
Las Estrellas, Mi Destino es una novela de Alfred Bester que originalmente se publicó con el nombre de ¡Tigre! ¡Tigre!, y no me cabe la más remota duda de que el cambio de título fue apropiado.
Hace un tiempo, reseñé la excelente novela de Stevn Gould llamada Jumper , escrita en 1992, pero resulta que este tema de los seres capaces de teletransportarse no es nuevo, pues en Las estrellas, mi destino este es precisamente el tema.
Bueno, pues resulta que Bester se le adelantó a Gould por casi 40 años, ya que esta novela fue escrita en 1955 y Gould copió literalmente los principios de la teletransportación, casi punto por punto, de la novela de Bester. Steven Gould cometió, pues, un plagio abierto. Y digo abierto porque al final de Jumper menciona que Las estrellas, mi destino (entre otros) le sirvió de inspiración para escribir su famosa novela, que ha vendido millones y que tuvo la fortuna de ser llevada al cine con enorme éxito.
En la novela de Bester (que desde ahora les digo que es mucho mejor que la de Gould), la teletransportación llevada a cabo con el simple poder de la mente fue inventada por un individuo apellidado Jaunte, por lo que el proceso se llama “jaunteo” y, poco a poco, casi toda la humanidad aprende a “jauntear”.
Sin embargo, la novela de Alfred Bester no se queda aquí ya que si bien existe la posibilidad de teletransportarse, no todos los individuos tienen el mismo alcance. Unos pueden jauntear unos cuantos cientos de kilómetros y otros hasta 1,500 kilómetros. Esto transforma el mundo, ya que ahora es fácil trasladarse de un sitio a otro. Las personas pueden vivir a miles de kilómetros de sus trabajos y llegar en unos cuantos minutos (si tienen que hacer varios jaunteos) y usar vehículos se convierte en algo necesario sólo si se desea ir a un lugar desconocido, ya que nadie puede jauntear a un lugar en el que nunca ha estado. Hay jaunteadores profesionales que sirven como mensajeros y nada los detiene, ni los muros ni las protecciones de ningún tipo. Las casas, a veces, no tienen siquiera puerta.
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