímenes al investigador en jefe del fiscal en jefe del estado, el Dr. Bob Keppel. Ted había asistido temporalmente a Keppel en su cacería el asesino de río verde a mediados de los ochenta y confiaba el él inmensamente. Keppel fue a ver a Ted en una entrevista en la prisión, armado solamente con su grabadora y lo que escuchó Keppel lo impresionó.

Keppel se enteró por boca del mismo Ted Bundy que con frecuencia guardaba algunas de las cabezas de sus víctimas en su casa como trofeos. Sin embargo, lo más sorprendente era que Ted efectuaba actos de necrofilia con los restos de sus víctimas. De hecho, Keppel dijo después en su libro “The Rivermen: Ted Bundy and I Hunt for the Green River Killer” que el comportamiento de Ted podía ser descrito como necofilia compulsiva y perversión extrema.

Fue una compulsión que llevó a la muerte de muchas mujeres, algunas de las cuales no han sido identificadas por los investigadores, o no se le achacaron a Bundy. Rule y Keppel sostienen en sus libros que Ted es probablemente responsable de las muertes de al menos un centenar de mujeres, contra la cifra oficial que es de 36. Cualquiera que sea el número, el hecho es que nadie sabrá con precisión cuántas víctimas cayeron bajo las garras de Ted.

La hora final

Finalmente, el 24 de enero de 1989, aproximadamente a las 7 de la mañana, la memoria de Ted de sus atrocidades sería quemada para siempre en la silla eléctrica. Fuera de las paredes de la prisión había cientos de curiosos y representantes de los medios esperando la noticia de la muerte de Ted. Tras la declaración del vocero de la prisión de que Ted estaba oficialmente muerto, gritos de alegría se dejaron escuchar de una multitud jubilosa y soltaron fuegos artificiales. Poco después, un vehículo salió de la prisión con los restos de uno de los asesinos seriales más notorios de todos los tiempos. Y mientras el vehículo se acercaba al crematorio, las personas aplaudían por el fin de la pesadilla viviente que era Ted.

tb

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