Bóvedas de Acero, por Isaac Asimov

by Andrés Borbón on 12 August, 2010

in Arte, Literatura, Opinión

bovedas de aceroBóvedas de Acero es una novela escrita por Isaac Asimov en 1953 y ambientada en el siglo 47. En este tiempo tan lejano en el futuro, los humanos han colonizado ya cerca de 50 mundos, pero en la Tierra quedan aún miles de millones de individuos, encerrados en enormes bóvedas de acero (de ahí el título de la novela) y aislados completamente del exterior.

En la novela, aquellos seres humanos que habitan los otros planetas y los terrestres han desarrollado culturas diferentes. Los terrícolas desdeñan los avances tecnológicos y odian a los robots, mientras que los “espacianos” basan su cultura en la colaboración con estas máquinas y han conseguido prolongar la vida humana hasta los 300 años, viven en mundos poco poblados y se han vuelto susceptibles a la mayor parte de los gérmenes que hay en la Tierra, contra los que no tienen ninguna defensa.

Una colonia de espacianos se ha instalado en la Tierra, muy cerca de la ciudad de Nueva York, pero el acceso de los terrestres a esta ciudad está severamente limitado y hay constantes roces entre ambas ciudades. La frontera entre ambas urbes está severamente controlada, y nadie entiende muy bien qué es lo que hacen los espacianos en la Tierra, dadas las ventajas que tienen en sus mundos originarios.

El hecho que marca el inicio de la historia es el asesinato de uno de los científicos espacianos, que da lugar a una investigación, y los extranjeros tienen buenas razones para creer que ha sido un terrícola el que cometió este homicidio, aunque no tienen pruebas contundentes de ello.

Ambas civilizaciones deciden trabajar juntas para esclarecer el enigma, y para ello envían a Nueva York a un robot cuya apariencia es indistinguible de la de un humano pero que actúa como un robot y sigue las famosas leyes de la robótica inventadas por Asimov, la primera de las cuales indica que ningún robot podrá dañar a un ser humano ni que por su inactividad permita que un ser humano sea dañado. Este es el principio inscrito en todos los cerebros positrónicos (término acuñado también por Asimov) que tienen los robots. Por lo tanto, el crimen debió cometerlo un humano, ya que a un robot le es imposible dañar intencionalmente a un ser humano.

La trama es muy interesante y se desarrolla al estilo de una novela policiaca, mezclando la ciencia ficción y el género negro a la perfección, y haciéndonos cómplices de un enigma que se resuelve, como en todas las buenas novelas policiacas, hasta el final del libro.

Sin embargo, el verdadero asunto del libro no es el esclarecimiento del crimen. Esto es solo el pretexto que toma Asimov para abordar un tema que en su mundo futurista tiene mucha más importancia: La transición de una humanidad encerrada en la Tierra a un conjunto de planetas habitados por la humanidad entera y gobernados por las mismas leyes, por una especie de gobierno galáctico. En Las Bóvedas de Acero la transición está por darse. Aunque la mayor parte de los terrestres desprecian a los otros mundos y aborrecen a los robots, no todos piensan igual. Hay un fuerte grupo de individuos tradicionales que abogan porque la humanidad vuelva a salir al exterior y coseche sus alimentos, se ponga en contacto con la naturaleza y deseche los avances tecnológicos (especialmente los robots). Este grupo está constituido por los medievalistas, que ganan adeptos a pasos acelerados pero que en el fondo adoptan esta actitud por miedo a los robots, por temor a que estos les roben sus trabajos, los sustituyan en sus empleos y su situación empeore.

Las condiciones en la Tierra son precarias. El desmedido aumento de la población hace que las ciudades funcionen al borde del caos. Una pequeña falla en el mecanismo de suministro de energía o de alimentos y todo se vendría al traste, pero los humanos siguen adelante gracias a su ingenio, a su inagotable capacidad de inventiva, a su tenacidad.

Regresando a la historia conductora de este libro, un investigador humano, Elijah Baley, se ve obligado a trabajar con R. Daneel Olivaw (La “R.” inicial es por “Robot”), un robot positrónico tan perfecto que casi nadie sería capaz de descubrir que es una máquina. Sin embargo, hay una lucha subyacente entre ambos compañeros de trabajo, ya que cada uno de ellos tiene motivaciones diferentes para resolver el crimen y lo hacen utilizando métodos distintos y, hasta cierto punto, ocultando cierta información al otro. Los humanos se ven forzados a poner a su mejor elemento en el juego, pues es prioritario que sean los terrícolas quienes desvelen el enigma ya que, políticamente, esto evitaría un roce con los espacianos, a quienes desprecian pero a quienes temen.

Baley no solamente es un detective capaz e imaginativo, sino que es un individuo de mente abierta que, poco a poco, comienza a apreciar las virtudes de su compañero robótico, su lealtad y su absoluta rectitud, aunque sospecha de él todo el tiempo y le oculta información importante. El jefe de Baley, el comisionado Enderby, lo presiona constantemente para que obtenga resultados, pero Baley poco a poco se va dando cuenta que hay algo más detrás de la investigación. No se trata de una simple pesquisa policiaca, sino de un experimento, de una misión diplomática, de un punto de acercamiento entre ambas culturas, entre dos formas de pensar que se habían vuelto radicalmente distintas. Los espacianos, a pesar de ser humanos, ya no entienden a los terrícolas, y viceversa. Las hostilidades que se dan entre ambos grupos acontecen más en el terreno ideológico que en el práctico, y cuando finalmente Baley resuelve el caso, ya no tiene la menor importancia, porque el verdadero objetivo de la misión ha sido cumplido y es como una bola de nieve cayendo cuesta abajo, un hecho que tendrá repercusiones enormes en el futuro y que cambiará el destino de la humanidad en la Tierra para siempre.

Como sucede con el Gran Isaac Asimov, es una obra magnífica, sobresaliente en todos los sentidos.

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