
En realidad el robot no juega al ping pong, pero hace rebotar una pelota de este deporte con una raqueta con bastante tino, aún cuando el investigador mueva la raqueta.
La cosa cambia cuando se agrega una segunda pelota, pues en pocos segundos una de las dos pelotas cae al suelo, ya sea porque el robot es incapaz de controlarlas o porque las pelotas chocan entre sí, poniéndolas fuera del alcance de la raqueta.
De todas formas, un avance notable en control robótico de movimientos finos.



