Dado que Buenos Aires, Argentina, fue nombrada la Capital del Libro 2011, la artista Marta Minujin ha confeccionado una torre en forma de espiral (como los antiguos zigurats sumerios) con una estructura metálica que soporta 30 mil libros escritos en muchas de las lenguas que se hablan en el planeta Tierra.
En primer lugar, me parece bastante absurdo que, por decreto, una ciudad cualquiera sea denominada “La Capital del Libro”. Esta debería estar ubicada en la ciudad donde más se lea o donde se produzcan más libros. Si alguna ciudad de México recibiera tal “honor”, me moriría de risa pues en México casi no se lee.
Y en segundo lugar, destinar 30 mil libros reales a hacer una escultura es la negación del espíritu mismo del nombramiento, a menos que la gente pueda subir a la estructura y leer el libro que le plazca pues, por razones obvias, cada uno de los treinta mil libros que componen esta obra de arte está destinado a no ser leído, por lo menos mientras dure la exposición y eso si los libros no sufren daño por estar expuestos a los elementos.
Tal vez mi frustración está en que siempre he pensado que lo libros deben estar en las bibliotecas (públicas o privadas) y que deben mantenérseles en la mejor condición posible para que puedan ser utilizados con el fin que les dio origen: La Lectura. Cualquier desviación de estas reglas me parece errónea.
Además, pienso que la torre es bastante fea.




