A pesar de haber terminado prácticamente psicótico, Philip K. Dick es uno de mis escritores favoritos, de aquellos que hicieron ciencia ficción realmente compleja, innovadora, profunda. Como ejemplo, tenemos su genial Blade Runner, una obra conocida por muchos y que ya he reseñado aquí anteriormente.
El hombre en el castillo es, sin lugar a dudas, tan buena o mejor que la anterior. Lo único que en realidad no me gusta mucho de Dick es que suele dejar sus libros abiertos, sin cerrar las historias. Esto les gusta a muchos, ya que nos permite crear un final a nuestra manera, pero en lo personal me gustan los libros con algún tipo de final claro, un poco más contundente. Pero esto es un defecto menor, y una de sus marcas de fábrica. A él no le gustaba, aparentemente, matar la historia rematándola de modo definitivo, y ello no hará que deje de leer sus libros, pues todo lo demás es sencillamente formidable.
En este libro, Dick explora una posibilidad histórica alterna, en donde la segunda guerra mundial es ganada por Alemania y por Japón. Los Estados Unidos son divididos y se convierten en una colonia japonesa y África es prácticamente exterminada en genocidios masivos llevados a cabo por lo alemanes hasta no dejar una persona de color viva sobre la Tierra.
Este escenario es mostrado al lector a través de algunos personajes, como un judío llamado Frank Frink y su esposa, Juliana, un espía alemán que se hace pasar por italiano y otro que intenta parecer sueco. El tiempo en que se desarrollan las acciones es 1964, aunque para entonces los Alemanes ya hacen viajes espaciales a Marte y a la Luna, y son los únicos que tienen potencial nuclear. China y la Unión Soviética han sido reducidas a colonias rurales donde nada pasa y si sucede, no influye en el resto del mundo… y por supuesto la muerte de todos (o casi todos) los judíos ha sido completada, según los planes originales de Hitler, que en la novela se encuentra aún vivo en un asilo donde vive sus últimos años devastado por la sífilis.
Es una novela cruel, llena de pequeños tragos amargos, donde la maldad implícita del gobierno alemán se deja ver por todas partes, principalmente por la forma en que prácticamente se han apoderado del planeta y el estado se sumisión y de atraso en que se encuentran las otras naciones, especialmente los Estados Unidos, que al parecer sirve sólo como proveedor de antigüedades a los otros países, mano de obra barata y lugares para divertirse, pero atrasada brutalmente con respecto a los países que salieron victoriosos de la Guerra.
El título del libro viene de un hombre que ha escrito un libro prohibido en Alemania pero que ha sido un bestseller en los Estados Unidos y que se llama La Plaga de la Langosta. En él, explora hipotéticamente la posibilidad de que hayan sido los Estados Unidos e Inglaterra quienes ganasen la guerra, como realmente sucedió. Es como si el hombre tuviese una bola de cristal y que hubiera predicho con extraordinaria precisión la otra versión alternativa del mundo. Un método bastante curioso, pues no es difícil contar la verdad histórica partiendo de una mentira, pero a mí en lo personal me sorprendió la agudeza de Dick al plantear esta forma de contar una historia. Este autor es un hombre que, según se dice, vive en un alto castillo rodeado de guardias, tanques y todas las estrategias imaginables para proteger su vida, que piensa está seriamente amenazada por haber escrito un libro así. Y, en efecto, no se trata de un hombre muy querido por los alemanes, ya que repetidamente intentan asesinarlo, pero la suerte parece acompañarlo a todas partes.
Una de las cosas más curiosas del libro es que se usa enormemente el I Ching, el método chino de adivinación que consiste en un libro con 64 hexagramas y que, en teoría, responde cualquier pregunta que se le haga. Hace un tiempo leía este libro de vez en cuando (o lo consultaba, en realidad), y es tal la frecuencia con que lo menciona que los dos días que me llevó leer esta novela recordé el volumen y lo desenterré, usándolo de nuevo y advirtiendo lo maravilloso que es. No me refiero a que sea un método adivinatorio como tal, sino un vehículo excelente para la introspección. Bueno, pues al parecer el autor de La Plaga de la Langosta escribió el libro basándose en el I Ching punto por punto, pero conociendo a Dick y habiendo entendido la forma en que construyó esta novela, no me extrañaría que fuese la forma en que él escribió El Hombre en el Castillo. Simplemente, ante cualquier encrucijada de la trama, habrá usado el I Ching para resolver los problemas narrativos de la historia. No sería el primero ni el último, y me parece una forma muy divertida de trabajar.
No es un típico libro de ciencia ficción en el sentido estricto. La mejor comparación que tengo es la de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut y, por supuesto, la inmortal novela de Stephenson titulada Criptonomicón, que comparten no la temática, sino el estilo. Novelas que se basan en hechos reales pero que cuentan mentiras a propósito para hacernos dudar de la pertinencia o de la corrección del mundo que hemos creado y en el que vivimos.
Es una obra tremenda, pero conozco mucha gente a quien no le ha gustado. No lo entiendo, pues en lo personal me atrapó sin misericordia y disfruté cada frase, cada escena. Todo está en su lugar y no dudo ni por un momento que Dick haya pasado grandes trabajos para crear una obra de arte tan redonda, tan abismalmente grandiosa. Las personas a quienes no les gustó, me comentaron que la hallaron lenta y tediosa, llena de elementos irrelevantes, y los entiendo. Sé perfectamente a qué se refieren, con la diferencia de que a mí esos mismos pasajes me parecieron indispensables para la adecuada ambientación del libro.
Creo que la mejor manera de hacerse una idea respecto a esta obra es leerla sin prejuicios, con la mente abierta y, de preferencia, sin leer este enorme spoiler (aunque no he contado lo realmente importante, ¿eh?).
Feliz lectura.
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