
Si Britney Spears cedió al demonio de la comida y hasta el maestro Segal se puso un poco gordo, ¿qué podíamos esperar de Barbie cuyo cerebro, si valiese su peso en diamantes, no alcanzaría para pagar unos tacos callejeros?
Fuente
Previous post: Cómo fabricar una ballesta casera con un bolígrafo
Next post: El gato y el ratón