Este video es probablemente NSFW (No apto para el trabajo, la escuela ni para enseñárselo a la abuelita o a la tía mocha, y mucho menos al hermanito que va en primaria).
Es hilarante.
¿Cómo podría llamársele a algo que provoca una carcajada inmediata? ¿Carcajoso?
Sólo a los japos (y a una que otra mente retorcida como la mía o como la de algunos lectores de este blog) pudo habérsele ocurrido algo así. Se trata, queridos lectores, de un arma mortífera que espero las mujeres mexicanas no aprendan a controlar, algo verdaderamente temible… apocalíptico.
Advertencia: Aunque lo parezca, no es un anuncio de jabón para trastos o para la ropa. ¡El asunto es serio!
Esta pequeña obra para sopranos donde la letra imita los maullidos de dos gatos está dedicada a los amantes del canto y de los gatos.
Aunque generalmente se le atribuye a Gioacchino Rossini, en realidad se trata de una obra del compositor inglés Robert Lucas de Pearsall y su título original es: “Duetto buffo di due gatti” (“Dueto humoroso (humorístico) para dos gatos”).
Aunque se trata de una pieza de índole sacro, no puedo negar que, como al público del video, me ha sacado más de una carcajada. Y es que escuchar gatitos cantando así no es cosa de todos los días.
Hasta los ejecutantes dejan escapar una que otra sonrisilla.
Unas cuantas imágenes del más famoso representante del Lado Oscuro, hechas a base de letras, algo que se está volviendo muy común y que ya no es ninguna novedad, pero tratándose de Darth Vader tiene un lugar asegurado en este espacio donde recopilo insensateces así.
Si Michael Bay fuese un hombre inteligente, volaría hoy mismo a Rusia para contratar a Alexander Semonov y le daría un salario de ensueño. Este pequeño film (3:32 minutos), grabado en solo 2 días (tardó en editarse un mes) me parece mejor que la mayor parte de las secuencias de Transformers.
Este genio usó un par de cámaras relativamente económicas y software fácilmente accesible. No requirió miles de horas máquina en una supercomputadora y, como verán, el resultado es alucinante.
Bueno, hasta los actores (simples aficionados) son mejores que el blando Shia LaBeouf. Falta Megan Fox (o una de las miles que podría sustituirla) pero eso lo he pensado hasta ahora, tras ver cinco veces el video sin echar en falta a la antipática diva.
No niego que el invento tenga su encanto. Es hermoso ver cómo se producen esas figuras de espuma y vuelan por los aires pero, ¿para qué servirá, además de hacer decir Wow! a las personas? No lo sé. Por más que me devano el escaso seso que tengo no logro dar con ninguna aplicación práctica.
A pesar de lo anterior, aún me gusta. Con que no se lo coma un ave y muera intoxicada me doy por bien servido.
Un dato inesperado: México es el 5° país en el mundo en lo que respecta a asistencia a las salas de cine. Cierto que la cifra de boletos vendidos (182 millones al año) está muy por debajo de países como India (1er lugar) y los Estados Unidos (2°), pero aún así es un puesto respetable, un mercado que vale la pena tomar en cuenta.
Y también me parece increíble que un mercado tan grande no cuente con una industria cinematográfica a la altura. El cine mexicano es malo, muy malo. Los presupuestos de las producciones son paupérrimos y choca ver las mismas caras una y otra vez, como si en el país no hubiese más de diez actores. ¿Qué pasa? Pues que somos simples consumidores, no generadores de un producto que podría tener un excelente terreno de ventas.
Este video (1:53 min – Link) probablemente sea un fake (and probably not), pero resulta divertido verlo al menos. ¿En verdad se puede producir tanta energía estática como para encender todas esas LEDs? ¿No deberían erizársele los cabellos?
Si yo fuera él, me habría puesto un par de LEDs rojos en los ojos, para hacer más interesante el espectáculo. Je, je.