Si alguna vez han saltado a una montaña de hojas secas como las que se muestran aquí, sabrán que es algo semejante a entrar en el paraíso (o al menos eso imagino, ya que no me he muerto).
En todo caso, si un día andan de ánimo travieso y no les importa terminar con trocitos de hojas hasta en el cu…ello, arrójense, que no se arrepentirán.
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