Las estrellas, mi destino, por Alfred Bester

by Andrés Borbón on 18 August, 2010

in Arte, Literatura, Opinión

las estrellas mi destino

Las Estrellas, Mi Destino es una novela de Alfred Bester que originalmente se publicó con el nombre de ¡Tigre! ¡Tigre!, y no me cabe la más remota duda de que el cambio de título fue apropiado.

Hace un tiempo, reseñé la excelente novela de Stevn Gould llamada Jumper , escrita en 1992, pero resulta que este tema de los seres capaces de teletransportarse no es nuevo, pues en Las estrellas, mi destino este es precisamente el tema.

Bueno, pues resulta que Bester se le adelantó a Gould por casi 40 años, ya que esta novela fue escrita en 1955 y Gould copió literalmente los principios de la teletransportación, casi punto por punto, de la novela de Bester. Steven Gould cometió, pues, un plagio abierto. Y digo abierto porque al final de Jumper menciona que Las estrellas, mi destino (entre otros) le sirvió de inspiración para escribir su famosa novela, que ha vendido millones y que tuvo la fortuna de ser llevada al cine con enorme éxito.

En la novela de Bester (que desde ahora les digo que es mucho mejor que la de Gould), la teletransportación llevada a cabo con el simple poder de la mente fue inventada por un individuo apellidado Jaunte, por lo que el proceso se llama “jaunteo” y, poco a poco, casi toda la humanidad aprende a “jauntear”.

Sin embargo, la novela de Alfred Bester no se queda aquí ya que si bien existe la posibilidad de teletransportarse, no todos los individuos tienen el mismo alcance. Unos pueden jauntear unos cuantos cientos de kilómetros y otros hasta 1,500 kilómetros. Esto transforma el mundo, ya que ahora es fácil trasladarse de un sitio a otro. Las personas pueden vivir a miles de kilómetros de sus trabajos y llegar en unos cuantos minutos (si tienen que hacer varios jaunteos) y usar vehículos se convierte en algo necesario sólo si se desea ir a un lugar desconocido, ya que nadie puede jauntear a un lugar en el que nunca ha estado. Hay jaunteadores profesionales que sirven como mensajeros y nada los detiene, ni los muros ni las protecciones de ningún tipo. Las casas, a veces, no tienen siquiera puerta.

Pero el tema central del libro no es este, sino un hombre, un astronauta que viaja en una nave transportando una carga que él desconoce. La nave es atacada y él es el único sobreviviente. Se trata de un individuo tosco, sin educación ni ambiciones, y sobrevive en la nave semi derruida durante meses hasta que de pronto ve pasar otra nave espacial. Le hace señales, lanza bengalas, pero tras una breve exploración, los de la otra nave deciden no rescatarlo, dejarlo ahí para que muera. Entonces el náufrago, llamado Gully Foyle, se transforma. Jura vengarse de esa nave y se pone a trabajar febrilmente para reparar la nave. Estudia los manuales, se dedica a ello en cuerpo y alma. Se convierte en un hombre con una sola misión en la vida: Dar muerte a la nave que lo abandonó, que le negó la posibilidad de escapar de su tormento, de su agonía.

Finalmente, pone en funcionamiento los cohetes y cae en una luna de Saturno habitada por individuos con las caras tatuadas que lo curan de sus heridas y, de paso, le tatúan el rostro para hacerlo uno de ellos. Cuando se ve en el espejo, no lo puede creer. Tiene un aspecto terrible, como si fuese un maorí.

Follye escapa de ese planeta y, tras mucho batallar, llega a la Tierra donde se dedica a la lenta tarea de planear su venganza. No ha olvidado el nombre de la nave y todos y cada uno de sus pensamientos y de sus actos están destinados a destruir a sus enemigos. Se convierte en un jaunteador temible, pero tiene un problema: Su rostro es imposible de esconder, aún bajo el maquillaje, y su primer intento por destruir la nave que lo abandonó falla. Es encarcelado no solo por haber intentado destruir la astronave, sino porque la nave donde viajaba transportaba, además de un valioso cargamento en platino, ocho kilos de una sustancia llamada “Piros”, codiciada por todos los hombres en la Tierra ya que tiene el poder destructivo jamás conocido por la humanidad. Tras ser atrapado, es interrogado de todas las formas posibles, pero Follye es un hombre poco común y ningún método funciona. Al final, se entera de lo que contenía la nave pero se encuentra recluido en un sanatorio mental, en las catacumbas donde no penetra un solo rayo de luz durante meses. Consigue escapar, regresar a la nave, rescatar el material que transportaba y convertirse en un hombre infinitamente rico, pero nada le importa además de querer destruir la nave y a quienes la tripulaban. Con la ayuda de una amiga, consigue que un médico borre los tatuajes de su rostro. Sin embargo, la piel que contenía el pigmento queda más débil y enrojece cuando Gully se enfurece, se asusta o experimenta cualquier emoción intensa, dándole un aspecto de Tigre que asusta a cuantos lo ven. Debe aprender a controlar sus emociones, a permanecer frío e impasible ante cualquier evento si es que no quiere ser descubierto, y aunque no siempre lo consigue, esto marca el inicio de una transformación interna que lo hace convertirse en un ser distinto.

Follye se construye una nueva personalidad. Estudia, se vuelve culto, se esconde durante un tiempo pero sólo para conseguir ponerse todos los implantes posibles, desde aquellos que mejoran su visión, su oído, su fuerza y su velocidad. Sabe que va a necesitar todo eso para cumplir con la misión que se ha impuesto y no le importa nada. Debe vengarse, matar, torturar y conseguir su propósito, aún cuando ello le cueste la propia vida.

Al final de la novela, Follye se convierte en un animal de presa, que huye, que engaña, que persigue a sus víctimas escapando a los peligros una y otra vez, y en uno de esos eventos descubre la forma de viajar al espacio. Es el primer individuo en la historia que consigue “espaciojauntear”. De ahí el título que tuvo finalmente la novela.

Se trata de una obra emocionante, llena de acción y que se vuelve absolutamente adictiva. A su lado, Jumper es una novela tibia y burda. Las estrellas, mi destino es, a no dudarlo, uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído, y uno de los más divertidos, además.

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