Esta máquina fumadora empedernida lo hace todo por sí misma: Toma el cigarrillo, lo coloca en la boquilla, lo enciende, fuma y suelta la colilla hasta un plato donde una pieza remueve los sobrantes.
Absolutamente inútil, debo admitirlo, además de que el vicio no debe ser saludable, aún para una máquina cuyos conductos se irán tapando poco a poco por los residuos del humo y terminará teniendo el equivalente a una bronquitis, o un enfisema. No creo que el cáncer sea un problema para ella, pero sí para quienes la rodeen.
Una prueba más de lo absurdo que resulta fumar (escucha tus propias palabras, Andrés). Je, je.
Pronto lo dejaré (siempre digo lo mismo).
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