The Beaver

by Andrés Borbón on 1 September, 2011

in Arte

Literalmente, moría de ganas por ver esta película. Hace mucho que no entraba a ver una película con Mel Gibson, y menos con Jodie Foster, y The Beaver, además, parecía tener una trama bastante interesante. Y no me decepcionó. Bueno, no mucho, aunque tampoco fue lo que yo esperaba. Mis expectativas estaban demasiado altas pero eso no es culpa de nadie sino mía.

Como probablemente ya sabrán, The Beaver (El Castor) trata de un individuo gravemente deprimido al que nada parece darle resultado. Como producto de esta depresión crónica, el hombre se ve alejado de su familia, y en una espiral descendente en su empresa, hasta que un día encuentra en un contenedor de basura un muñeco, un guiñol que representa un castor y que, de pronto, se convierte en el alter ego de este atormentado sujeto. Con el castor en la mano, el individuo es capaz de retomar la vida siendo otro, actuando a través de ese muñeco que no está dañado y deprimido como él, y en cuestión de unas pocas semanas le cambia la vida, regresa con su familia, levanta el negocio y se vuelve toda una celebridad, pues a la gente le parece de lo más curioso un sujeto que ande por todos lados con un guiñol en la mano.

Es una historia buena, aunque me parece que el final (siempre el final) es demasiado… dispar con el resto de la trama. Quedan muchas cosas por resolver, quedan muchas incógnitas y a Jodie Foster (quien también dirige la película) se le ve menos de lo que yo hubiese querido. Es una buena cinta, no lo niego, y probablemente la volvería a ver en el futuro, pero pienso que la situación era tan peculiar y tan fantástica (tan inusual) que bien le pudieron haber sacado más jugo, o por lo menos no llegar a una conclusión tan drástica como la que al final de cuentas termina resolviendo la situación. Creo que los productores (y probablemente Foster) fueron por lo seguro: Por un final que les asegurara no la fineza en la conclusión de la trama, sino la segura sorpresa de los espectadores. Votaron por la fórmula menos complicada pero dejaron de lado otras soluciones mucho más artísticas (y mucho más inteligentes) que hubiesen hecho de esta película algo especial. No en la taquilla tal vez, sino en la memoria de los espectadores. No me arrepiento de haberla ido a ver y si se me presentara la opción de decidir de nuevo entraría otra vez, pero tampoco puedo recomendarla con mucho entusiasmo ya que estaría mintiéndome a mí mismo.

Es un fenómeno que se viene repitiendo desde hace tiempo y que me desagrada sobremanera: Un guión o una historia efectiva y prometedora termina en una conclusión más o menos previsible y poco elaborada en aras de conseguir la aprobación de un sector del público que no es el más exigente, pero sí el que abarrota las salas y el que consume más en la dulcería. Es triste que los tiempos en que se corrían riesgos con las cintas hallan quedado atrás, y también me siento un poco traicionado por Foster, quien me parece una mujer muy hermosa, una excelente actriz pero que ha caído en el agujero negro de la mercadotecnia que parece estar succionando a los directores más talentosos, o al menos a los más prometedores.

En resumen, una película muy buena, pero nada para el álbum de fotos, y mucho menos para la colección de DVDs.

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